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El desastre financiero del Vaticano que el papa Francisco no pudo arreglar
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un gran problema a resolver

El desastre financiero del Vaticano que el papa Francisco no pudo arreglar

El próximo papa heredará un déficit desorbitado y una cultura de malas prácticas financieras que Francisco intentó y no consiguió solucionar ni siquiera en sus últimas semanas

Foto: El papa Francisco en la Basílica de San Pedro. (Getty/Franco Origlia)
El papa Francisco en la Basílica de San Pedro. (Getty/Franco Origlia)
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Al debilitado pontífice le faltaba el aliento, sentado bajo un preciado cuadro de María, Desatadora de Nudos, mientras elaboraba un último plan para desenmarañar las finanzas de una de las burocracias más opacas del mundo.

Durante más de una década, Francisco ha luchado por aportar algo de transparencia al sombrío balance del Vaticano. Las últimas semanas de su vida, los asesores entraban y salían de su austera sala de recepción para presentar los detalles de un microestado inundado de tesoros de valor incalculable pero que se hundía cada vez más en la deuda. El déficit presupuestario se había triplicado desde que el argentino asumió el cargo, y el fondo de pensiones se enfrentaba a un pasivo de hasta 2.000 millones de euros que no podría financiar.

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El primer Papa jesuita exhortaba al clero a vivir con austeridad, pero recortar gastos por sí solo no aliviaría la crisis financiera a la que se enfrentaba la sede de la Iglesia. El Vaticano dependía cada vez más de la venta de entradas a los museos para financiar su administración pública, su red mundial de embajadas y la Guardia Suiza Papal, un pequeño ejército pagado con pensiones en francos suizos. La ciudad-estado atiende a siete millones de visitantes al año y a un rebaño mundial, sin recaudar impuestos. Tras más de un mes de discusiones, Francisco se decantó por una solución: pedir más dinero a los fieles.

El 11 de febrero, firmó un quirografo, o decreto papal, para impulsar las donaciones. Tres días después, fue hospitalizado con una neumonía doble. El 21 de abril, murió, dejando a su sucesor, que pronto será elegido, con un rompecabezas económico similar al que el propio Francisco había heredado. "Los que vivimos y trabajamos aquí somos obviamente muy conscientes", afirma Michael Czerny, un cardenal que supervisó la labor humanitaria del Vaticano bajo el mandato de Francisco. Los cardenales reunidos para elegir papa recibieron lo que describió como un "informe exhaustivo" sobre las finanzas del Vaticano: "estoy preocupado por los efectos sobre nuestra misión, nuestro personal, nuestros programas".

Tras más de un mes de discusiones, Francisco se decantó por pedir más dinero a los fieles

Hace doce años, Francisco fue designado nuevo obispo de Roma, un pontífice elegido con el encargo de arreglar las finanzas del Vaticano. Sin embargo, el primer papa del Nuevo Mundo no estaba preparado para el grado de oposición existente en la Curia, como se conoce a la burocracia vaticana, según afirman sus asesores más cercanos y sus aliados. Contrató a un auditor profesional para modernizar las finanzas, lo que llevó al clero a trasladar los fondos vaticanos a una cuenta a nombre de un cardenal y a acumular dinero en efectivo en una bolsa de la compra. Al auditor le desconcertó que las monjas llevaran los libros de contabilidad con lápiz y papel. En un momento dado, unos intrusos irrumpieron en su despacho y manipularon su ordenador. Finalmente, el Cuerpo de Gendarmería de la Ciudad del Vaticano —su servicio de policía— acabó interviniendo.

Contables profesionales, alentados por Francisco, organizaron talleres de formación para clérigos que se resistían a las normas, como la necesidad de obtener varias firmas para los gastos. Los prelados trataron de ocultar fondos al escrutinio, alegando preocupaciones de seguridad nacional para los libros de contabilidad secretos de la financiación de misioneros en países donde el proselitismo es un delito. Otros departamentos se encogieron de hombros ante el reto contemporáneo de equilibrar el presupuesto de un Estado papal cuyos orígenes se remontan a más de un milenio. El propio Papa desvió la atención hacia otros temas. Mientras tanto, el fondo de pensiones seguía quedándose atrás. Los escándalos sobre una inversión inmobiliaria de 400 millones de dólares acabaron con un cardenal condenado por malversación y fraude en 2023. Los problemas recaerán ahora en el sucesor de Francisco, que será elegido por cardenales de 70 países y territorios diferentes en la Capilla Sixtina a partir del 7 de mayo. Los cardenales de EEUU y Alemania —los países con las mayores bases de donantes— han hecho largas presentaciones ante sus hermanos sobre el frágil estado de las finanzas vaticanas y los esfuerzos para repararlas. Otros consideran las tensiones financieras como preocupaciones terrenales secundarias respecto a la misión principal de la Iglesia de salvar almas.

