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Por qué la mejor opción para la China de Xi ante las sanciones a Rusia es la 'finlandización'
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Por qué la mejor opción para la China de Xi ante las sanciones a Rusia es la 'finlandización'

La respuesta coordinada de los países occdentales ante la invasión ha establecido un precedente importante de cara a una posible crisis en el estrecho de Taiwán

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¿Cómo se ve el conflicto entre Rusia y Ucrania y la sorprendente respuesta occidental desde Pekín? Podría ser una ventaja a largo plazo en el frente energético, pero es muy preocupante desde el punto de vista financiero.

Dejando a un lado la entente en ciernes entre China y Rusia, es poco probable que el gigante asiático intente suavizar el impacto de las sanciones occidentales sobre Rusia de forma explícita, debido al riesgo que supone para sus propios campeones tecnológicos y financieros. Pekín intensificará sus esfuerzos para aislarse de la posibilidad de sanciones fruto de esfuerzos de coordinación similares más adelante, pero seguirá viéndose obstaculizada por el deseo de mantener un elevado grado de control sobre el yuan.

Las consecuencias de la crisis para los flujos energéticos mundiales habían empezado a propagarse incluso antes de la invasión de Ucrania: a principios de febrero, durante los Juegos Olímpicos, China y Rusia acordaron un nuevo gasoducto, el "Power of Siberia 2", que elevaría las entregas de gas por gasoducto previstas a China hasta un total de unos 48.000 millones de metros cúbicos en la segunda mitad de la década. El acuerdo estipula el pago en euros, pero es de suponer que podría cambiarse a yuanes si el aislamiento financiero de Rusia así lo exigiese, lo que constituiría una ventaja adicional desde la perspectiva de Pekín. Así mismo, aunque Bloomberg ha informado de que algunos bancos chinos se muestran reticentes a financiar el comercio de recursos rusos por temor a infringir las sanciones occidentales, parece probable que las regulaciones sigan incluyendo excepciones relativas a las transacciones energéticas rusas, a fin de reducir el impacto general sobre la economía mundial.

Foto: Mural con la imagen de Vladímir Putin como Voldemort en Polonia. (EFE/Jakub Kaczmarczyk)

La clave es que, incluso si se mantiene el fuerte crecimiento de la demanda, China aún está muy lejos de ser un sustituto del mercado europeo de gas natural. Rusia envió 168.000 millones de metros cúbicos de gas a Europa en 2020, según datos de BP, es decir, cerca del 70% de sus exportaciones totales de gas natural. El año pasado, China sólo importó 16.500 millones de metros cúbicos de gas natural de Rusia en total. Incluso suponiendo que los volúmenes de los gasoductos alcancen unos 50.000 millones de metros cúbicos a mediados de la década, como está previsto, si Europa realiza un esfuerzo concertado por reducir su dependencia del gas ruso, se arriesgaría a que el precio de este se redujese de forma permanente y significativa, hecho del que China estaría sin duda encantada de aprovecharse en el futuro.

En el caso de las sanciones tecnológicas, la situación no es tan sencilla, pero el resultado podría acabar siendo similar. A corto plazo, parece poco probable que las empresas chinas se arriesguen a ser objeto de sanciones secundarias por parte de Japón y los países Occidentales por seguir suministrando a clientes rusos. A largo plazo, sin embargo, si China es capaz de localizar con éxito toda su cadena de producción de semiconductores, incluso a un nivel tecnológico menos vanguardista -una perspectiva todavía muy incierta-, un mercado ruso cautivo sería otra fuente de capital bienvenida.

Es probable que las implicaciones financieras sean el aspecto más alarmante de la crisis para China. La decisión conjunta de la Unión Europea, EEUU, el Reino Unido, Japón y Canadá de sancionar al banco central ruso, destrozando el rublo y congelando el acceso a muchos de los activos extranjeros que el Banco Central de Rusia necesitaría para defenderse, sienta un precedente importante de cara a una posible crisis futura en el estrecho de Taiwán. Aunque China se ha negado en los últimos años a aumentar sus participaciones en el Tesoro de Estados Unidos, que ascienden a aproximadamente un billón de dólares, su capacidad para luchar contra la depreciación del yuan en cualquier enfrentamiento teórico en Taiwán quedaría significativamente mermada si tuviera que vender la mayoría de sus activos en moneda de cambio, y no sólo los denominados en dólares.

Todo esto incentivará de inmediato a China, y a otros países que temen el aislamiento financiero, a que favorezcan el uso del yuan como divisa para pagos y reserva. Es probable que China aumente la presión sobre sus socios comerciales y financieros para que hagan negocios en yuanes, utilizando su propia alternativa al sistema mundial de telecomunicaciones financieras SWIFT. También es probable que aumenten las participaciones de los bancos centrales extranjeros de activos de reserva denominados en yuanes, que actualmente son ínfimas (un 2,7% de las reservas mundiales a finales de 2021, según el Fondo Monetario Internacional).

Pero el problema es que la moneda china no es totalmente convertible ni siquiera en tiempos normales, y mucho menos durante una crisis geopolítica como la actual. El banco central de China interviene regularmente en el mercado de divisas interno, así como en el externo de Hong Kong, cuando evolucionan en direcciones que no le convencen. A menudo, los depósitos domésticos en yuanes están sujetos a controles cuantitativos y cualitativos en cuanto a la cantidad que se puede convertir y el uso legal de los ingresos. Estas normas también tienden a cambiar ante alteraciones bruscas de las salidas o entradas de capital.

Foto: Los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Reuters vía Kremlin)

Esto seguirá poniendo un techo relativamente bajo a la demanda mundial de yuanes en relación con el tamaño de la economía china. Por ahora, los riesgos macroeconómicos de la eliminación de los controles de capital de China —especialmente para el sector inmobiliario y el estatal, fuertemente endeudados— probablemente sigan siendo mayores que la presión geopolítica para impulsar la adopción del yuan en el extranjero.

A largo plazo, la crisis actual generará algunas ventajas en el ámbito energético, y posiblemente en el tecnológico, para Pekín. Sin embargo, al actuar de forma coordinada, los propietarios de las principales monedas de reserva han enviado una señal muy fuerte sobre las consecuencias de una agresión directa contra un vecino por parte de una gran potencia, al tiempo que han mostrado las limitadas ventajas de la diversificación. La búsqueda de soluciones financieras se intensificará, pero las alternativas viables aún parecen escasas.

Esta es la dura realidad a la que Pekín ha tenido que enfrentarse en la última semana.

*Contenido con licencia de "The Wall Street Journal"

¿Cómo se ve el conflicto entre Rusia y Ucrania y la sorprendente respuesta occidental desde Pekín? Podría ser una ventaja a largo plazo en el frente energético, pero es muy preocupante desde el punto de vista financiero.

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