Iba a salvar Intel, pero en lugar de eso, destruyó 150.000 millones de dólares de su valor
Pat Gelsinger era uno de los fieles creyentes del pionero mercado de los chips, pero después de que su estrategia de rescate fracasara, el consejo perdió la confianza en él
¿Cómo sobrevive esta emblemática empresa estadounidense?
Cuando estaba en la escuela de formación profesional, un adolescente aficionado a la informática llamado Pat Gelsinger hizo una entrevista para un puesto de trabajo que definiría la trayectoria de toda su vida. Había 12 candidatos para un puesto de técnico de nivel inicial en Silicon Valley y él era el último de los entrevistados.
Sin embargo, cuando un director de ingeniería de una de las empresas más innovadoras de Estados Unidos evaluó a Gelsinger, quedó impresionado por aquel granjero de Pensilvania que nunca antes había subido a un avión, y decidió que su sitio estaba en Intel. "Inteligente, muy agresivo y algo arrogante", escribió el entrevistador. "Encajará perfectamente". Esas fueron las características que hicieron de Intel un 'Goliat' de la industria de semiconductores.
Resulta que también eran las cualidades que han desencadenado una crisis existencial en esta emblemática corporación que impulsó el crecimiento de la economía tecnológica estadounidense. Gelsinger encajaba tan bien en la empresa que introdujo el microprocesador comercial que pasó allí las siguientes tres décadas de su carrera. Bajo la tutela del legendario director ejecutivo Andy Grove, Gelsinger escaló posiciones hasta ser nombrado el primer director de tecnología de la empresa en el 2000. Dejó la empresa en 2009 y volvió en 2021 como director ejecutivo. Regresó en un momento en que la industria de los chips nunca había sido tan esencial para la geopolítica, la sociedad, la seguridad nacional y toda la economía mundial.
Los chips son los motores de la vida moderna. Son las piezas indispensables de la tecnología que hay detrás de nuestros teléfonos, ordenadores, televisores y coches, así como del ciberespionaje y las armas avanzadas. En los últimos años, se han convertido en los caballos de batalla que hacen que la inteligencia artificial sea aún más inteligente. La escasez de chips en la época de la pandemia puso de manifiesto hasta qué punto dependemos de diminutas y ridículamente complejas placas de silicio. Todo ello podría haber sido muy lucrativo para Intel. Sin embargo, la empresa se había quedado rezagada en la carrera por fabricar los chips de mejor rendimiento con miles de millones de transistores microscópicos, cediendo el liderazgo a Taiwan Semiconductor Manufacturing, o TSMC, y a la surcoreana Samsung Electronics.
Regresó en un momento en que la industria de los chips era esencial para la geopolítica, la sociedad y toda la economía mundial
Gelsinger fue contratado con un claro objetivo: ponerse al día. La estrategia que articuló para devolver a Intel su fanfarronería iba totalmente en contra de la dirección que había tomado la industria en las décadas anteriores. En ese tiempo, el negocio de los chips había evolucionado y, básicamente, se había dividido en dos. La mayoría de las empresas de chips se han especializado en el diseño de chips (como Nvidia) o en la fabricación de chips (como TSMC). Dado que estos negocios son radicalmente diferentes, solo un puñado de grandes empresas de chips siguen haciendo ambas cosas, como Intel.
Él pensó que podría dirigir a este coloso hacia una nueva era de éxito redoblando su apuesta por la fabricación. Eso exigiría construir nuevas fábricas y avanzar a una velocidad vertiginosa para competir con rivales muy ágiles que habían superado al coloso Intel en cuanto a tecnología de fabricación de chips. El negocio de los chips requiere una clarividencia diferente a la de casi cualquier otra industria, ya que los directores ejecutivos tienen que hacer enormes apuestas de capital basadas en visiones de futuro que pueden materializarse o no.