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Para comprender la combinación de gasto deficitario y mala gestión que está llevando al Vaticano a una deuda insostenible, los reporteros del Wall Street Journal se reunieron con funcionarios del banco, del fondo de pensiones y de las instituciones reguladoras del Vaticano, así como con cardenales que asisten al cónclave de esta semana. Varios se reunieron en secreto, en lugares concertados a través de Signal, aludiendo a una atmósfera de sospecha a medida que el balance del Vaticano se deteriora y se reparten las culpas. Un alto funcionario de las finanzas vaticanas se ha negado a hablar en detalle hasta que se le haya asegurado que los reporteros del Journal no le estaban grabando de forma encubierta, señalando un incidente en el que un cardenal, que se enfrentaba a un juicio por malversación de fondos, grabó de forma encubierta al propio Papa.

La primera preocupación, dicen, es la cultura de la mala praxis financiera que Francisco fue incapaz de vencer antes de su muerte. Poco antes de la muerte del papa, uno de los bancos que gestionaba activos para el Instituto para las Obras de Religión, o IOR, como también se conoce al Banco Vaticano, rompió sus lazos, un signo de la menguante confianza en las prácticas contra el blanqueo de dinero de la Curia. La preocupación más grave es la implacable matemática de dirigir un país de tremenda riqueza y escaso efectivo. Las paredes de los museos vaticanos están forradas con las obras maestras de Miguel Ángel, Caravaggio y Leonardo. Bajo los techos abovedados y pintados al fresco de la Biblioteca Vaticana se guardan más de un millón de libros antiguos y raros, entre ellos algunos de los primeros manuscritos en lengua griega que se conservan del Antiguo y del Nuevo Testamento. Sin embargo, el Vaticano no tiene intención de vender nunca su patrimonio. Enumera en sus libros muchas obras de arte de valor incalculable, incluida la Capilla Sixtina, con un valor nominal de un euro cada una, como forma de indicar que aprecia su significado religioso y artístico por encima de su valor financiero. Y a pesar de ello, su mantenimiento y seguro resultan muy costosos.

La primera preocupación es la cultura de la mala praxis financiera que Francisco fue incapaz de vencer antes de su muerte

El resultado constituye una paradoja. Un minúsculo país de riquezas insondables ha sido incapaz de mantener las funciones básicas de un Estado sin incurrir en un peligroso déficit. El país, per cápita, tiene uno de los porcentajes más altos de residentes que trabajan en finanzas. No obstante, su presupuesto está controlado en última instancia por clérigos más versados en la misión espiritual de la iglesia que en los entresijos de la gestión de un gobierno, un banco o un departamento de tesorería. Cuenta con una plantilla de clérigos solteros que la mayoría de los gestores de fondos de pensiones soñarían con tener a su servicio: no hay cónyuges ni dependientes a los que pagar como beneficiarios.

Pese a todo, su fondo de pensiones será incapaz de hacer frente a sus obligaciones "a medio plazo", advirtió Francisco en una carta el pasado noviembre. "Existe una máxima preocupación sobre el tema", señala Ed Condon, editor de The Pillar, el sitio web de noticias católicas, sobre las finanzas de la Iglesia, en particular el fondo de pensiones. "Van a tener que tomarse algunas decisiones muy, muy desagradables". Por su parte, un portavoz del Vaticano no ha querido responder a una solicitud de opinión.

