¿Adiós a las viejas glorias? La sorprendente metamorfosis de las galerías de arte
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¿Adiós a las viejas glorias? La sorprendente metamorfosis de las galerías de arte

Los artistas tradicionalmente populares ya no venden como antes, y la fiebre de los ‘tokenes’ no fungibles está en pleno apogeo: el mundo del arte está cambiando y no todo el mundo está a favor de ello

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EC

Cuando Nicola Vassell abrió, a finales de mayo, una galería de arte con su nombre en Nueva York, se preparó para la posibilidad de que solo acudiera un puñado de visitantes. Había decidido centrarse en la búsqueda de compradores por internet y por teléfono para su primera exposición de fotografías de Ming Smith. Sin embargo, en lugar de ello, la antigua directora de Deitch Projects, que había trabajado gestionando la colección del productor musical Swizz Beatz, se pasó horas abriéndose paso por una multitud diversa, que incluía al coleccionista A.C. Hudgins y a los artistas Hank Willis Thomas y Tschabalala Self. También ayudó que, justo el día anterior, las autoridades neoyorquinas habían relajado las restricciones de aforos. Al acabar la noche, la marchante había vendido la mayoría de los paisajes rurales y urbanos de Smith por hasta 85.000 dólares la pieza.

Según Vassell, la pandemia ha marcado realmente un reinicio del panorama artístico: Se trata de una conversación totalmente nueva”.

Ya no se llevan las esculturas enormes y llamativas o las fotografías del tamaño de una pared que desprenden un aire de lujo o de cinismo. Ahora están de moda los retratos de gran expresividad y las piezas con fuerza política realizadas por mujeres o artistas de raza negra, especialmente si son jóvenes o se puede considerar que han sido redescubiertos. Los creadores de tendencias también se han alejado del arte abstracto y conceptual, optando en su lugar por piezas que se hacen eco de las cuestiones planteadas en el marco de la justicia social y en las redes. Algunos coleccionistas se han internado más en el ámbito de lo tecnológico, acumulando obras de arte digitales. Otros se han decantado por la cerámica, de tacto frágil e irregular. La demanda de docenas de artistas se ha visto subvertida, y los principales actores de la escena artística se están viendo obligados a enfrentarse a las consecuencias.

placeholder Picasso deslumbra en una subasta neoyorquina con un retrato de 103 millones (EFE)
Picasso deslumbra en una subasta neoyorquina con un retrato de 103 millones (EFE)

Las listas de artistas cuyas piezas se exponen en las principales galerías de arte del mundo han pasado de incluir a conocidos artistas como Jeff Koons y Cindy Sherman a componerse de nuevas estrellas como Joe Bradley, Sonia Boyce y Dana Schutz. Las galerías ubicadas en grandes urbes están vendiendo a compradores lejanos a través de la apertura de espacios de exhibición en enclaves turísticos como Aspen o Palm Beach. Las casas de subastas también se enfrentan a los vientos del cambio con la partida de figuras reconocidas como Amy Cappellazzo, de Sotheby’s, o Ed Dolman, de Phillips, que será sustituido como consejero delegado por Stephen Brooks, de Christie’s. Así mismo, las casas de subastas se están apresurando a sacar beneficios de una clase totalmente nueva de activos: las obras de arte digitales, que están surgiendo en el formato conocido como ‘tokenes’ no fungibles o NFT, por sus siglas en inglés.

“Todos hemos estado en casa reflexionando sobre qué es realmente importante”, opina Mark Moore, un marchante de Orange (California). “Ahora, la música que me gusta es distinta, y con el arte pasa lo mismo”.

Marc Payot, presidente de la megagalería suiza Hauser & Wirth, afirma que la pandemia obligó al mundo del arte a hacer un balance de sus propios rituales y valores. "Todos nos enfrentamos a las mismas preguntas existenciales", reflexiona Payot. "¿Qué hacemos ahora? ¿Qué tipo de arte necesitamos?".

Foto: Portada de 'The Flowering', autobiografía de Judy Chicago editada en julio de 2021

Koons es, probablemente, el principal representante de estos cambios. En abril, causó gran revuelo cuando dejó a dos grandes marchantes, Larry Gagosian y David Zwirner, para unirse a la Pace Gallery. Sin embargo, ya antes de la pandemia se vislumbraba la volatilidad de la demanda de sus características esculturas satinadas de objetos cotidianos, como animales hechos de globos y bailarinas. En 2019, alcanzó un punto álgido cuando su escultura de 1986 de un conejo cubierto de espejos, de estilo neo pop, se vendió en Christie’s por 91 millones de dólares, un récord para un artista vivo, pero desde entonces solo cuatro de sus piezas se han vendido en subasta por más de tres millones. Se sabe que, en otros años, ha tenido a más de 120 asistentes contratados, mientras que su estudio ha declarado que, actualmente, cuenta con unos 50.

