Condoleezza Rice | "En lo más profundo de la pandemia, vi el debate nacional más tóxico"
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Lecciones de la pandemia en primera persona

Condoleezza Rice | "En lo más profundo de la pandemia, vi el debate nacional más tóxico"

Los trabajadores del conocimiento que podían ser productivos en casa tuvieron más facilidades que los trabajadores minoristas y los dueños de pequeñas empresas

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EC.

Llevo más de un año sin salir del país —el periodo más largo desde que tenía 23 años—. El 4 de marzo de 2020, tenía organizado un periodo de enseñanza de 10 días en Oxford y Londres. No acudí. Y estoy más que contenta con ello. He aprendido que ya no quiero volver a viajar como lo hacía antes.

Mi vida profesional en casa está saliendo bien. Me convertí en directora de la Hoover Institution el 1 de septiembre y solo he ido al edificio una vez. Aun así, las conferencias y las actividades de investigación continúan en remoto con una mayor asistencia, dado que viajar ya no es un obstáculo. Los seminarios virtuales y ‘webinars’ están llegando a personas que nunca habrían venido a Palo Alto. Somos productivos y eficientes, pero Stanford es una ciudad fantasma —una universidad sin estudiantes es algo extraño—.

En mi tiempo personal, he aprendido que el entrenamiento y el pilates remoto funcionan perfectamente. También lo hacen las clases de piano por Zoom. Me pasé el verano pasado peleándome con la ‘Balada n.º 4 en fa menor’ de Chopin. Mi profesor de piano se ha jubilado y se ha mudado a Pensilvania, donde seguiremos trabajando juntos 'de forma virtual'. Nunca había pensado hacer eso antes de 2020. Y el golf es un regalo de Dios para la distancia social y un motivo para salir.

placeholder Condolezza Rice, politóloga y diplomática estadounidense, que sirvió como la 66ª secretaria de Estado de Estados Unidos. (EFE)
Condolezza Rice, politóloga y diplomática estadounidense, que sirvió como la 66ª secretaria de Estado de Estados Unidos. (EFE)

No todo ha ido bien. He asistido a funerales por Zoom de cuatro personas a las que quería. He celebrado la Pascua con las caras incorpóreas de mi familia —y tiene pinta de que lo volveré a hacer este año—. Echo de menos las vacaciones con mi familia y amigos. Aun así, mi vida en pandemia es bastante buena. Y me hace sentirme un poco culpable decir eso —porque para muchos es realmente una lucha—.

Me preocupa la desigualdad del trabajo en EEUU, que la pandemia ha revelado tan duramente. Los que trabajamos en un escritorio como yo, que se sientan en casa y siguen siendo productivos, están muy alejados de la realidad de la camarera que está en paro. Me preocupa la pérdida de aprendizaje de los estudiantes, en particular entre los niños más pobres. No entiendo por qué abrir los colegios no se consideró algo esencial.

En lo más profundo de la pandemia, encontré nuestro diálogo nacional tóxico, cuando las élites se burlaban de los propietarios de pequeños negocios que luchaban por trabajar: “¿No entiendes que los confinamientos son necesarios?”. Bueno, sí, pero es fácil decir eso si estás teletrabajando y tienes tu sueldo asegurado. Odié las críticas a las personas religiosas que querían reunirse y rezar, pero no entendí por qué no llevarían mascarilla. Todos éramos tan críticos y no parecía que pudiéramos ponernos en la piel del otro.

Foto: (Reuters)

Pero justo cuando me desanimé por nuestro comportamiento, vi una historia sobre un adolescente que llevaba comida a un vecino mayor o una enfermera decidida a ayudar a una mujer a ver a su marido una última vez —por FaceTime—. Había muchas bondades que celebrar, grandes y pequeñas. Esas fueron señales de que estaríamos bien.

El año pasado fue desconcertante y frustrante por momentos, y revelador y acogedor en otros. Hemos aprendido a recibir lo inesperado con calma. Hablando de inesperado, mis Cleveland Browns ganaron un partido de ‘playoffs’ esta temporada. Tal vez el año que viene —si Dios quiere— pueda ir y verlos jugar.

* Condoleezza Rice es directora de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford, y fue secretaria de Estado de EEUU entre 2005 y 2009.

Llevo más de un año sin salir del país —el periodo más largo desde que tenía 23 años—. El 4 de marzo de 2020, tenía organizado un periodo de enseñanza de 10 días en Oxford y Londres. No acudí. Y estoy más que contenta con ello. He aprendido que ya no quiero volver a viajar como lo hacía antes.

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