La raíz de todos los males

Pagar las facturas no siempre fue tan difícil para el Papa. Las cruzadas, la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro se financiaron en parte con la venta de indulgencias, un invento del siglo VI que permitía a los fieles comprar el perdón de sus pecados, aunque la práctica se consideró tan corrupta que ayudó a desencadenar la Reforma. Hasta mediados del siglo XIX, los Estados Pontificios gravaron con impuestos las ricas tierras de cultivo de lo que hoy es el centro y el norte de Italia, proporcionando un flujo de ingresos constante. Eso terminó en 1870, cuando los ejércitos de la nueva Italia unida arrebataron Roma a Pío IX. Eso dejó una finca de 44 hectáreas en medio de la antigua capital para lo que se convertiría en la Ciudad del Vaticano. Con una población formada principalmente por sacerdotes, monjas y trabajadores eclesiásticos, no tenía mucha base fiscal. Pero el Vaticano acabó dándose cuenta de que podía aprovechar su estatus de exención fiscal para convertirse en un centro financiero, y su banco recién creado adquirió con el tiempo importantes participaciones en empresas italianas y europeas.

El Vaticano desarrolló una reputación de prácticas financieras turbias, y el Banco Vaticano estuvo plagado de escándalos, incluyendo acusaciones de contrabando y blanqueo de dinero, durante décadas. A principios de la década de 1980, el banco se vio envuelto en el colapso del prestamista italiano Banco Ambrosiano, cuyo presidente, Roberto Calvi, fue encontrado muerto con ladrillos en los bolsillos, colgado bajo el puente Blackfriars de Londres. El Banco Vaticano acordó pagar casi 250 millones de dólares para saldar las reclamaciones de los acreedores del banco italiano. No obstante, la cuestión de cómo financiar una ciudad-estado teocrática libre de impuestos persistía.

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Cuando el Papa Benedicto XVI fue elegido en 2005, los continuos escándalos se estaban convirtiendo en una crisis financiera. Para entonces, una de las fuentes de ingresos más lucrativas del Vaticano era una gasolinera de dos surtidores situada a unos 50 metros al sur de San Pedro, que servía a los coches que hacían cola para llenar sus depósitos con gasolina que costaba hasta un 30% menos que en Italia. El pontífice alemán creó una unidad para combatir el blanqueo de dinero y pidió a Moneyval, el organismo de vigilancia de delitos financieros de la Unión Europea, que investigara las cuentas. Por primera vez, el Banco Vaticano empezó a publicar informes anuales. Sin embargo, en julio de 2012, Moneyval afirmó que el Vaticano seguía suspendiendo en casi la mitad de las 16 áreas clave de las normas financieras y pidió al Vaticano que reforzara las medidas para prevenir el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo.

En enero de 2013, el banco central italiano perdió la paciencia y bloqueó todos los pagos electrónicos a la Ciudad del Vaticano, dejando a los turistas sin poder sacar dinero de los cajeros automáticos o utilizar sus tarjetas bancarias. Los sacerdotes se encontraron con graves problemas para ejecutar los pagos. Al cabo de un mes, Benedicto anunció que dimitiría, el primer Papa que lo hacía desde Gregorio XII en 1415.

Un paso adelante

Francisco fue elegido en 2013 con el cometido de atajar la podredumbre financiera, y en pocas semanas ya había convocado a un grupo de cardenales de todo el mundo para que le asesoraran. Moneyval advirtió de que el Banco Vaticano entraría en la lista negra si no endurecía las normas contra el blanqueo de dinero. Un informe interno indicó al nuevo Papa que el fondo de pensiones estaba en apuros. Alrededor de un tercio del mismo estaba invertido imprudentemente en bienes inmuebles, los empleados tenían que contribuir más a su propia jubilación, y todo el fondo se enfrentaba a un pasivo de hasta 1500 millones de euros que no podría pagar, una cifra que seguiría aumentando sin una reforma significativa.

Francisco, que había sido testigo del coste de la mala gestión financiera en su país natal, Argentina, estableció un nuevo secretariado para la economía para dirigir las finanzas del Vaticano. El grupo, formado por prelados y expertos financieros externos, fue dirigido por el cardenal australiano George Pell. Jean-Baptiste de Franssu, antiguo director ejecutivo de Invesco Europe, fue designado para dirigir el Banco Vaticano, que cerró miles de cuentas, purgando a los clientes sospechosos de utilizar el Vaticano para evadir impuestos. Cuando el departamento de Pell empezó a hacer un seguimiento de los presupuestos en toda la Curia, provocó el enfado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina vaticana que hace cumplir las enseñanzas de la Iglesia y que históricamente se conoce como La Inquisición. A esos funcionarios les preocupaba que el nuevo departamento de Pell se hiciera con el control de los fondos que utilizaban para gastos discrecionales.

