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La reforma de la sede de la Fed se ha ido de madre y Trump puede usarlo para echar a Powell
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La reforma de la sede de la Fed se ha ido de madre y Trump puede usarlo para echar a Powell

El proyecto de varios años para renovar los edificios del banco central en Washington D.C. había pasado desapercibido hasta hace poco

Foto: Foto: Reuters/Leah Millis
Foto: Reuters/Leah Millis
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Pocas personas prestaron atención cuando un antiguo economista de la Reserva Federal publicó a principios de año un informe sobre el aumento desmesurado del coste de la reforma de la sede del banco central. Meses después, esa crítica presupuestaria, que pasó desapercibida, se ha convertido en el eje de la campaña de presión del presidente Trump contra el presidente de la Fed, Jerome Powell, y en un posible intento de destituirlo.

Trump quizá no tenga autoridad legal para cesar a Powell por no bajar los tipos de interés, pero sus asesores están utilizando el proyecto de 2.500 millones de dólares como un sustituto: un ejemplo tangible de despilfarro gubernamental que podría socavar la confianza pública que Powell necesita para desempeñar su cargo.

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Este miércoles, Trump dijo que era “altamente improbable” que destituyera a Powell, “a menos que tenga que irse por fraude”.

La Casa Blanca señala los sobrecostes y el uso de mármol en la construcción no porque tenga autoridad legal sobre los edificios o los presupuestos del banco central. Su objetivo es otro: minar la credibilidad de Powell, construir una base legal para forzar su salida o ambas cosas.

Causar daño político

Trump ya planteó la idea de cesar a Powell durante su primer mandato y de nuevo esta primavera, pero la abandonó en ambas ocasiones tras recibir advertencias de sus asesores sobre el posible revés legal y el impacto en los mercados financieros.

Eso ha llevado a un grupo de leales a Trump a intensificar los ataques poniendo el foco en el proyecto inmobiliario, que lleva años en marcha, como posible arma para humillar a Powell con la esperanza de que dimita o para intentar una destitución que los tribunales estén dispuestos a avalar.

La legislación que rige la Fed establece que sus dirigentes solo pueden ser destituidos “por causa justificada”, lo que se ha interpretado como negligencia o mala conducta. Varios expertos legales dudan de que la administración tenga base para un cese avalado por los tribunales, lo que sugiere que la estrategia real es causar un daño político suficiente para que Powell dimita o se muestre más receptivo a bajar los tipos.

La verdadera batalla se libra en la opinión pública, no en los tribunales. Una reciente resolución del Tribunal Supremo sugiere que el poder del presidente para cesar a ciertos comisionados federales no se extiende a la Fed. Una institución que depende de su credibilidad se ve ahora obligada a justificar sus decisiones de gasto y gestión de obras, asuntos con más resonancia pública que los complejos detalles de la política monetaria.

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Este martes, un alto asesor político de la Casa Blanca ridiculizó el proyecto compartiendo en redes sociales una imagen generada de Powell como María Antonieta. “Que coman puntos básicos”, escribió el asesor, James Blair. La semana pasada, otro cargo nombrado por Trump difundió un comunicado amplificando rumores sin fundamento en internet sobre la supuesta dimisión de Powell.

Tanto en público como en privado, Powell ha dejado claro que proteger la capacidad de la Fed para fijar los tipos de interés sin interferencias políticas es un objetivo clave para los diez meses que le quedan de mandato. Los bancos centrales que pierden su independencia tienen dificultades para mantener su credibilidad ante los mercados financieros y para controlar la inflación, lo que conduce a un aumento de los tipos de interés a largo plazo.

Dimitir o aceptar la destitución sin oponer resistencia supondría, para Powell, convertirse en cómplice del deterioro de una independencia que ha defendido de forma constante. Su postura no responde a una ambición personal, sino a su compromiso con la autoridad institucional que deben conservar los futuros presidentes de la Fed.

Algunos republicanos han advertido a la Casa Blanca contra la posibilidad de cesar a Powell. Este miércoles, en el Senado, Thom Tillis (republicano de Carolina del Norte) calificó esa idea de “gran error”.

Powell ha dejado claro que proteger la capacidad de la Fed para fijar los tipos de interés sin interferencias políticas es un objetivo clave

“Las consecuencias de destituir al presidente de la Fed… serán minar la credibilidad de Estados Unidos a futuro”, dijo. “Si eso ocurre, veremos una reacción inmediata que debemos evitar”.