Desde el principio, Gelsinger reconoció que su plan de cambio era atrevido y pidió garantías al consejo de administración de que apoyaría su visión antes de aceptar el puesto. En una reunión virtual celebrada en enero de 2021, pidió a todos los miembros del consejo que se comprometieran a apoyar una estrategia costosa y ambiciosa, pero que, de tener éxito, representaría uno de los cambios más radicales de la historia empresarial estadounidense. Todos firmaron. Esta semana, Gelsinger fue expulsado de forma abrupta después de que el consejo perdiera la confianza en él, y al CEO de 63 años se le dio la opción de retirarse o ser destituido, según fuentes al tanto del asunto. Su misión de salvar Intel terminó con un repentino anuncio el lunes por la mañana de que se retiraba y dejaba el consejo.
Cuando fue nombrado director ejecutivo hace casi cuatro años, Nvidia e Intel tenían valores bursátiles similares. Desde entonces, Nvidia ha ganado tres billones de dólares y se ha coronado como la empresa más valiosa del mundo, mientras que Intel ha perdido 150.000 millones de dólares y ya no es una de las diez empresas más valiosas del mundo de los chips. Nvidia ha valido más que Apple y Microsoft mientras que Intel vale menos que Boeing o Starbucks. Las acciones de la empresa han bajado más de un 60% desde que Gelsinger asumió el cargo de CEO, lo que convierte a Intel en la empresa con peor rendimiento del índice de semiconductores PHLX desde su primer día en el puesto hasta el último.
Cuando fue nombrado director ejecutivo hace casi cuatro años, Nvidia e Intel tenían valores bursátiles similares
A finales de octubre, la empresa comunicó la mayor pérdida trimestral de su historia, una asombrosa pérdida neta de 16.600 millones de dólares que sorprendió especialmente porque los analistas de Wall Street habían previsto una pérdida de 1.100 millones de dólares. La caída ha sido tal que Qualcomm se ha puesto recientemente en contacto con Intel para hacerle una oferta de adquisición, algo que en otro tiempo sería impensable. Una portavoz de Intel declaró que la reestructuración de la empresa en los últimos años había revitalizado su tecnología de chips "y sentado las bases de nuestro futuro". Los esfuerzos para ser más eficientes crearán una empresa más ágil y compacta para servir a los clientes y crear valor para los accionistas, añadió. Pero la empresa se encuentra en una posición fundamentalmente diferente de la que tenía incluso hace unos años, y mucho menos hace unas décadas, cuando se construyó en torno al famoso mantra de Grove de que solo los paranoicos sobreviven. Entonces, ¿podrá hacerlo Intel?
Devolver a Intel a la cima
En su primer día en Intel, en 1979, Pat Gelsinger se dio cuenta de que no quería ser un técnico al que le dijeran lo que tenía que hacer. Quería ser el ingeniero que decidía lo que había que llevar a cabo. Adicto al trabajo desde su adolescencia, apenas dormía y trabajaba tantas horas que el departamento de nóminas de la empresa le echaba en cara las horas extras. También estudiaba a tiempo completo. Tras trasladarse al otro lado del país en busca de trabajo con solo su título de asociado del Lincoln Technical Institute de Allentown, Pensilvania, al que asistió con una beca, Gelsinger aprovechó las generosas políticas de reembolso de matrícula de Intel. La empresa le pagó la licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de Santa Clara y el máster de la Universidad de Stanford.
Gelsinger tenía 25 años cuando se le encargó el diseño del chip más importante de la industria, y ayudó a guiar a las siguientes generaciones de semiconductores mientras la empresa se convertía en un nombre familiar con su clásica campaña de marketing "Intel Inside". A los 40 años fue nombrado primer director de tecnología de Intel. Cuando se lo dijo a su madre, ella respondió: "Está genial, cariño. Ahora bien, ¿qué significa eso?". Gelsinger, ingeniero de talento y ejecutivo muy respetado, tenía unos horarios que hacían sentir pereza a otros altos ejecutivos, a pesar de haber escrito un libro sobre la conciliación de la vida laboral y familiar titulado The Juggling Act y de haber desarrollado un sistema de puntos para no quedarse en la oficina hasta demasiado tarde.