Al irse a Pace, Koons provocó una nueva oleada de escrutinio de su situación por parte de círculos de arte más amplios, como el asesor de arte independiente Gardy St. Fleur, quien opinó que la decisión hace que el artista “parezca inestable, como si tuviera que dedicarse a encontrar compradores”. Sus métodos de producción requieren un gran número de técnicos y mucho tiempo, dos condiciones difíciles de satisfacer incluso antes de la crisis sanitaria mundial. En 2019 y a principios de 2020, Gagosian resolvió las demandas interpuestas por el coleccionista Steven Tananbaum y el productor cinematográfico Joel Silver alegando que habían pagado por obras de Koon pero que, tras una serie de demoras en la producción, no las habían recibido. Lauran Rothstein, representante del estudio de Koons, no quiso hablar del asunto más allá de indicar, en un correo electrónico, que ambos coleccionistas habían contratado la compra de obras y habían realizado pagos parciales en el momento de la interposición las demandas.

“Es difícil manejar mercados cuando las expectativas están muy altas. No pasa nada porque las acciones suban o bajen, pero con el arte no pasa lo mismo. A veces es buena idea reagrupar”

Según Gagosian, a lo largo de las dos últimas décadas ha vendido piezas de Koons por un valor de más de 1.500 millones de dólares. También indicó que estaba ultimando un plan para que la galería pagase los costes de fabricación del artista por adelantado en vez de acordar planes de pago con los compradores para financiar la creación de las piezas del artista que habían comprado. No obstante, contó, el artista le informó por email de que había decidido cambiar de planes y de galería. “No estoy seguro de qué beneficios obtendrá de este cambio, pero el tiempo lo dirá”, concluyó Gagosian. “Espero que le vaya bien, porque soy dueño de muchas piezas suyas”. Zwirner calificó al artista de “espíritu libre” y le deseó lo mejor tras el cambio. El artista declinó pronunciarse sobre el asunto.

Según Marc Glimcher, su nuevo marchante, el artista hizo un examen de conciencia durante la pandemia y decidió que estaba listo para empezar de nuevo. Añadió que “es difícil manejar mercados cuando las expectativas están muy altas. No pasa nada porque las acciones suban o bajen, pero con el arte no pasa lo mismo. A veces es buena idea reagrupar”.

Según los registros de las subastas, la demanda de las obras de otros grandes titanes del mercado prepandémico, como Rudolf Stingel, Richard Prince, Anselm Kiefer y Mark Grotjahn, también parece estar relajándose. Según Kevie Yang, el director de la asesoría de arte Phillips, los coleccionistas aún admiran los retratos de Stingel, pero ha caído la demanda de sus piezas abstractas de poliestireno. En mayo, la obra de 2002 de Prince conocida como ‘Lake Resort Nurse’ (enfermera del complejo de vacaciones Lake) se vendió en Christie’s por 3,9 millones de dólares, mientras que otra pieza de la misma colección se vendió al mes siguiente por 12 millones, demostrando así su volatilidad. Los paisajes de gruesas capas y los retratos abstractos de Kiefer y Grotjahn también parecen haberse estabilizado en torno a los 4 y 3 millones de dólares, respectivamente.

“Antes los coleccionistas se sentían seguros comprando piezas de autores tan conocidos, pero ahora quieren que sus colecciones reflejen la situación actual” opina Yang.

Foto: 'La civilización occidental y cristiana', de León Ferrari. (Biennal Venecia)
El arte contemporáneo pasa de Dios
José Ramón Navarro Pareja

Cindy Sherman, la eterna favorita, se encuentra entre tendencias que compiten entre sí. Como mujer, debería estar ante una demanda frenética, pero la fotografía a gran escala, como lo son sus últimas ‘selfies’ de formato mural, parecen carecer de la potencia política que tanto buscan los compradores de hoy en día, opinan los marchantes. Las fotos de multitudes de Thomas Struth y las de teatros vacíos de Hiroshi Sugimoto se enfrentan a situaciones similares. Payot, que representa a Sherman en Hauser & Wirth ahora que Metro Pictures, su antigua galería, ha cerrado, dice que su equipo tiene planes de exponer los primeros trabajos de la artista, en parte para que los coleccionistas más jóvenes puedan redescubrir sus aportaciones.

Pace ha formulado un plan parecido para animar la demanda de piezas de Kooms: buscará despertar un mayor interés por sus obras anteriores mostrando sus animales de globo, pelotas de baloncesto y aspiradoras junto a otros artistas como Marcel Duchamp, Claes Oldenburg e incluso Donald Judd. El asesor de arte Anthony Grant dice que rediseñar el contexto en el que el público valora las contribuciones históricas de Koons podría dar un impulso a toda su obra.

placeholder Obra de Cindy sherman expuesta en París: 'Rest 2019' (EFE)
Obra de Cindy sherman expuesta en París: 'Rest 2019' (EFE)