Francisco fue elegido en 2013 con el cometido de atajar la podredumbre financiera

El cardenal Gerhard Ludwig Muller, que entonces dirigía la oficina doctrinal, cuenta que el tesorero del departamento regresó un día alarmado de una reunión informativa con el equipo de Pell y aconsejó a la congregación "ahorrar nuestro dinero" retirando fondos de una de las cuentas del Banco Vaticano de la congregación y guardando el efectivo en una bolsa. El tesorero también transfirió fondos a una cuenta bancaria diferente en nombre de Muller —otro intento de ocultar la financiación a Pell—, según el propio Muller. El tesorero era un prelado italiano que apenas podía comunicarse en inglés con el equipo de Pell y estaba "absolutamente confundido", señala Muller. Poco después, en la primavera de 2015, el Vaticano contrató a Libero Milone, un antiguo ejecutivo de Deloitte que había trabajado en la empresa de contabilidad durante más de 30 años, para que se convirtiera en el auditor interno del Vaticano. Pell le pidió que examinara las cuentas de la oficina doctrinal, que se retrasaba en la entrega de su presupuesto.

Milone interrogó al tesorero y finalmente descubrió que faltaban más de 500.000 dólares de la cuenta del Banco Vaticano de la oficina doctrinal, que se encontraron más tarde en una bolsa de la compra y en la cuenta a nombre de Muller. "Intentábamos descubrir cómo suceden las cosas en el Vaticano", comenta Milone. Milone informó de sus hallazgos al organismo de control financiero del Vaticano, así como a la fiscalía, pero ninguno de los dos tomó medidas. A principios de octubre de 2015, llevó el asunto al propio papa Francisco. En lugar de emprender acciones legales, Francisco quería que el auditor simplemente solucionara el problema. "Tiene que devolver el dinero", le dijo Francisco al auditor. "Esa no es mi responsabilidad", replicó Milone.

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Francisco insistió en que Milone informara de sus hallazgos al cardenal Muller, añadiendo: "Estoy seguro de que devolverá el dinero". Milone afirma que se reunió con Muller y que el dinero fue devuelto a la cuenta de la congregación. Muller asegura que el manejo de los fondos era "un poco extraño o no muy moderno", pero que mantener el acceso a los fondos era vital para mantener las operaciones de la congregación, ya se tratara de acoger a una comisión internacional de teólogos o de comprar material de oficina. Conseguir fondos del tesoro del Vaticano —conocido como Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, o APSA— podía llevar un año, señala.

Pronto, el propio Milone se vio inmerso en una lucha de poder con la APSA, que funciona como Banco Central del Vaticano y liquida las transacciones vaticanas. Después de que el auditor cuestionara las prácticas contables de la administración, ésta comenzó a escudriñar los informes de gastos del propio Milone, preguntando por qué él y su equipo compraban artículos tan insignificantes como café fuera de las fronteras de la Ciudad del Vaticano. Milone alegó ante la APSA que el café de Roma era más barato y más sabroso que el que se podía adquirir en el Vaticano. Mientras esa pelea se prolongaba, los esfuerzos por reformar el plan de pensiones se estancaron.

Allanamiento

En septiembre de 2015, Milone descubrió que habían entrado a robar en su despacho. Llegó un lunes y se encontró con que la parte inferior de su ordenador estaba desatornillada y faltaba un muelle. Francisco, en lugar de presionar para que se realizara una investigación, propuso instalar cámaras de seguridad en el exterior de la oficina. "¿Todavía se siente independiente?" preguntó Francisco a Milone. En marzo de 2016, Milone comenzó a presionar al arzobispo Giovanni Angelo Becciu y a otros funcionarios de la poderosa Secretaría de Estado del Vaticano para obtener documentación sobre los 750 millones de euros en inversiones del departamento, la mitad de ellos en bienes inmuebles. El departamento de Becciu, por su parte, se negó a proporcionar la documentación.

En junio de 2017, Becciu convocó a Milone a su despacho para entregarle un mensaje. "El papa ya no tiene fe en usted", le dijo Becciu. Milone pidió ver al papa, pero el arzobispo se negó. En su lugar, Becciu telefoneó a los gendarmes vaticanos que detuvieron a Milone durante 12 horas bajo la sospecha de que había contratado a investigadores privados para espiar a los empleados del Vaticano. Milone negó la acusación, diciendo que había contratado a consultores externos para investigar la manipulación de su ordenador y para buscar micrófonos en su despacho, que estaba fuera de los muros vaticanos. Tras el interrogatorio, Milone telefoneó a su secretaria para dictarle su carta de dimisión, dijo, solo para enterarse de que los gendarmes ya tenían un borrador de la misma en sus archivos.