Los aspectos prácticos de una eventual destitución serían complicados. La Fed controla sus propios edificios, su presupuesto y su seguridad, lo que significa que Powell podría seguir operando desde la sede hasta que un tribunal avale su cese o hasta que el Senado confirme al sustituto que proponga Trump, lo que podría dar lugar a un prolongado conflicto institucional.

La polémica por las obras recuerda a un episodio previo a las elecciones de 1972, cuando el presidente Richard Nixon intentó presionar a su entonces presidente de la Fed, Arthur Burns, para que no subiera los tipos difundiendo una noticia falsa sobre una supuesta petición de subida salarial por parte de Burns justo cuando este promovía controles nacionales de precios y salarios.

El Congreso creó la Reserva Federal en 1913 y esta operó desde el Departamento del Tesoro hasta que los legisladores autorizaron la construcción de su sede en la década de 1930. El Congreso otorgó a la Fed pleno control sobre su sede, que se completó en 1937 y fue bautizada con el nombre del entonces presidente del banco central, Marriner Eccles. En los años 70, la Fed añadió un segundo edificio de oficinas en una parcela adyacente, que fue nombrado en honor a otro expresidente de la institución, William McChesney Martin.

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La Fed, que se financia de forma autónoma, obtuvo una autorización explícita del Congreso en una ley de 2000 para ampliar su sede o reformar sus edificios. Comenzó a planear la renovación del edificio Martin, que incluyó nuevas salas de conferencias y culminó en una reforma integral en 2021. A continuación, puso el foco en una reforma similar del edificio Eccles y de un tercer inmueble vacío, situado al otro lado de la calle, que había adquirido años antes.

Según la Fed, el proyecto ha sufrido sobrecostes debido, entre otras cosas, a condiciones imprevistas en las obras, como una mayor presencia de amianto de la esperada, contaminación del suelo y un nivel freático más alto. Ya de por sí era un proyecto caro porque las autoridades locales exigieron cambios en el diseño para que fuera más compatible con el estilo original del edificio. Para compensar la pérdida de espacio, se añadieron metros cuadrados bajo tierra, lo que, según la Fed, elevó aún más el presupuesto.

Las grúas del proyecto llevan dos años formando parte del paisaje de Washington, y The Wall Street Journal ya señaló los sobrecostes en un artículo de 2023.

El tema salió a la luz con fuerza en una audiencia del Congreso el mes pasado, cuando Powell negó que ciertos acabados de lujo estuvieran elevando los costes. Esos elementos, explicó, ya se habían eliminado del proyecto.

Powell, una persona “aburrida y sin inteligencia”

La semana pasada, el director presupuestario de la Casa Blanca, Russ Vought, envió una carta a Powell con preguntas incisivas en las que insinuaba que el presidente de la Fed había mentido al Congreso o no había informado correctamente a la comisión de planificación local sobre los cambios en el diseño. Vought exigió una respuesta en un plazo de siete días laborables. Por las mismas fechas, Trump nombró a tres de sus asesores como miembros de esa comisión.

En una carta separada enviada esta semana a los líderes del Comité Bancario del Senado, Powell explicó que sus respuestas sobre los cambios en el diseño habían sido veraces. Añadió que la colaboración con la comisión de planificación era voluntaria y no implicaba supervisión financiera del proyecto.

Blair, uno de los asesores de Trump designado para la comisión de planificación, volvió a pedir públicamente una visita a las obras este miércoles en redes sociales, una señal de que la Casa Blanca pretende mantener el asunto en el centro del debate público.

Este martes, Trump se declaró sorprendido por el coste del proyecto, dado que considera a Powell una persona “aburrida y sin inteligencia”. “Me parece un soso total, pero lo que no me imaginaba es que fuera de esos que necesitan un palacio para vivir”, dijo a los periodistas.

Pocas personas prestaron atención cuando un antiguo economista de la Reserva Federal publicó a principios de año un informe sobre el aumento desmesurado del coste de la reforma de la sede del banco central. Meses después, esa crítica presupuestaria, que pasó desapercibida, se ha convertido en el eje de la campaña de presión del presidente Trump contra el presidente de la Fed, Jerome Powell, y en un posible intento de destituirlo.

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