La marcha de Grove en 1998 y la búsqueda de Intel de fronteras inexploradas en el panorama informático supusieron un reto para la empresa y para Gelsinger. En la década de 2000, Intel se había convertido en el campeón indiscutible en procesadores centrales, el cerebro de los ordenadores personales, además de los servidores que formaban la columna vertebral de internet. Pero la tecnología evolucionó e Intel no pudo repetir ese éxito cuando intentó conquistar otras partes del negocio. Tras supervisar un proyecto frustrado para competir con Nvidia en chips gráficos, Gelsinger fue destituido. Estaba destrozado, pero aterrizó en la empresa de infraestructuras informáticas EMC y luego pasó ocho años como director ejecutivo del gigante de software para servidores VMware.
Mientras tanto, Intel luchaba por mantenerse al día en la fabricación de chips avanzados. A medida que se disparaban los costes de fabricación de los chips más punteros, su rival Advanced Micro Devices dividió sus operaciones de fábrica en 2009 para formar GlobalFoundries, una señal de que el futuro de la industria de los chips sería muy diferente de su pasado. Intel se mantuvo firme. Una serie de errores de fabricación nublaron su fortuna a largo plazo bajo el CEO Brian Krzanich, quien renunció en 2018 después de tener una relación con un empleado que violó la política de la compañía. Las ventas se erosionaron aún más bajo Bob Swan, el exdirector financiero que asumió el cargo de CEO.
La marcha de Grove en 1998 y la búsqueda de fronteras inexploradas en el panorama informático fueron un reto para Gelsinger e Intel
El fracaso de la compañía para desarrollar chips móviles competitivos también implicó que se perdieran en gran medida los tiempos de auge de la industria en la década de 2010. Dentro de la empresa, la gente añoraba los días de gloria de Intel. Un ejecutivo incluso puso una pegatina con las siglas "MIGA" en su Tesla de color azul Intel, que los empleados interpretaron como un acrónimo de "Make Intel Great Again" ("Hagamos a Intel grande de nuevo").
Con la empresa bajo la presión de los inversores, los miembros del consejo de Intel propusieron a Gelsinger que ocupara un puesto en el consejo. Fue entonces cuando sugirió un camino alternativo, uno que desafiaba las tendencias de la industria y sonaba como un movimiento arriesgado en lo que Grove podría haber llamado uno de sus "puntos de inflexión estratégicos". El plan de Gelsinger era el siguiente: en lugar de adaptarse a un mundo cambiante con más subcontratación, Intel debería ir en la dirección contraria y construir más fábricas para volver a ser el rey de la fabricación de chips en Estados Unidos. Y le creyeron… aunque con un pero. No solo querían a un verdadero creyente como Gelsinger en el consejo, sino que también querían que volviera como director ejecutivo.
Auge y caída
Cuando Gelsinger asumió el cargo, la empresa estaba en una situación tan lamentable que no estaba claro que pudiera ser salvada por ningún director ejecutivo. El reto de Gelsinger consistió en averiguar cómo aplicar con éxito planes que habrían tenido más probabilidades de triunfar si se hubieran puesto en marcha años antes. Intel es uno de los últimos fabricantes de dispositivos (IDM, por sus siglas en inglés), lo que significa que diseña y fabrica chips. La mayoría de las empresas se decantan por una u otra opción. A menudo se dice que Nvidia es un fabricante de chips, pero en realidad no los fabrica. El acto físico de grabar circuitos en obleas de silicio tiene lugar en gran parte en las plantas de fabricación de TSMC, que fue pionera en el negocio de producir chips para clientes, un modelo que cambió la industria para siempre.
Gelsinger quería crear un negocio como el de TSMC dentro de Intel. Para justificar los enormes desembolsos de capital que supone construir nuevas instalaciones de chips, que pueden costar 20.000 millones de dólares, Intel fabricaría chips por encargo para otras empresas. Contrató a un grupo de ingenieros y directivos para gestionar el nuevo negocio, reclutando a un gran número de antiguos ejecutivos de Intel que se habían marchado después de que la empresa perdiera su encanto.
