Por fin, los datos económicos están siendo mejores de lo esperado, pero subyace un enigma cuya resolución es de vital importancia para los inversores. Los datos "blandos" de las encuestas siguen debilitándose y solo estamos teniendo sorpresas positivas porque las expectativas se han desplomado. Mientras tanto, los datos duros sobre el gasto han sido buenos.
La buena noticia es que históricamente, no ha habido relación entre los datos blandos y el crecimiento económico futuro. La mala noticia es que esta vez sí podría haberla. La interpretación más pesimista de la brecha entre los datos blandos y los duros es que estos últimos están desactualizados. Según este punto de vista, reflejan los efectos del auge de las existencias, ya que las empresas se abastecieron antes de la entrada en vigor de los aranceles, mientras que los datos blandos reflejan el colapso de la confianza, ya que los directores ejecutivos, los consumidores y los inversores anticipan subidas de precios impulsadas por los aranceles y una menor demanda.
Suponiendo que los aranceles generales superen los retos legales —o se reintroduzcan en virtud de otras leyes—, la combinación del retraso en el gasto de capital y las expectativas de una mayor inflación podría empezar a reflejarse fácilmente en un debilitamiento del gasto y en la pérdida de puestos de trabajo, lo que perjudicaría a los datos duros.
La interpretación más pesimista de la brecha entre los datos blandos y los duros es que estos últimos están desactualizados
La teoría básica se refleja en otra forma de analizar los datos, los indicadores económicos adelantados y coincidentes de The Conference Board. El indicador adelantado se ha desplomado y está cerca de alertar de una recesión inminente, mientras que el indicador coincidente sugiere que el crecimiento sigue avanzando a pesar de todo. En pocas palabras: puede parecer que todo va bien, pero se avecina una tormenta. «Tonterías», claman los optimistas. «No te fijes en lo que dice la gente, fíjate en lo que hace».
Al igual que en el pasado, el pánico rara vez se convierte en una profecía autocumplida. Mientras la gente siga gastando —y las ventas minoristas se mantengan en niveles aceptables—, no hay motivo para preocuparse. Hemos sufrido un episodio del síndrome de trastorno por Trump, del que tan a menudo se acusa a los detractores del presidente, pero los datos blandos se recuperarán una vez que el presidente Trump pase de los aranceles a los recortes fiscales y la desregulación, que probablemente estimularán la economía. Los optimistas pueden descartar fácilmente los indicadores adelantados, que advertían de una recesión que nunca se produjo entre 2022 y 2024 y que volvieron a encenderse en rojo antes de las elecciones.
La incertidumbre sobre el impacto de la política gubernamental es enorme, pero yo me inclino por un término medio. En el lado positivo, es probable que los datos blandos no sean tan malos como parecen. Las encuestas a los consumidores son ahora tan partidistas que es difícil confiar en sus resultados. Los índices de los directores de compras no incluyen el comercio minorista, que se ha mantenido razonablemente fuerte gracias al impulso que el gasto de los consumidores aporta a la economía. Y, como señala Paul Hollingsworth, economista de BNP Paribas, desde las distorsiones provocadas por la pandemia, el ajuste estacional se ha comportado de forma extraña.
Incluso los datos blandos, por malos que sean, han comenzado recientemente a superar las expectativas, lo que demuestra lo negativos que se habían vuelto los pronósticos (la sorpresa no es que los datos blandos estén mejorando, sino que los economistas pensaban que serían aún peores). Es cierto que las empresas están retrasando grandes proyectos de inversión, según David Garfield, codirector ejecutivo de la consultora AlixPartners, lo que debería afectar al crecimiento. Sin embargo, afirma que están llevando a cabo muchos otros de menor envergadura destinados a mejorar la productividad o la flexibilidad de las cadenas de suministro, así como a implementar el aprendizaje automático.
Incluso los datos blandos, por malos que sean, han comenzado recientemente a superar las expectativas
Según las estimaciones preliminares de S&P Global Market Intelligence, esta comparación se redujo drásticamente en mayo, pero solo porque los inventarios aumentaron a su ritmo más rápido en los 18 años que lleva realizando la encuesta. Los nuevos pedidos crecieron al ritmo más alto desde febrero del año pasado. Sí, podría haber una pequeña desaceleración a medida que se agoten los inventarios, pero, sin duda, si se avecinara una recesión, los clientes reducirían sus pedidos en previsión de ello, ¿no?
Los aranceles deberían ralentizar el crecimiento, pero si se mantienen en sus niveles reducidos, no deberían acabar con él. Sigo preocupado por si Trump vuelve a subir los aranceles de repente, mientras que el "gran y bonito proyecto de ley" enviado al Senado incluye una cláusula que permite gravar fuertemente a los extranjeros, lo que aplastaría la inversión extranjera. No obstante, doy menos importancia a los datos blandos que los pesimistas y menos importancia a los datos duros que los optimistas. Probablemente, la economía de EEUU podrá salir adelante, siempre y cuando el Gobierno no se entrometa.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Por fin, los datos económicos están siendo mejores de lo esperado, pero subyace un enigma cuya resolución es de vital importancia para los inversores. Los datos "blandos" de las encuestas siguen debilitándose y solo estamos teniendo sorpresas positivas porque las expectativas se han desplomado. Mientras tanto, los datos duros sobre el gasto han sido buenos.