China restringe los videojuegos a los menores: ¿debería usted hacer lo mismo?
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no se deben usar como incentivo

China restringe los videojuegos a los menores: ¿debería usted hacer lo mismo?

El conflicto por los videojuegos se está intensificando a medida que los niños vuelven al colegio y los padres se enfrentan a batallas nocturnas por los deberes

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Imagen: EC.

La decisión de China de limitar el tiempo que los niños pueden jugar a videojuegos 'online' es su última medida para controlar la industria tecnológica y cultivar la moralidad de la juventud, sin importar lo intrusivo que resulte. Sin embargo, al escuchar la decisión, seguramente muchos padres exasperados en EEUU pensaron, aunque fuera por un instante, "¿no podríamos hacer eso aquí?".

La norma de China, que entró en vigor el miércoles pasado, prohíbe que las personas de menos de 18 años jueguen a videojuegos 'online' durante la semana escolar, y permite solo una hora al día de videojuegos los viernes, fines de semana y vacaciones. Pero, ni eso funcionaría nunca en EEUU ni yo misma querría que el Gobierno ejerciera dicho nivel de control. Pero para los padres, los esfuerzos por limitar el tiempo de juego se pueden volver tan agotadores que estaría bien que otro hiciera de 'poli malo' por una vez.

Foto: (Foto: EFE)

El conflicto por los videojuegos se está intensificando a medida que los niños vuelven al colegio y los padres se enfrentan a batallas nocturnas por los deberes. Los niños se acostumbraron a un tiempo de pantalla ilimitado durante las clases 'online' e híbridas, y esto continuó en el verano, según un nuevo informe del Digital Wellness Lab en el Boston Children’s Hospital.

La drástica medida de China, adoptada en un aparente esfuerzo por proteger la salud mental y física de la gente joven —y para asegurarse de que no se distraen de las responsabilidades educativas y familiares—, plantea una cuestión importante para los padres de todo el mundo: ¿cuánto tiempo de juego es demasiado?, ¿podemos limitar los videojuegos sin hacer que parezca un castigo?

El cambio de normativa en China me hizo replantearme cómo gestiono el tiempo de juego de mis hijos en casa. Con la ayuda de algunos expertos, he diseñado un nuevo plan que también puede resultar útil en tu casa.

Jugar a videojuegos entre una y tres horas permite a los niños tener una vida equilibrada

Varios estudios han descubierto que jugar a videojuegos entre una y tres horas al día permite a los niños disfrutar de ellos y seguir sacando buenas notas, tener tiempo suficiente para otras actividades y mantener el bienestar psicológico. Pero un estudio reciente liderado por investigadores de la Rutgers University descubrió que los estudiantes de Secundaria de China que utilizaban la tecnología para entretenerse durante más de una hora diaria los días lectivos y más de cuatro horas al día los fines de semana sacaban peores notas un año después y presentaban más aburrimiento y falta de concentración en clase.

No obstante, el estudio no distinguía entre jugar a videojuegos y estar en redes sociales; ni preguntaba si los niños entraban a internet antes o después de terminar sus deberes. "Es un dato importante que no tenemos", declara la autora principal del estudio, Wen Li Anthony, profesora adjunta en la Rutgers School of Social Work y el Center for Gambling Studies.

Muchos padres —yo incluida— han utilizado los videojuegos como incentivo para que los niños terminen sus deberes. El problema con hacer eso, que he aprendido, es que los niños suelen hacer sus deberes corriendo para poder coger sus consolas de videojuegos más rápido. El otro día le pedí a mi hijo de sexto de Primaria echar un vistazo a su ficha de matemáticas y descubrí que no había contestado a varios problemas. Dijo que no sabía resolverlos. Pero en lugar de pedir ayuda a mi marido o a mí, simplemente los dejó en blanco y pasó a los videojuegos.

Foto: (Reuters)

Claramente, mi estrategia no estaba funcionando. Ideamos un plan que parecía contradictorio: dejarle jugar a videojuegos primero y crear el horario del resto de la tarde alrededor de eso. También decidimos que podía conseguir más tiempo de juego si hacía sus deberes detenidamente y bien. Les pasé el plan a algunos expertos en utilización de medios digitales. Les gustó la primera parte del plan.

