El inversor activista estrella ha muerto... pero de éxito
Resulta que ya no se necesita una reputación de activista feroz para impulsar el cambio en las empresas. La era de los activistas de renombre ha llegado a su fin porque cada vez les resulta más complicado recaudar fondos
La era de los activistas de renombre con personalidades apasionadas que libraban encarnizadas batallas indirectas y empleaban tácticas descaradas para conseguir puestos en los consejos de administración ha llegado a su fin.
Carl Icahn, víctima de ataques sobre la forma en que gestiona su propia empresa que cotiza en bolsa, ha rebajado su intensidad. Nelson Peltz, que viene de perder una batalla con Disney, planea ceder su empresa a su hijo, menos combativo. Bill Ackman y Jeff Ubben se han alejado de las disputas. Dan Loeb hace años que no libra ninguna gran guerra de poderes. En su lugar, ha surgido una nueva generación de activistas de menor tamaño, menos conocidos y a menudo con menos ganas de pelea.
El cambio en el activismo va acompañado de cambios en las empresas. Tras años en los que los activistas han insistido una y otra vez en los mismos puntos, muchos consejos de administración están ahora más alerta. Actúan con mayor rapidez en caso de resultados insuficientes, despiden a los directores generales, llegan a acuerdos y están más dispuestos a acoger a los activistas que se les acercan. Los resultados: ha disminuido el número de luchas de poder que culminan en una votación. Los acuerdos con las empresas han aumentado, y más rápido que nunca. Además, los rendimientos de los fondos activistas son generalmente inferiores.
Con la consecución de los objetivos que eran más asequibles y la difícil recaudación de fondos, es poco probable que surja un nuevo gigante activista que infunda miedo cada vez que aparezca en una lista de accionistas. "En la mayoría de los casos, el sector se está institucionalizando mucho más", afirma Charlie Penner, un veterano inversor activista que ha creado una nueva empresa con un nombre que pretende sonar anónimo: Ananym. "Ya no está tan impulsado por la personalidad". En los dos últimos años, casi dos tercios de los acuerdos entre empresas y activistas se han alcanzado en privado, según un análisis de FTI Consulting. Incluso cuando las aguas se caldean, se enfrían rápidamente. En 2024, un inversor tardaba una media de 34 días en llegar a un acuerdo tras reclamar públicamente un puesto en el consejo de administración, frente a los 68 días de 2023, según FTI.
Los rendimientos de los fondos activistas son generalmente inferiores
Tomemos como ejemplo algunos de los acuerdos alcanzados en los últimos meses con inversores: CVS Health alcanzó un rápido acuerdo con Glenview Capital Management, que no suele ser activista. Ancora Holdings se enfrentó a Norfolk Southern en una batalla de poderes a principios de este año —ganando tres puestos en el consejo— y más tarde llegó a un acuerdo para ampliar el consejo y evitar una segunda batalla de poderes en el operador ferroviario. Engaged Capital llegó a un acuerdo el año pasado con la cadena de hamburgueserías Shake Shack. Sachem Head Capital Management consiguió en abril un puesto en el consejo de la empresa de tecnología de la comunicación Twilio. Anson Funds se hizo recientemente con un puesto en el consejo del proveedor de software en la nube Five9.
Penner estaba en Engine No. 1 cuando esta empresa poco conocida se enfrentó con éxito al consejo de Exxon Mobil y anteriormente trabajó en Jana Partners. Este año ha puesto en marcha Ananym Capital Management con Alex Silver, anteriormente en otra empresa, P2. Un "ananym" es un seudónimo que se obtiene deletreando nuestro nombre al revés. Penner dice que lo eligieron en parte para subrayar la dinámica actual. Su primer objetivo es presionar a Henry Schein, distribuidor de productos sanitarios, para que cambie su consejo de administración. "No debería tratarse de ego o de cualquier otra cosa", explica Penner. "Debería tratarse de tener buenas ideas y un buen proceso".
De "asaltantes de empresas" a "constructivistas"
El activismo de los accionistas se remonta a la década de 1980, cuando los inversores empezaron a comprar participaciones en empresas y a exigir cambios que iban desde la reorganización de la gestión hasta la ruptura estratégica. En los años 90, los inversores eran conocidos como "asaltantes de empresas". En las últimas décadas, han trabajado para deshacerse de este estigma negativo. Nelson Peltz, socio fundador de Trian Fund Management, ha librado algunas de las mayores batallas de poder de la historia, como la de Procter & Gamble en 2017 y la de Disney en 2023. También es uno de los que se autodenominan "constructivistas", por su disposición a ayudar en lugar de antagonizar.
