El controlador aéreo que evitó una colisión en pleno vuelo habla claro
Jonathan Stewart afirma que los controladores no han dejado de trabajar tras las recientes averías en los equipos de la FAA:"No quiero ser responsable de la muerte de 400 personas"
Jonathan Stewart llevaba cuatro horas supervisando los aviones que volaban cerca de Newark, Nueva Jersey, cuando vio en el radar dos aparatos que se acercaban a gran velocidad. Un avión de negocios que había despegado del aeropuerto de Morristown se dirigía hacia otra avioneta que había despegado del cercano aeropuerto de Teterboro, centro neurálgico de los vuelos corporativos. La posibilidad de una colisión en pleno vuelo podía producirse en cuestión de segundos, ya que los aviones volaban a la misma altitud.
El veterano controlador aéreo había estado anotando en un cuaderno los distintivos de llamada de los aviones y la información de vuelo, preocupado por la posibilidad de que fallaran las comunicaciones por radar y radio, como había ocurrido días antes. Tras percatarse del conflicto que se estaba desarrollando, ordenó a los pilotos que alejaran los aviones entre sí, cosa que hicieron.
Sin embargo, Stewart, de 45 años, quedó muy afectado. Horas después del incidente del 4 de mayo, envió un correo electrónico a los responsables de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), criticando su gestión. "Me tomo mi trabajo muy en serio, al igual que la seguridad de los pasajeros, y me enorgullezco de mi actuación", escribió. Durante años, la FAA ha luchado para dotar de todo el personal necesario a las instalaciones de tráfico aéreo y mantener en funcionamiento una tecnología fundamental. Frustrado por la actual situación laboral y por su propia experiencia cercana, Stewart se acogió a la baja por trauma relacionado con el estrés, una prestación disponible para los controladores. "No quiero ser responsable de la muerte de 400 personas", dijo en una entrevista.
Los controladores rara vez hablan públicamente con los medios de comunicación, especialmente sin la supervisión de los responsables de asuntos públicos. Stewart dijo que quería dejar las cosas claras sobre los controladores que, según él, habían sido demonizados en la cobertura informativa. Varios controladores con los que trabaja Stewart también han pedido la baja, algunos después de que fallos tecnológicos interrumpieran temporalmente sus radios, radares y sistemas de apoyo, incidentes que temían que pudieran tener resultados catastróficos. Las ausencias de los controladores y los problemas con los equipos han sacudido el funcionamiento del tráfico aéreo de la FAA. También han provocado retrasos en los vuelos y profundas perturbaciones en el aeropuerto internacional Newark Liberty y en otros lugares. Esta semana, una instalación de tráfico aéreo cerca de Denver perdió las comunicaciones durante 90 segundos, un incidente que la agencia está investigando.
Los controladores rara vez hablan públicamente con los medios de comunicación, especialmente sin la supervisión de sus responsables
La FAA afirma que está buscando soluciones a corto y largo plazo para los controladores que supervisan el espacio aéreo de Newark. Esas iniciativas incluyen la instalación de un sistema temporal de telecomunicaciones de respaldo, conexiones más fiables y un nuevo sistema de radar con base en Filadelfia. La agencia también asegura que está limitando los vuelos al aeropuerto y que cuenta con una buena cartera de programas de formación para aumentar la plantilla. Stewart no trabaja en la torre de un aeropuerto, sino que es supervisor en una instalación conocida como TRACON, o Control de Aproximación por Radar Terminal. Además de ocuparse del tráfico de los aeropuertos regionales más pequeños, el centro de Filadelfia supervisa los aviones que se aproximan a Newark. En una sala poco iluminada, alterna entre la supervisión de otros controladores y el seguimiento obsesivo de los puntos móviles que representan aviones en los visores de radar. "Es como un videojuego, pero se parece a jugar al ajedrez en 3-D a 400 kilómetros por hora", explica. "Somos los que guiamos a los pilotos a casa".
La mano de obra del control del tráfico aéreo está mayoritariamente sindicada, y los controladores como Stewart que trabajan en las concurridas instalaciones de la FAA están bien pagados. Stewart, que no pertenece al sindicato de controladores, señala que este año va camino de ganar más de 450.000 dólares, incluidas las horas extraordinarias. Los controladores altamente cualificados merecen ganar esa cantidad sin tener que hacer un horario agotador, comenta. "Estás sacrificando mucho", afirma Stewart. Hay semanas laborales de 60 horas, pero también "renuncias a noches, fines de semana, vacaciones, cumpleaños, a todo lo demás. Tu salud mental y tu salud física se ven muy afectadas".
Stewart asegura que los controladores no tienen la culpa de todos los retrasos e interrupciones recientes dentro y fuera de Newark. Los controladores no habían "abandonado el trabajo", como dijo el director ejecutivo de United Airlines, Scott Kirby, en una reciente carta a los clientes. El comentario fue "insultante en el mejor de los casos y francamente erróneo", según Stewart. Los incidentes de seguridad, señala, pueden no ser estresantes inicialmente. "Pero lo que ocurre con el trastorno por estrés postraumático es que se van acumulando todos esos incidentes que no acaban en tragedia". Un portavoz de United ha subrayado las declaraciones más recientes de Kirby en las que pedía mejores equipos y condiciones de trabajo para los controladores aéreos. Stewart, que ha puntualizado que no hablaba en nombre de la FAA, explica que los controladores que gestionan el espacio aéreo de Newark son una élite, pero necesitan más recursos para hacer eficazmente su trabajo.
