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El riesgo oculto para la economía del auge de la IA
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¿y los beneficios?

El riesgo oculto para la economía del auge de la IA

La construcción de infraestructuras de inteligencia artificial está costando una fortuna, poniendo a prueba a las empresas y a los mercados de capitales

Foto: Inteligencia artificial. (The Wall Street Journal)
Inteligencia artificial. (The Wall Street Journal)
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En las dos últimas semanas, una gran empresa tecnológica tras otra ha anunciado unos beneficios extraordinarios en medio de una adopción generalizada de la inteligencia artificial. Si se mira un poco más de cerca, surge un aspecto un tanto más inquietante del auge de la IA. Todo el gasto en chips, centros de datos y otras infraestructuras de IA está vaciando de efectivo a las empresas estadounidenses.

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Esto subraya los riesgos ocultos del estallido de la IA. Nadie duda de su potencial para aumentar el crecimiento y la productividad a largo plazo, pero la financiación de ese auge está poniendo a prueba a las empresas y a los mercados de capitales.

El "boom" de la IA apuntala el crecimiento

Desde el primer trimestre de 2023, la inversión en equipos de procesamiento de la información ha crecido un 23%, después de la inflación, mientras que el producto interior bruto total solo ha crecido un 6%. En la primera mitad del año, la inversión en procesamiento de la información contribuyó con más de la mitad a la lenta tasa de crecimiento global del 1,2%. En efecto, el gasto en IA apuntaló la economía mientras el gasto de los consumidores se estancaba. Gran parte de esa inversión consiste en unidades de procesamiento gráfico, chips de memoria, servidores y equipos de red para entrenar y ejecutar los grandes modelos lingüísticos que constituyen el núcleo del auge. Y toda esa potencia informática necesita edificios, terrenos y generación de energía. Esto está transformando los modelos de negocio de las grandes tecnológicas.

Durante años, a los inversores les encantaban esas empresas porque eran "ligeras en activos". Obtenían sus beneficios de activos intangibles como la propiedad intelectual, el software y las plataformas digitales con 'efectos de red'. Los usuarios acudían en masa a Facebook, Google, el iPhone y Windows porque otros usuarios lo hacían. Añadir ingresos apenas requería más edificios y equipos, lo que las convertía en máquinas generadoras de efectivo. Esto puede verse en una métrica llamada flujo de caja libre, definida a grandes rasgos como el flujo de caja de las operaciones menos los gastos de capital. Excluye cosas como los cargos por deterioro no monetarios que pueden distorsionar los ingresos netos. Podría decirse que es la medida más pura del potencial generador de efectivo subyacente de una empresa. Amazon, por ejemplo, lo explica a los inversores de la siguiente manera: "Nuestro enfoque financiero se centra en el crecimiento sostenible a largo plazo del flujo de caja libre".

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De 2016 a 2023, el flujo de caja libre y los beneficios netos de Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft crecieron aproximadamente a la par. Sin embargo, desde 2023, ambos han divergido. Los ingresos netos combinados de las cuatro empresas han subido un 73%, hasta 91.000 millones de dólares, en el segundo trimestre respecto a dos años antes, mientras que el flujo de caja libre ha bajado un 30%, hasta 40.000 millones de dólares, según datos de FactSet. Apple, relativamente puntillosa a la hora de gastar capital, también ha visto cómo el flujo de caja libre se quedaba desfasado. A pesar de todo el evidente potencial económico de la IA, el rendimiento financiero sigue siendo una incógnita. OpenAI y Anthropic, los dos principales desarrolladores independientes de grandes modelos lingüísticos, a pesar de su rápido crecimiento, están perdiendo dinero. Gran parte de los últimos beneficios de las grandes empresas tecnológicas son reflejo de sus consolidadas franquicias: el gasto en publicidad para Meta y Alphabet, el iPhone para Apple. En cuanto a cuándo dará frutos su hardware de IA, aconsejan paciencia.

