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El mundo ha cambiado: ¿Se puede permitir Suiza seguir siendo neutral?
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El mundo ha cambiado: ¿Se puede permitir Suiza seguir siendo neutral?

Los aranceles de Trump obligan a la cuna de Davos a plantearse recurrir a EEUU o a estrechar lazos con la UE

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Las políticas arancelarias del presidente Trump han reordenado las cadenas de suministro mundiales, redibujado los mapas de las inversiones y puesto a prueba viejas alianzas. En Suiza, también han impulsado una incómoda auditoría de su papel en el mundo.

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Suiza ha prosperado durante siglos como intermediario honesto y potencia diplomática. La Guerra de Sucesión Española entre Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico terminó finalmente en 1714 con un tratado firmado en la pequeña ciudad de Baden. En 1872, un tribunal de arbitraje de Ginebra ordenó al Reino Unido pagar a EEUU una indemnización por haber proporcionado buques de guerra a la Confederación durante la Guerra de Secesión. Más tarde, desempeñó un papel en la fijación de los derechos de navegación en el mar Negro y en la resolución de conflictos desde Indochina hasta Argelia.

Pero muchos en el país alpino —al que EEUU castigó recientemente con una de las tasas arancelarias más altas del mundo— se preguntan ahora si su modelo secular de neutralidad y excepcionalismo sigue siendo adecuado en un mundo transaccional e impulsado por el poder. En este nuevo mundo, Suiza, sede de Davos y de organizaciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio y el Comité Internacional de la Cruz Roja, es un símbolo de un globalismo ahora pasado de moda en muchas capitales. El peligro, afirman funcionarios, ejecutivos y observadores suizos, es que este modelo de "ir por libre" podría ser ahora un lastre para una nación de tan solo nueve millones de habitantes.

Suiza ha prosperado durante siglos como intermediario honesto y potencia diplomática

En cambio, la larga historia de democracia y paz de Suiza podría dejarla con poco más que el metafórico reloj de cuco, parafraseando al personaje de Harry Lime de Orson Welles en El tercer hombre, y sin más influencia en la guerra comercial que Estados en desarrollo como Laos, Myanmar y Siria. Como resultado, crecen los llamamientos para forjar una relación más estrecha con la Unión Europea, que ha conseguido asegurarse un impuesto más favorable con la administración Trump. Algunas empresas suizas, mientras tanto, están elaborando planes para trasladar la producción a algunos de sus vecinos más grandes. "Suiza ya no puede navegar entre los distintos bloques como antes", afirma Jon Pult, legislador y vicepresidente del Partido Socialista de Suiza. "Eso se acabó, ya no vivimos en ese mundo".

Adrian Steiner, director ejecutivo del fabricante de cafeteras Thermoplan, que suministra a Starbucks y McDonald's, opina que el éxito de Suiza se debe a que "nuestro sistema funcionaba bastante bien en el mundo de las viejas reglas". "Pero ahora tenemos un nuevo tipo de política en la que todo esto ha desaparecido. Somos demasiado pequeños para jugar con los grandes. Ya no importa tanto si eres neutral o no". La imposición de un arancel del 39% la semana pasada —a pesar de meses de negociaciones— dejó atónita a Suiza, que cuenta con EEUU como su mayor mercado individual de exportación para sus mercancías, entre las que se incluyen relojes, chocolate, productos farmacéuticos y maquinaria. La portada del jueves del diario Blick aparecía completamente en negro con el 39% en una gran fuente blanca y la inscripción "Un día negro para nuestro país".

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La razón principal de la elevada tasa arancelaria es que Suiza tiene uno de los mayores déficits comerciales de bienes con EEUU, de 48.000 millones de dólares este año hasta junio. El déficit se ha disparado últimamente debido al aumento de las importaciones de productos farmacéuticos y oro que buscan llegar a EEUU antes de los aranceles previstos. Políticos y analistas han propuesto varias ideas para apaciguar a Trump: desde comprar más carne de vacuno estadounidense, gas natural licuado y cazas F-35 hasta trasladar la sede de la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial, de Zúrich a Miami. Pero tras el fracaso de una misión de última hora en Washington D. C. la semana pasada para detener los aranceles, la presidenta de Suiza, Karin Keller-Sutter, asegura que no se vislumbran soluciones a corto plazo. "No podemos decir cuánto durará esta situación", afirma Keller-Sutter, añadiendo que sus negociadores continuarán las conversaciones con EEUU. "En última instancia, sin embargo, está en manos del presidente estadounidense".