Subidón de adrenalina
Stewart dedicó parte de la tarde del lunes a disparar sus pistolas en un campo de tiro cubierto de este suburbio de Filadelfia. En un salón con chimenea y sillones Chesterfield, se deleitó con puros y whisky escocés Johnnie Walker Blue Label. Acude allí para aliviar el estrés. Cargado de energía, seguro de sí mismo y a veces insolente, Stewart comenta que también pasa el tiempo libre en el gimnasio y montando en moto. Natural de Pensacola, Florida, se inició en el control del tráfico aéreo cuando estaba en las Fuerzas Aéreas de EEUU. Entonces sabía muy poco sobre este campo. El subidón de adrenalina le enganchó, así como lo mucho que está en juego en el trabajo. "Es jodidamente divertido, tío... Juegas a ser Dios porque no puedes fallar. No puedes cometer un error".
Stewart pasó cerca de una década en las Fuerzas Aéreas. Su experiencia en el servicio le permitió eludir la típica ruta civil de pasar por la academia de formación de controladores aéreos de la FAA en Oklahoma City. A lo largo de más de 25 años, Stewart ha trabajado en varias instalaciones civiles y militares de tráfico aéreo, incluidas las de Miami y Nueva York. Filadelfia se sumó a la lista después de que el año pasado la FAA trasladara la supervisión del espacio aéreo de Newark desde Long Island, N.Y. La medida de la agencia pretendía solucionar años de falta crónica de personal. La situación de la escasez de personal aún no ha mejorado. Además, una serie de apagones tecnológicos provocó que algunos controladores se tomaran bajas por trauma, lo que puso aún más en peligro los niveles de personal y dificultó la formación.
Punto de inflexión
Stewart considera que la falta de personal es uno de los mayores problemas del control aéreo. Las escasas filas de controladores limitan el número de aviones que se pueden gestionar con eficacia, comenta. Es partidario de que los controladores no pasen más de dos horas trabajando activamente en el tráfico. De lo contrario, es fácil perder la concentración y cansarse. "Como en cualquier otra cosa, vas a tener un límite". En el caso de Stewart a principios de este mes, trabajó más de tres horas sin descanso, según un informe interno de seguridad consultado por The Wall Street Journal. "La situación es, ha sido y sigue siendo insegura", escribió Stewart en el informe. También declaró: "La cantidad de estrés a la que estamos sometidos es insuperable".
La FAA, que está revisando el informe de seguridad, ha afirmado que trata todos los informes de este tipo con seriedad y que toma las medidas necesarias. Stewart asegura haber hablado con altos funcionarios de la FAA antes de la entrevista con el Journal. Señala que la agencia parece estar tomando medidas para aliviar los problemas de personal y de otro tipo a los que se enfrentan los controladores que supervisan el espacio aéreo de Newark. "Por primera vez, que yo sepa, están invirtiendo dinero en el problema". El secretario de Transporte, Sean Duffy, ha anunciado un esfuerzo para revisar ampliamente el sistema de tráfico aéreo del país y ha pedido al Congreso miles de millones de dólares para hacerlo realidad. Duffy ha dicho que se daría prioridad a las instalaciones de Filadelfia.
Las escasas filas de controladores limitan el número de aviones que se pueden gestionar con eficacia
El lunes, Duffy declaró que un parche en el software del pasado fin de semana evitó una avería en el radar. Un espacio aéreo congestionado y una tecnología propensa a los fallos no son los únicos retos a los que se enfrentan los controladores del área de Newark. Ayudar a los aviones a navegar a través de los vientos de las Montañas de Adirondack hacia el norte y alrededor del río Hudson plantea retos únicos. Pasar de las aulas a trabajar en el tráfico en directo allí puede llevar unos cuantos años, "y eso suponiendo que puedas hacerlo".
El tiempo que Stewart pueda pasar fuera del trabajo podría ser limitado. Su baja le da derecho a un máximo de 45 días de sueldo normal. El regreso a sus funciones de controlador dependerá de una evaluación médica. Cuando se le preguntó qué más le gustaría decir públicamente, Stewart respondió: "Me gustaría añadir que estoy cansado y que quiero echarme una siesta".
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Jonathan Stewart llevaba cuatro horas supervisando los aviones que volaban cerca de Newark, Nueva Jersey, cuando vio en el radar dos aparatos que se acercaban a gran velocidad. Un avión de negocios que había despegado del aeropuerto de Morristown se dirigía hacia otra avioneta que había despegado del cercano aeropuerto de Teterboro, centro neurálgico de los vuelos corporativos. La posibilidad de una colisión en pleno vuelo podía producirse en cuestión de segundos, ya que los aviones volaban a la misma altitud.