Meta, matriz de Facebook, ha registrado un aumento del 36% en los beneficios del segundo trimestre, pero una caída del 22% en el flujo de caja libre. Ha afirmado que los gastos de capital en 2025 serán aproximadamente el doble que los del año pasado, con un crecimiento "igualmente significativo" en 2026. Meta ha declarado que gran parte de su gasto de capital relacionado con la IA respalda los negocios principales, como los anuncios y los contenidos, y que ya está dando sus frutos. El resto se destina a la IA generativa, como su modelo Llama. "Estamos al principio del ciclo de vida" de estas últimas inversiones, declaró la directora financiera Susan Li a los analistas, y "no esperamos obtener ingresos significativos de ninguna de esas cosas a corto plazo". Amazon comenzó a reducir su construcción de centros de logística en 2022, lo que permitió que el flujo de caja libre pasara a ser positivo. Pero en el último año, ha aumentado la inversión en Amazon Web Services, que aloja datos y ejecuta modelos de inteligencia artificial para clientes externos, y el flujo de caja libre se ha reducido en dos tercios con respecto al año anterior.

Ecos de las puntocom

Por ahora, los inversores están valorando a las grandes tecnológicas como si su negocio de activos pesados fuera a ser tan rentable como sus modelos de activos ligeros. Hasta ahora, "no tenemos ninguna prueba de ello", afirma Jason Thomas, jefe de investigación de Carlyle Group. "La variable que la gente pasa por alto es el horizonte temporal. Todo este gasto de capital puede resultar productivo más allá de sus sueños más descabellados, pero más allá del horizonte temporal relevante para sus accionistas", añadió.

A finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, el incipiente auge de internet hizo que los inversores volcaran dinero en efectivo en empresas web incipientes y en operadores de telecomunicaciones de banda ancha. Tenían razón en que internet impulsaría un auge de la productividad, pero se equivocaron sobre la rentabilidad financiera. Muchas de esas empresas no pudieron ganar lo suficiente para cubrir sus gastos y quebraron. En la banda ancha, el exceso de capacidad provocó el desplome de los precios. La consiguiente caída del gasto de capital contribuyó a provocar una leve recesión en 2001. Una quiebra al estilo de las puntocom parece ahora muy improbable. Los grandes inversores en IA son empresas maduras y rentables, y la demanda de potencia informática supera a la oferta. Pero si sus hipótesis de ingresos y beneficios resultan demasiado optimistas, su ritmo actual de gasto de capital será difícil de mantener.

El efecto de los tipos de interés

Tras la crisis financiera mundial de 2007-09, las grandes tecnológicas fueron a la vez beneficiarias y causantes de los bajos tipos de interés. Entre esa crisis y la de COVID-19, estas empresas generaban entre cinco y ocho veces más efectivo de operaciones del que invertían, y ese efectivo sobrante se reciclaba de nuevo en el sistema financiero, estima Thomas, de Carlyle Group. Ayudó a mantener bajos los tipos de interés a largo plazo en medio de elevados déficits federales, al igual que la inflación por debajo del objetivo del 2% de la Reserva Federal y la compra de bonos por parte de esta. Los bajos tipos de interés, a su vez, hicieron que los inversores valoraran aún más los beneficios futuros de estas empresas.

Hoy, los déficits gubernamentales son aún mayores, la inflación está por encima del 2% y la Reserva Federal ha ido reduciendo sus tenencias de bonos. Mientras tanto, las empresas se enfrentan a grandes necesidades de inversión para explotar la IA y deslocalizar la producción para evitar los aranceles. Thomas estima que, desde 2020, su flujo de caja libre acumulado ha sido un 78% menor, en relación con el PIB, que en el periodo equivalente posterior a 2009. Todo esto sugiere que los tipos de interés deben ser sustancialmente más altos en los próximos años que en los años anteriores a la pandemia. Ese es otro riesgo para la economía y estas empresas que los inversores pueden no apreciar plenamente.

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo

En las dos últimas semanas, una gran empresa tecnológica tras otra ha anunciado unos beneficios extraordinarios en medio de una adopción generalizada de la inteligencia artificial. Si se mira un poco más de cerca, surge un aspecto un tanto más inquietante del auge de la IA. Todo el gasto en chips, centros de datos y otras infraestructuras de IA está vaciando de efectivo a las empresas estadounidenses.

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