Papá Estado está revolucionando la economía de EEUU: ¿podrá transformar Europa?
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se enfrenta a una economía desequilibrada

Papá Estado está revolucionando la economía de EEUU: ¿podrá transformar Europa?

Los legisladores están resucitando políticas de planificación industrial de la vieja escuela para enfrentarse a los desafíos planteados por China y la pandemia, pero los fondos de recuperación europeos no parecen bien orientados

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Ilustración: EC.

Cuando se trata de un gobierno intervencionista, se supone que los estadounidenses son los escépticos. Sin embargo, EEUU ahora se apoya en el Estado para transformar la economía otorgando billones de dólares a los consumidores e incluso participando de forma más directa en la planificación industrial. En Europa, donde se valora el papel de los gobiernos, puede que las limitaciones políticas impidan un impulso económico similar.

La semana que viene, la Unión Europea empezará a aprobar los planes de gasto de los Estados miembros como parte del paquete de recuperación para la pandemia de 673.000 millones de euros del bloque. Los analistas esperan que Europa se recupere sólidamente del covid-19, pero, a diferencia de EEUU, prevén un daño económico permanente.

Mayores cantidades irán a parar a los países que más lo necesitan: España e Italia recibirán ayudas que suponen el 6% y el 4% de su Producto Interior Bruto (PIB), respectivamente. Aunque se extienda durante muchos años, no es irrelevante. Las autoridades españolas creen que podrían impulsar el crecimiento económico 2 puntos porcentuales al año.

Foto: Bandera europea

Pero ¿podrá también ayudar a solucionar los grandes desequilibrios productivos que han vuelto ineficaces los valores europeos de forma crónica? Un amplio análisis de las propuestas italiana y española sugiere que solo el 11% y el 22% de los fondos, respectivamente, se destinarán a nutrir sectores específicos donde los países con peores resultados puedan ganar terreno.

De hecho, la mayoría de los fondos parecen destinados a proyectos de restauración de edificios, modernización de infraestructuras y ayuda a la digitalización de la pequeña empresa —todos objetivos valiosos que impulsan la demanda y ayudan al clima, pero probablemente menos transformadores—. Los economistas han encontrado un estrecho vínculo entre la prosperidad y la exportación de bienes y servicios complejos, como se desprende del liderazgo tecnológico norteamericano y la potencia productiva alemana.

España sigue dependiendo demasiado del turismo, y se ha diversificado en bienes menos complejos

A medida que en Europa ha aumentado la integración económica, la periferia se ha quedado aún más rezagada del norte, más desarrollado en términos de PIB por hora trabajada —excepto algunos países del este de Europa que se han beneficiado de la deslocalización—. Si bien el sur conserva cierta proeza en la fabricación de coches, ha sufrido de forma desproporcionada de la desindustrialización post años noventa en sectores menos desarrollados dominados por proveedores que dependen de otras firmas para la innovación.

El Tesoro de Italia descubrió en un análisis de 2018 que el 59% de sus exportaciones estaba expuesto a una competencia significativa de China, en comparación con cerca del 40% para sus homólogos, debido a la focalización del país en textiles y partes laboriosas de la cadena de suministro del proceso productivo. Perder su capacidad para depreciar la moneda después de la creación del euro en 1999 fue especialmente perjudicial. España sigue dependiendo demasiado del turismo, y se ha diversificado en bienes menos complejos. La pregunta es cómo cambiar esta división de trabajo arraigada.

Foto: Nadia Calviño. (EFE)

Desde los años ochenta, los economistas y legisladores han rechazado las estrategias industriales "verticales", que se remontan al 'Report on Manufactures' de Alexander Hamilton de 1791, sobre la base de que elegir ganadores y perdedores crea empresas ineficientes. La legislación de la UE además impide que los miembros confieran a sus industrias ventajas desleales. En cambio, la mayoría de gobiernos occidentales se ha centrado en un gasto "horizontal" que promueve unas ciencias y modernización básicas en todos los sectores. Según esa tesis: si los gobiernos de Italia y España redactaran mejores normativas e invirtieran más en tecnología y educación, no estarían estancados con pequeñas empresas centradas en productos de baja tecnología y sobreviviendo gracias a unos bajos tipos de interés.

Pero en las últimas décadas, las propias políticas horizontales han hecho poco por los rezagados. Puede que los fondos de investigación del Pentágono hayan impulsado internet, pero los fondos de cohesión que la UE ha gastado en el sur no han conseguido aumentar la productividad. Mientras tanto, el desarrollo de la vacuna contra el covid-19 y el crecimiento vertiginoso del este asiático son ejemplos del poder de los acuerdos gubernamentales de precompra y la planificación vertical para impulsar la innovación y trazar un camino para salir del subdesarrollo.

Ahora que Occidente teme perder su liderazgo económico, está cambiando de marcha gradualmente. Este martes, el Senado de EEUU aprobó un proyecto de ley de 250.000 millones de dólares destinado a ayudar a las empresas estadounidenses a enfrentarse a China, que incluye desarrollar capacidad de fabricación de semiconductores nacional. La UE está concediendo exenciones antimonopolio a políticas industriales centradas en el clima.

Foto: geopolitica-ue-fondos-eeuu-china-encuentro-esteban-hernandez-horizonte21

Pero el norte de Europa parece más predispuesto a identificar sectores favorecidos. Las autoridades italianas y españolas siguen siendo reacias, aunque el 'Atlas of Economic Complexity' de la Escuela Harvard Kennedy sitúa a España como el país con más oportunidades —por delante de India y Turquía— para pasar de exportaciones de escasa cualificación a productos más complejos en áreas como maquinaria y medicamentos.

Para cerciorarse, la agenda verde de la UE ha recibido por la puerta de atrás algunas apuestas verticales. España planea invertir 10.000 millones de euros en el sector del automotor y construir una fábrica de baterías para coches eléctricos cerca de Barcelona, además de gastar otros 1.600 millones de euros para promover la producción de hidrógeno limpio. Pero estas son áreas saturadas: en 2019, la UE ya entregó 3.200 millones de euros para desarrollar baterías, de los que tres cuartas partes fueron a países 'centrales'. Hasta ahora, la carrera europea para construir fábricas de baterías la lidera la empresa sueca Northvolt.

Los inversores deberían acoger el abandono de Europa de las políticas de austeridad, pero mantenerse escépticos respecto a las reparaciones de su economía desequilibrada. Resulta difícil compaginar la redistribución de la riqueza con una inversión en fructífera en la misma, ya que el frágil equilibrio político del bloque dificulta que el sur desarrolle empresas que desafíen la supremacía industrial del norte. Puede que Europa quiera una mayor gobernanza, pero no siempre donde más se necesita.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Cuando se trata de un gobierno intervencionista, se supone que los estadounidenses son los escépticos. Sin embargo, EEUU ahora se apoya en el Estado para transformar la economía otorgando billones de dólares a los consumidores e incluso participando de forma más directa en la planificación industrial. En Europa, donde se valora el papel de los gobiernos, puede que las limitaciones políticas impidan un impulso económico similar.

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