Y, ¿cuál es el único sector del mercado del arte que no necesita ayuda para mantener el impulso? Todas las piezas, contemporáneas o históricas, que hayan sido creadas por mujeres y artistas de color. Según David Galperin, experto de Sotheby’s, atrás quedó el deseo homogéneo de adquirir piezas según la lista de deseables de la década pasada, dominada por hombres blancos. Hasta hace unos meses, sólo los entendidos conocían la obra de la pintora neoyorquina Alice Neel, fallecida en 1984, pero su exposición en el Museo Metropolitano de Arte se convirtió en el éxito sorpresa de la temporada de primavera, con colas de 90 minutos para ver sus pensativos retratos de amigos y familiares. En mayo, un coleccionista ofreció 3 millones de dólares por una de sus coloridas naturalezas muertas, casi duplicando su récord en una subasta. Zwirner, que supervisa su patrimonio e inaugurará una nueva exposición de la obra de la artista en su galería neoyorquina el 9 de septiembre, dice que Neel resulta atractiva ahora porque "ha pintado el mundo en que vivimos". Otra artista que está disfrutando de un repentino repunte de popularidad es Grace Hartigan, que murió en 2008 pero cuyas coloridas piezas abstractas se vendieron en la década de 1950 por casi tanto como las obras de Willem de Kooning. Debutó en la venta nocturna de Christie's en mayo con ‘El Fénix’, de 1962, que se vendió por 687.500 dólares, por encima de su estimación máxima de 600.000 dólares.

Foto: Imagen de la Vía Láctea (Unsplash)

Otras artistas destacadas de este año son Christina Quarles, cuyas coloridas representaciones de cuerpos sinuosos están expuestos en el museo de arte contemporáneo de Chicago, tras un retraso de un año entero debido a la pandemia. Quarles, que se incorporó a Hauser & Wirth en mayo, explora cuestiones de género y sexualidad en sus exuberantes obras, pero también utiliza programas informáticos para elaborar algunas de sus imágenes. Avery Singer, una de las pocas artistas en ascenso, añade su propio toque al utilizar técnicas de pintura con aerógrafo para jugar con la percepción de los espacios, como hizo con su pieza sin título de una habitación con azulejos rosas, que se vendió por 4,1 millones de dólares en Phillips a finales de junio, duplicando su estimación máxima.

"¿Qué vendrá después de la pintura? Ahora mismo, la tecnología está llevando toda esa conversación a otro nivel", dice Yang, el asesor de arte de Phillips. "Y las NFT son la manifestación extrema de esa pregunta".

El mundo del arte sigue polarizado en torno a los ‘tokenes’ no fungibles, piezas de arte convertidas en ‘token’ cuya propiedad se registra en el libro de contabilidad digital conocido como ‘blockchain’. Algunos marchantes, como Moore, las califican como una caja de Pandora de la especulación alimentada por las criptomonedas, mientras que otros las aclaman por reavivar la fascinación por el arte visto en las pantallas. Los mercados de criptomonedas ligados a los NFT se siguen comportando como una montaña rusa, pero los coleccionistas parecen dispuestos a derrochar a lo grande cuando se trata de arte, incluidos los 17 millones de dólares en arte digital vendidos en la subasta ‘Natively Digital’ (nativos digitales) de Sotheby’s, celebrada en junio.

Por otra parte, durante la pandemia, el mercado de piezas de algunos artistas negros se puso al rojo vivo. Por ejemplo, en mayo, el museo de arte narrativo del cineasta George Lucas compró una escena histórica de Robert Colescott por 15,3 millones de dólares. Tanto es así, que algunos asesores, como St. Fleur, han comenzado a mostrarse cautelosos ante una posible burbuja del mercado. Según St. Fleur, algunos alumnos de arte recién graduados están incluso abandonando las redes sociales porque los compradores potenciales los están "acosando" a mensajes en busca de piezas que comprar. "Los artistas de color más jóvenes se están asustando, y es preocupante porque están logrando récords en subastas antes de conseguir exposiciones en museos", manifestó. Los marchantes de arte negros siguen siendo escasos, pero eso también está cambiando. Gagosian contrató recientemente a Antwaun Sargent como director y, en octubre, Zwirner abrirá un espacio completamente nuevo en Nueva York, llamado 52 Walker, para mostrar obras elegidas por la nueva directora Ebony L. Haynes. Vassell dice que cuando empezó a trabajar en el mundo del arte, hace casi dos décadas, se “sentía como un unicornio”, pero ahora habla regularmente con un puñado de mujeres negras que ha conocido y que dirigen galerías por todo el mundo. "Todas estamos conversando sobre este nuevo capítulo", dice.

*Contenido con licencia de ‘The Wall Street Journal’.

Cuando Nicola Vassell abrió, a finales de mayo, una galería de arte con su nombre en Nueva York, se preparó para la posibilidad de que solo acudiera un puñado de visitantes. Había decidido centrarse en la búsqueda de compradores por internet y por teléfono para su primera exposición de fotografías de Ming Smith. Sin embargo, en lugar de ello, la antigua directora de Deitch Projects, que había trabajado gestionando la colección del productor musical Swizz Beatz, se pasó horas abriéndose paso por una multitud diversa, que incluía al coleccionista A.C. Hudgins y a los artistas Hank Willis Thomas y Tschabalala Self. También ayudó que, justo el día anterior, las autoridades neoyorquinas habían relajado las restricciones de aforos. Al acabar la noche, la marchante había vendido la mayoría de los paisajes rurales y urbanos de Smith por hasta 85.000 dólares la pieza.

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