Los fondos activistas: pesadilla de los CEOs, oportunidades
Cualquier repunte en el precio de un valor impulsado por un inversor activista se evapora en el plazo de un año, e incluso las primeras ganancias no son tan sólidas como antes
La inversión activista —en la que un inversor compra una gran cantidad de acciones de una empresa y luego la presiona para que haga cambios en su consejo de administración o en sus operaciones— es una propuesta de alto riesgo y potencialmente de gran rentabilidad. Para inversores multimillonarios como Carl Icahn, Bill Ackman y Dan Loeb, ha sido especialmente lucrativa a lo largo de los años, a pesar de algunos fracasos de alto perfil. Pero, ¿debería ser una estrategia que siguiera el inversor medio? En pocas palabras: aunque seguir una campaña activista puede añadir un impulso temporal al valor de una cartera, las ganancias se disipan en los 12 meses siguientes a la campaña.
Para llevar a cabo nuestra investigación, mis ayudantes (Richard Tamirisa y Luigi Bilibio) recopilaron todas las campañas activistas contra empresas estadounidenses de los últimos 10 años. Para ser incluido en la muestra, el activista debe haber cumplimentado un anexo 13D (que señala la intención de algún tipo de campaña activista) o haber adquirido una participación superior al 1 % y haber divulgado públicamente una campaña activista contra la empresa. Con este conjunto de datos, examinamos a continuación los rendimientos de una empresa en el día anterior, el día del anuncio y el día posterior, así como los rendimientos de un año. Para todos los rendimientos, nos fijamos en los rendimientos en exceso, a los que restamos los rendimientos del S&P 500 para normalizar los rendimientos para todas las condiciones de mercado.
Rendimientos decrecientes
El primer hallazgo interesante es que invertir pronto cuando se anuncia una campaña solía ser más rentable que hoy en día. Por ejemplo, la mediana del exceso de rentabilidad durante la ventana de tres días que rodea el anuncio de una campaña activista fue de 0,21 puntos porcentuales de 2015 a 2019. Esa mediana de exceso de rentabilidad ha caído a -0,06 puntos porcentuales de 2020 a 2025. Observamos una historia similar con los rendimientos promedio, donde el exceso de rendimiento promedio fue de 0,46 puntos porcentuales de 2015 a 2019, pero ha caído a 0,34 puntos porcentuales de 2020 a 2025.
Cuando observamos los rendimientos a un año, también encontramos algunos resultados interesantes: a saber, la mayor parte de los rendimientos que un inversor puede extraer siguiendo una campaña activista se producen en los dos o tres primeros meses. La mediana de los picos de exceso de rentabilidad de una campaña activista se produce dos meses después del anuncio, en torno a los 2 puntos porcentuales. Después del segundo mes, el exceso de rentabilidad se disipa y pasa a ser negativo en el quinto mes. Cuando nos fijamos en los excesos de rentabilidad promedio, observamos una dinámica similar pero amplificada. El exceso de rendimiento promedio acumulado tras una campaña se estabiliza entre el segundo y el sexto mes en torno a los 5,3 puntos porcentuales, pero luego cae en picado hacia el mes 12.
Resultados sesgados
Estas diferencias entre los rendimientos promedio y la mediana de rendimientos ponen de manifiesto que son unas pocas campañas activistas las que impulsan la mayor parte de los excesos de rendimiento. Profundizando en los datos, vemos que son las campañas activistas que desembocan en la venta de una empresa las que provocan gran parte del exceso de rentabilidad, como ocurrió cuando una campaña activista de Jana Partners, de Barry Rosenstein, forzó la venta de Vonage Holdings a Ericsson con una ganancia de más del 50 % para el activista.
Además, los inversores deben saber que esta estrategia de seguir una campaña activista conlleva sus riesgos. Si una campaña activista fracasa —por ejemplo, si no se consigue la venta de una empresa—, los beneficios pueden evaporarse rápidamente o volverse negativos. En resumen, si lo que buscas es exprimir los rendimientos de tu cartera siguiendo una campaña de inversores activistas, es posible que puedas lograr algún exceso de rentabilidad durante los primeros meses después de comprar en una campaña. Más allá de ese breve periodo, estarás sujeto a un importante riesgo a la baja si la campaña activista fracasa.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
La inversión activista —en la que un inversor compra una gran cantidad de acciones de una empresa y luego la presiona para que haga cambios en su consejo de administración o en sus operaciones— es una propuesta de alto riesgo y potencialmente de gran rentabilidad. Para inversores multimillonarios como Carl Icahn, Bill Ackman y Dan Loeb, ha sido especialmente lucrativa a lo largo de los años, a pesar de algunos fracasos de alto perfil. Pero, ¿debería ser una estrategia que siguiera el inversor medio? En pocas palabras: aunque seguir una campaña activista puede añadir un impulso temporal al valor de una cartera, las ganancias se disipan en los 12 meses siguientes a la campaña.