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Los abogados de Becciu afirmaron que el cardenal "no bloqueó en modo alguno las actividades del auditor", añadiendo que cumplía órdenes. Al reunirse con Milone, Becciu estaba "comunicando una decisión del Santo Padre", señalaron los abogados, agregando que la participación de los gendarmes no fue decisión de Becciu. Al año siguiente, Francisco elevó a Becciu al rango de cardenal y le nombró jefe de la oficina vaticana que supervisa la canonización de los santos. El cardenal italiano era una estrella en ascenso, e incluso se le mencionaba como posible futuro Papa. Dos años más tarde, salió de una reunión de 20 minutos con el papa con un estatus muy diferente: el de un criminal acusado. Los magistrados vaticanos alegaron que Becciu había malversado más de 100.000 dólares a través de un grupo sin ánimo de lucro dirigido por su hermano. Los magistrados también denunciaron que Becciu fue descuidado en la supervisión de lo que llegó a ser una inversión de 400 millones de dólares en un edificio del elitista barrio londinense de Chelsea. Becciu negó los cargos y Francisco le dijo que renunciara a su puesto en el Vaticano.

Becciu y otras nueve personas se enfrentaban a cargos que también se referían al supuesto uso indebido de dinero destinado a liberar a una monja secuestrada. Días antes de que comenzara el juicio, en 2021, Becciu llamó a Francisco, puso al papa en altavoz y le grabó en secreto mientras pedía al pontífice que confirmara haber autorizado un complejo acuerdo financiero en el que el rescate de la monja se pagó a través de un autodenominado consultor de seguridad. La consultora fue condenada posteriormente por malversación de fondos después de que el tribunal dictaminara que había gastado los pagos de Becciu en vacaciones de lujo y artículos de diseño. El Vaticano vendió el edificio de Londres por unos 225 millones de dólares en 2022, una gran pérdida. Becciu fue declarado culpable de fraude y malversación en 2023, una condena que ha recurrido.

Los magistrados vaticanos alegaron que Becciu había malversado más de 100.000 dólares a través de un grupo dirigido por su hermano

La lucha entre Francisco y la Curia por las finanzas se acentuó. El Papa recortó tres veces los salarios de los 250 cardenales de la Iglesia. A principios de 2023, el Papa Francisco declaró que dejaría de proporcionar alojamiento con descuento en el Vaticano a los altos funcionarios. Esas medidas expresaban la visión de Francisco para el clero: vivir modestamente, con humildad. El déficit siguió aumentando. El pasado mes de septiembre, Francisco publicó una carta en la que exigía al Vaticano que estableciera un calendario riguroso para alcanzar un régimen de "déficit cero". Unas semanas después, firmó otra carta en la que advertía de que el actual sistema de pensiones sufría "un grave desequilibrio prospectivo" y predecía que el Vaticano tendría que tomar "decisiones difíciles". Murió antes de que pudiera tomarse ninguna decisión sustancial.

Mientras los cardenales se reunían en Roma, Becciu exigió ser admitido en el cónclave, argumentando que el Papa nunca le había despojado de su título de cardenal. Cedió después de que el cardenal Pietro Parolin, antiguo superior de Becciu y favorito para sustituir a Francisco, revelara la existencia de dos cartas que, según él, fueron escritas por el difunto pontífice, lo que impedía a Becciu participar en la votación sagrada. Algunos cardenales han criticado esta semana el énfasis que algunos han puesto en las dificultades financieras del Vaticano. "Jesús envió a los Apóstoles y después a los obispos al mundo para predicar el Evangelio de la salvación, de la redención, de la esperanza a todo el mundo. Esta sigue siendo la cuestión principal para la Iglesia", afirma Muller. "Las otras cuestiones —el estado financiero del Vaticano— no son tan importantes para la esencia".

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo

Al debilitado pontífice le faltaba el aliento, sentado bajo un preciado cuadro de María, Desatadora de Nudos, mientras elaboraba un último plan para desenmarañar las finanzas de una de las burocracias más opacas del mundo.

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