"Podemos darle la vuelta al paradigma de limitar el tiempo de pantalla y debatir con los niños cómo completar su día de 24 horas como un vaso vacío", declara Michael Rich, director del Digital Wellness Lab en el Boston Children’s Hospital. "Lo que suelo recomendar es que, cuando los niños llegan a casa, les des algo de comer y, si puedes, les hagas hacer algo de ejercicio físico, porque llevan todo el día sentados. Después, bloquea tiempo para jugar y hacer deberes. Si se hace de forma regular, se vuelve rutinario, como ponerse el cinturón".

Pero el doctor Rich no creía que debiéramos usar los videojuegos como incentivo para que terminara los deberes. "Se convierte en algo como la fruta prohibida si utilizas los videojuegos como recompensa o castigo, y puede llevar a los niños a ‘hackear’ el sistema", dice.

Rich, en cambio, sugiere diseñar un horario con tus hijos para que sientan pertenencia. "Escríbelo y ponlo en la nevera para no entrar en conflictos por cómo era el acuerdo más tarde", explica. "En ese horario, coloca algo que a tus hijos les guste mucho hacer después de los videojuegos, para que no sea dejar algo que les gusta, sino empezar otra cosa que les gusta". Los expertos coinciden en gran medida en que no hay un número mágico de horas de juego al día, pero hay ciertas referencias.

"El aspecto más importante es, ¿qué reemplaza los videojuegos en la vida de tu hijo?"

Jean Twenge es la autora de ‘iGen’. En un estudio de estudiantes de 2º y 4º de la ESO y de 2º de Bachillerato, descubrió que los niños que pasaban más de seis horas al día jugando eran los menos felices. Los que decían que eran los más felices tenían más interacciones cara a cara y pasaban menos de tres horas al día jugando a videojuegos.

"El aspecto más importante es, ¿qué están reemplazando los videojuegos en la vida de tu hijo?", dice la doctora Twenge. "¿Duermen suficiente, hacen sus deberes, pasan tiempo cara a cara con amigos y familia, salen fuera y leen libros?".

Así que aquí tenéis lo que pensamos mis tres hijos y yo: después de una hora de videojuegos o actividades de pantalla, tienen que hacer sus deberes. Una vez que los hayan hecho debidamente, me pueden ayudar a hacer la cena (algo que le encanta a mi hijo mayor), poner la mesa o jugar con nuestros gatitos. Después de cenar, podemos dar un paseo juntos, hacer una caminata o ir al parque. Alrededor de las ocho de la tarde, les doy una hora para hacer lo que quieran. Seguramente mi hijo mayor se lance sobre su PlayStation 5 la mayoría de las noches para jugar con sus amigos.

Foto: Foto: iStock.

A las nueve de la noche, es hora de lavarse los dientes y leer en la cama media hora antes de que se apaguen las luces. (Algunos expertos dicen que los niños deberían evitar pantallas una hora antes de acostarse, pero los míos no suelen necesitar más de media hora para caer completamente rendidos).

Veremos si las actividades extraescolares se interponen cuando avance el año escolar, pero estoy intentando introducirlas cuidadosamente y no sobrecargarles después del último año y medio. No he decidido ninguna restricción nueva para el fin de semana, pero seguimos pasando los domingos sin pantallas.

Una nueva regla que no les hizo mucha ilusión a mis hijos: sin pantallas por las mañanas. Mi hijo de 11 años se ha estado levantando pronto para jugar a videojuegos. El doctor Rich explica que, cuando los videojuegos sirven como motivación para despertarse, puede dar lugar a que los niños no duerman lo suficiente.

Cuando le expliqué esta nueva regla a mi hijo, se le cambió la cara. Le dije: "Mira, sigues teniendo mucho más tiempo de videojuegos que los niños en China".

*Contenido con licencia de ‘The Wall Street Journal’.

La decisión de China de limitar el tiempo que los niños pueden jugar a videojuegos 'online' es su última medida para controlar la industria tecnológica y cultivar la moralidad de la juventud, sin importar lo intrusivo que resulte. Sin embargo, al escuchar la decisión, seguramente muchos padres exasperados en EEUU pensaron, aunque fuera por un instante, "¿no podríamos hacer eso aquí?".

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