También fue el principal defensor de la industria de la Ley de chips 2022, que proporcionó decenas de miles de millones de dólares del gobierno para financiar fábricas de chips y volver a poner la fabricación estadounidense en el mapa. El gobierno confía ahora en Intel para que sea la única empresa estadounidense capaz de fabricar chips avanzados para la industria de defensa. Llamó a su estrategia "IDM 2.0" y estableció el objetivo interno de convertir a Intel en el segundo mayor fabricante de chips por contrato del mundo, por detrás de TSMC, para 2030.
No obstante, uno de los problemas era que Intel no tenía clientes significativos y era poco probable que se los arrebatara a TSMC o Samsung sin ser capaz de demostrar unas capacidades de fabricación significativamente mejores. También había un problema cultural. TSMC y otros fabricantes de chips por contrato hacen todo lo posible por complacer a los clientes y asegurarse de que obtienen exactamente lo que quieren. Intel no era tan flexible. Sus fábricas estaban acostumbradas a fabricar chips únicamente para un cliente: Intel.
Uno de los problemas era que Intel no tenía clientes significativos y era poco probable que se los arrebatara a TSMC o Samsung
Para cambiar la mentalidad dentro de la empresa, Gelsinger recurrió al exterior. Estudió la posibilidad de comprar GlobalFoundries por unos 30.000 millones de dólares antes de que la operación se frustrara. A continuación, llegó a un acuerdo con el fabricante de chips Tower Semiconductor, pero fue rechazado por los reguladores chinos e Intel lo canceló. El nuevo CEO también prometió realizar cinco avances en la fabricación de chips de última generación en cuatro años. Era un ritmo endiablado en un sector en el que dar un solo avance puede llevar años y suele suponer miles de millones de dólares en costes de ingeniería y equipos de fabricación. El ritmo de transformación era tan crítico que Gelsinger convirtió la palabra "torrid" (apasionado, tempestuoso) en un grito de guerra de la empresa, imprimiéndola en camisetas e incluso poniéndola en una pegatina para su teléfono.
Al principio, parecía que los vientos podían haber cambiado a favor de Intel. Durante la pandemia, la gente que trabajaba en casa necesitaba portátiles y otros equipos equipados con chips de Intel, al igual que las instalaciones de servidores que procesan el tráfico de internet. Pero ese repunte resultó ser un paréntesis. Algunos altos ejecutivos se mostraron escépticos con la estrategia de Intel y abandonaron la empresa, y el propio Gelsinger describió la posición de la otrora poderosa compañía como un "pozo de barro". Ni siquiera el auge de la IA pudo sacar a Intel de este agujero.
Intel había invertido miles de millones de dólares en chips de IA mucho antes de la llegada de ChatGPT a finales de 2022, comprando "startups" como Nervana Systems en 2016 y Habana Labs en 2019. Pero hoy en día, la mayor parte de la computación de IA es manejada por potentes unidades de procesamiento gráfico fabricadas casi exclusivamente por Nvidia. Incluso cuando la demanda de chips de Nvidia seguía siendo insaciable, Gelsinger dijo en octubre que los chips de IA de Intel no alcanzarían el objetivo de ingresos de 500 millones de dólares este año. En el momento exacto en que necesitaba efectivo para hacer funcionar su plan de cambio, las empresas más ricas de la tecnología estaban desplazando sus enormes presupuestos hacia Nvidia y otras empresas de chips.
Ahora, su salida podría acelerar una posible división de Intel en empresas de fabricación y diseño independientes, el mismo resultado que intentó evitar. El último día de Gelsinger como director ejecutivo fue el domingo. Hombre profundamente religioso, a menudo se apoyaba en su fe para tomar decisiones empresariales y tuiteaba un versículo de la Biblia cada domingo. Esa mañana, eligió un salmo para marcar el final de su etapa en la empresa que le contrató hace décadas, cuando el futuro pertenecía a Intel. "Daré gracias de todo corazón", publicó. "Contaré todas tus maravillosas hazañas".
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
¿Cómo sobrevive esta emblemática empresa estadounidense?