Plantean planes complejos para dar un giro a la empresa, y no solo movimientos financieros destinados a hacer subir las acciones de inmediato. Al demostrar que hacen sus deberes, empresas como Elliott Investment Management, Starboard Value y Jana han ganado más aliados. Sin embargo, las empresas y sus defensores siguen burlándose de la idea constructivista y creen que los propios activistas pueden ser perjudiciales. Esa es una de las razones por las que los activistas proponen aliados para los consejos de administración. Hace quince o veinte años, la mayoría de los grandes gestores de fondos se proponían a sí mismos para los consejos de administración, afirma Amy Lissauer, responsable mundial de activismo y defensa contra las incursiones en Bank of America. "Ahora, los activistas seleccionan a grandes candidatos independientes… de la mejor calidad que he visto", afirma Lissauer.
Las empresas juegan primero a la defensiva
La actitud de las empresas también ha contribuido a reducir las grandes peleas entre activistas. Los equipos directivos son ahora más conscientes de la posible amenaza y trabajan para anticiparse a ella mediante el cambio de consejeros y ejecutivos y la búsqueda de acuerdos. En 2024, varias empresas, entre ellas Boeing, Under Armour e Intel, han destituido a sus consejeros delegados sin la presencia conocida de un activista. "En los últimos años, ha sido necesario que un activista llevara a cabo una campaña pública para cambiar la mentalidad", explica Mary Ann Deignan, responsable de Capital Markets Advisory en Lazard, donde ayuda a defender a las empresas de los ataques de los activistas.
Este otoño, CVS destituyó a su consejero delegado y concluyó una revisión estratégica, tras lo cual llegó a un acuerdo para incorporar al fundador de Glenview, Larry Robbins, a su consejo de administración. En los 24 años anteriores, Robbins solo había recurrido en dos ocasiones a una estrategia activista. También es cierto que muchas empresas han aumentado su temor a perder debido a un reciente cambio en los procedimientos de votación de poderes, lo que les ha llevado a aceptar rápidamente a los activistas.
La presión de los beneficios
Muchos de los activistas de la nueva era trabajaron para la primera generación. Ahora necesitan recaudar dinero con su propia reputación, lo que ha resultado muy complicado. Los "hedge funds" activistas, como grupo, registraron salidas netas en cuatro de los últimos seis años, aunque prevén un ligero repunte en 2024, según HFR, un rastreador de datos de fondos de cobertura. Normalmente, los fondos de cobertura centrados en el activismo también tienden a rendir menos que el mercado en general. Hasta principios de diciembre de este año, los activistas habían subido un 6,4%, frente a la subida de más del 30% del S&P 500, según HFR. "A los activistas les resulta cada vez más difícil recaudar fondos", afirma Michael Levin, fundador de la consultora The Activist Investor. Como resultado, algunas empresas se dan cuenta de que "no compensa ser tan distinguido o tajante".
Por otro lado, sigue habiendo excepciones y grandes luchadores, como Elliott e Icahn. Sin embargo, Icahn ha visto cómo su propia Icahn Enterprises se veía afectada por las acusaciones de los vendedores a corto de que estaba sobrevalorando algunas posiciones. Aunque Icahn ha negado las acusaciones, ha reducido su actividad. Peltz ha visto cómo se reducían los activos gestionados de su empresa y se está preparando para dar un paso atrás, cediendo más responsabilidad a una generación más joven de líderes, incluido su hijo, Matt Peltz, así como Josh Frank y Brian Baldwin. Algunos se preguntan si Trian seguirá lanzando campañas de activismo de alto perfil cuando el mayor de los Peltz ya no esté al timón. (Baldwin consiguió un puesto en el consejo de Rentokil Initial, con sede en el Reino Unido, en octubre, poco después de que Trian revelara su participación en la empresa de control de plagas).
Es posible que otros sigan el camino de Ackman, que en su día fue uno de los mayores gestores activistas. Tras una serie de pérdidas, decidió mostrarse menos agresivo y más amistoso con las inversiones. "Esto hace nuestro trabajo más fácil y divertido, y mejora nuestra calidad de vida", escribió Ackman en su carta anual a los inversores de Pershing Square en 2021. "Así que, si es necesario llamar a este enfoque más tranquilo Pershing Square 3.0, que así sea".
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
La era de los activistas de renombre con personalidades apasionadas que libraban encarnizadas batallas indirectas y empleaban tácticas descaradas para conseguir puestos en los consejos de administración ha llegado a su fin.