Esto supone un problema para las empresas suizas, que sostienen que no pueden competir cuando sus vecinas Alemania y Francia pagan el 15%. La asociación industrial Swissmem lo calificó de "escenario de horror" y dijo que los gravámenes podrían costar a Suiza decenas de miles de puestos de trabajo. La Interprofession du Gruyère, un organismo comercial que representa a 1.600 granjas lecheras que fabrican el queso homónimo, ha declarado que es de esperar que el negocio de EEUU —que se come hasta un tercio de las exportaciones suizas de Gruyère— colapse parcialmente. El fabricante de dispositivos médicos Ypsomed ha indicado que trasladaría parte de su producción estadounidense a su planta alemana y aceleraría sus planes de establecer una planta de producción en EEUU. Steiner afirma que Thermoplan también está valorando trasladar la producción porque "o nos enfrentamos a una pérdida de negocio o trasladamos el negocio".

Las empresas suizas sostienen que no pueden competir cuando sus vecinas Alemania y Francia pagan el 15% de aranceles

La crisis arancelaria no es la primera que erosiona la identidad suiza. Después de 2008, EEUU promulgó leyes que obligan a los bancos suizos a transferir información sobre los clientes estadounidenses al Servicio de Impuestos Internos, un mazazo a su secreto bancario que se remonta al siglo XVIII, cuando Ginebra convirtió en delito civil la divulgación de los datos bancarios de un aristócrata. Una serie de escándalos bancarios, incluida la quiebra del Credit Suisse en 2023, ha sacudido al país en los últimos años. La política de neutralidad de Suiza, de 200 años de antigüedad, también ha sido difícil de defender durante la guerra de Rusia contra Ucrania. Presionada por sus vecinos más grandes y por la administración Biden, Suiza se sumó a las sanciones de la UE contra Moscú. "Es un mito que la neutralidad te proteja de todas las amenazas a la seguridad, porque la neutralidad solo vale algo si los demás te aceptan como neutral", explica Stefanie Walter, profesora de relaciones internacionales y economía política en la Universidad de Zúrich.

Los aranceles de Trump llegan cuando los suizos ya están debatiendo si deben estrechar sus lazos con la UE. Suiza no es miembro de la UE —y pocos creen que llegue a serlo—, pero está profundamente integrada a través de una red de acuerdos bilaterales. Un paquete de acuerdos, que amplía el acceso de Suiza al mercado único de la UE, será sometido a referéndum posiblemente el año que viene. La campaña ya está agitada. Marcel Dettling, presidente del derechista Partido Popular Suizo, que se opone a estrechar los lazos con la UE, ha publicado hace poco un vídeo en el que declara que la elección es entre "la libertad y la servidumbre". En él, prende fuego a las páginas del acuerdo de la UE y utiliza una alabarda medieval para asar una salchicha sobre las llamas.

Los analistas, sin embargo, afirman que el drama arancelario podría impulsar la campaña pro-UE. "De repente ese acuerdo parece mucho mejor de lo que parecía hace solo dos semanas", señala Walter. Hans-Peter Portmann, legislador del Partido Liberal Radical Suizo, afirma que aunque Suiza no puede convertirse en miembro de la UE y sacrificar su modelo de democracia directa, tiene que realinear sus prioridades geopolíticas. "Un país pequeño como Suiza corre el riesgo de ser aplastado", afirma. "La disputa arancelaria con EEUU ha abierto los ojos a muchos suizos".

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo

Las políticas arancelarias del presidente Trump han reordenado las cadenas de suministro mundiales, redibujado los mapas de las inversiones y puesto a prueba viejas alianzas. En Suiza, también han impulsado una incómoda auditoría de su papel en el mundo.

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