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Wall Street vuelve a dar la voz de alarma por la deuda de EEUU, pero esta vez sí es diferente
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está vez podría ser de verdad

Wall Street vuelve a dar la voz de alarma por la deuda de EEUU, pero esta vez sí es diferente

"Se avecina una crisis en el mercado de bonos", advierte Jamie Dimon. Y no es el único que piensa lo mismo

Foto: Sede del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en Washington. (Getty/Chip Somodevilla)
Sede del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en Washington. (Getty/Chip Somodevilla)
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Dar la voz de alarma sobre una crisis de la deuda le ha venido muy bien a las empresas que venden monedas de oro y productos financieros sospechosos, pero ha dejado en ridículo a personas inteligentes y sinceras cuando al final no ha pasado nada, el equivalente en los mercados financieros al efecto 2000.

Foto: mercado-de-bonos-se-la-tiene-jurada-washington

Entonces, ¿por qué de repente hay tanta preocupación? Porque las cuentas son cada vez más desalentadoras, con unos intereses de la deuda que superan el billón de dólares al año y una actuación imprudente por parte de Washington. Incluso quienes ya han lanzado advertencias en el pasado merecen que se les escuche por segunda (o tercera, o cuarta) vez.

El gestor de fondos de cobertura Ray Dalio pretende vender muchos ejemplares de su libro How Countries Go Broke (Cómo se arruinan los países), que sale a la venta el martes. Pero la 172.ª persona más rica del mundo no está arriesgando su reputación por los derechos de autor, y sus argumentos son convincentes. Dalio ha declarado a Bloomberg que le da a Estados Unidos "tres años, más o menos", para evitar un "ataque al corazón" económico. Peter Orszag, director ejecutivo del banco de inversión Lazard y exdirector de presupuesto, escribió la semana pasada que "los que se lamentaban de la insostenibilidad del gasto deficitario y los niveles de deuda" durante su etapa en el Gobierno "pregonaban mucho que venía el lobo". Ahora él también está preocupado, porque el lobo "acecha mucho más cerca de nuestra puerta".

Las cuentas son desalentadoras, con intereses de la deuda superiores al billón de dólares al año y una actuación imprudente de Washington

El paquete de medidas fiscales y de gasto enviado al Senado, ahora denominado oficialmente "One Big Beautiful Bill Act", podría actuar como un cebo presupuestario para el lobo. Añadiría alrededor de 3 billones de dólares a los niveles de deuda durante la próxima década en comparación con las estimaciones actuales, y 5 billones si se convirtieran en permanentes ciertas medidas temporales, según el Comité para un Presupuesto Federal Responsable, de carácter no partidista. Para ponerlo en perspectiva, los intereses federales de este año fiscal ya superarán el presupuesto de defensa y el de Medicaid, el seguro de discapacidad y los cupones de alimentos combinados. Además, las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso suponen que el mercado de bonos no solo tolerará un aumento del gasto, sino que se relajará al respecto con rendimientos más bajos.

Consideremos que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se mantuviera en el nivel actual, en torno al 4,4 %, durante la próxima década. Entonces, el Comité para un Presupuesto Federal Responsable estima que se añadirían otros 1,8 billones de dólares en costes por intereses durante ese periodo. ¿Y si, en cambio, los rendimientos se dispararan en un círculo vicioso? El director ejecutivo de JPMorgan, Jamie Dimon, advirtió el viernes de las consecuencias: "Se avecina una crisis en el mercado de bonos". Sin embargo, el mercado de bonos no se está derrumbando propiamente dicho, aunque los rendimientos a 30 años hayan alcanzado hace poco su máximo desde la crisis. Entonces, ¿a quién vas a creer, a millones de inversores bastante tranquilos o a unos cuantos expertos adinerados?

Foto: comercio-contra-eeuu-acronimo-abusa

Otro gestor de fondos de cobertura, Paul Tudor Jones, califica esta paradoja de "kayfabe", un término procedente del mundo de la lucha libre profesional que se utiliza para describir la práctica de presentar eventos falsos como si fueran reales. Quienes saben que las cifras no son sostenibles se complacen en suspender su incredulidad mientras el espectáculo continúa. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, reiteró el pasado fin de semana que EEUU nunca incumplirá el pago de su deuda. Pero no tiene por qué hacerlo: una inflación rápida lograría lo mismo si la Reserva Federal tuviera que acudir al rescate mediante una medida denominada "dominio fiscal".

¿Cuál es el punto de inflexión para que el mercado de bonos pase de una leve ansiedad a un tipo de preocupación que se retroalimenta? El execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional Kenneth Rogoff, una autoridad en crisis de deuda, explicó en abril que "nunca se trata de una simple cuestión aritmética". "Casi todos los países incumplen sus pagos, ya sea mediante el impago total o una elevada inflación, mucho antes de que el cálculo de la deuda les obligue a hacerlo", afirmó. A pesar de la estimación de Dalio, es imposible saber cuándo se demostrará que los agoreros tenían razón. Consideremos la ley de Stein: "Si algo no puede durar para siempre, se detendrá". Al contrario de lo que dice la leyenda urbana, esa frase no la pronunció Ben Stein, que interpretaba al aburrido profesor de economía en la película Todo en un día, sino su padre, Herb, un economista real.

La vida pasa rápido.

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo

"¿EEUU a la quiebra?". La portada de la revista de noticias más influyente de Estados Unidos mostraba al Tío Sam con los bolsillos vueltos del revés... en marzo de 1972.

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