Bebés del coronavirus: el número de nacimientos se desploma en los países ricos
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se mantendrá la tendencia negativa

Bebés del coronavirus: el número de nacimientos se desploma en los países ricos

Nueve meses después de que empezara la pandemia, las tasas de natalidad empezaron a descender en muchas economías desarrolladas, según indican los primeros datos

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Foto: EC.

Angela Di Iorio quería estar embarazada de su primer bebé en este momento. En cambio, la italiana de 36 años, que acaba de posponer su boda por segunda vez, está empezando a preguntarse si debería tener hijos. “Nuestro plan siempre ha sido casarnos y formar una familia”, declara Di Iorio, osteópata de Roma cuyo prometido lleva en paro casi un año después de que el gimnasio del que era copropietario se viera obligado a cerrar por las medidas contra el covid-19. “Ya no tenemos el tipo de estabilidad por el que mi pareja y yo habíamos trabajado tan duro. Y me estoy quedando mayor”, dice.

Después de un año de pandemia, los primeros datos y encuestas señalan hacia una caída de la tasa de natalidad en muchas economías avanzadas desde EEUU hasta Europa pasando por el este de Asia, y a menudo sumada a las tendencias de natalidad negativas existentes. Una mezcla de crisis sanitaria y económica está provocando que muchas personas retrasen o abandonen sus planes para tener hijos. Los demógrafos advierten que es improbable que la caída sea temporal, sobre todo si la pandemia y su impacto económico se prolongan.

“Todas las pruebas apuntan a una fuerte caída de las tasas de fertilidad y del número de nacimientos entre países muy desarrollados”, declara Tomas Sobotka, investigador en el Wittgenstein Center for Demography and Global Human Capital de Viena. “Cuanto más se prolongue este periodo de incertidumbre, más efectos permanentes tendrá sobre la tasa de fertilidad”.

Foto: Medidas de prevención del coronavirus.

Un estudio realizado por el grupo de investigación Osservatorio Giovani entre finales de marzo y principios de abril en los cinco países más grandes de Europa Occidental —Alemania, Francia, Italia, España y Reino Unido— descubrió que más de dos tercios de los encuestados que había planeado tener un hijo en 2020 decidió retrasar o descartar sus planes para tenerlo en el próximo año. En EEUU, un estudio del Guttmacher Institute, organización de investigación, descubrió que un tercio de las mujeres encuestadas a finales de abril y principios de mayo quería retrasar la maternidad o tener menos hijos por la pandemia.

La Brookings Institution calculó en diciembre que, como consecuencia de la pandemia, en 2021 nacerían 300.000 bebés menos en EEUU en comparación con el año pasado. Ese cálculo se basa en resultados de encuestas y la experiencia pasada de que un aumento en la tasa de desempleo de un punto porcentual reduce la tasa de natalidad casi un 1%. En muchos países, quedan meses para conocer los datos concretos de nacimientos a finales de 2020. En los que sí hay cifras disponibles, no son alentadoras.

Japón, Francia y Bélgica se encuentran entre los países que registraron caídas excepcionalmente bruscas en los nacimientos nueve meses después de que comenzara la pandemia, en comparación con el año anterior. En Francia, el número de nacimientos en enero había caído un 13,5% respecto al año anterior, una caída mucho más pronunciada que el descenso mensual medio de un 1,7% en los 10 primeros meses de 2020. En Hungría, uno de los pocos países europeos donde la fertilidad estaba creciendo antes de la pandemia, el número de nacimientos cayó drásticamente en diciembre respecto al año anterior.

placeholder Un bebé con una máscara para protegerse del covid. (Reuters)
Un bebé con una máscara para protegerse del covid. (Reuters)

El país más afectado hasta el momento parece ser Italia. La nación tiene una de las poblaciones más envejecidas del mundo y ha lidiado con tasas de natalidad decrecientes durante años, en parte consecuencia de una economía anquilosada que ha dejado a los jóvenes atrás. Después llegó el covid-19, que golpeó Italia pronto y duramente. Los nacimientos en Italia se redujeron un 21,6% en diciembre respecto al año anterior, según una primera previsión de la agencia de estadística italiana en base a datos de 15 grandes ciudades. Eso es una caída más grande que la de los 10 primeros meses de 2020, cuando los nacimientos se redujeron de media un 3,3%. En total, en 2020 en Italia, los fallecimientos casi duplicaron los nacimientos.

La incesante emergencia sanitaria y el continuo esfuerzo por recuperarse económicamente de Italia y Europa implican que la crisis de natalidad seguramente no terminará pronto. Un factor añadido es el impacto a largo plazo de la incapacidad de las personas por empezar nuevas relaciones durante la pandemia. “El fenómeno del declive de la natalidad ha llegado a un nivel sin precedentes”, afirma Maria Vicario, que dirige la asociación nacional de matronas de Italia. “Los problemas que teníamos antes siguen aquí. Además de eso, las bodas se están aplazando y cada vez más parejas jóvenes están en paro. Las personas que pierden su trabajo no pueden pensar en tener hijos”.

Tradicionalmente, las experiencias traumáticas como las pandemias, guerras y crisis económicas a menudo han desembocado en menos nacimientos. Algunos descensos en la natalidad son efímeros y van seguidos de un repunte. Pero, cuanto más dure una crisis, más probabilidades hay de que los posibles nacimientos no solo se aplacen, sino de que nunca sucedan, según los demógrafos. Después de la crisis financiera no hubo ninguna recuperación, por ejemplo. La tasa de natalidad de EEUU —tras llegar a su nivel más alto en décadas en 2007— se desplomó tras la crisis de 2008 y se ha reducido gradualmente desde entonces.

Foto: Ambiente de las calles de Barcelona. (EFE)

El declive de la natalidad es una mala noticia para las economías avanzadas. La gente joven estimula la innovación, lo que impulsa el crecimiento, y es necesaria para financiar las pensiones y los sistemas de atención sanitaria en sociedades envejecidas. La falta de trabajadores hace difícil mantener el crecimiento de la productividad. Eso es una preocupación en China. El país más poblado del mundo ya tenía una tendencia de natalidad negativa debido a los efectos persistentes de su política de hijo único, abolida a finales de 2015 después de tres décadas en vigor. Las parejas chinas ahora pueden tener dos hijos, pero muchas parejas indecisas acerca de tener su primer o segundo hijo aplazaron sus planes en 2020. Las encuestas han identificado preocupaciones que van desde unos ingresos inestables hasta el miedo a contraer el virus en las revisiones durante el embarazo.

Liu Xiaoqing, mujer de 32 años de Pekín, declara que la pandemia le quitó la idea de tener un segundo hijo, algo que ella y su marido habían estado contemplando. La madre de un niño de dos años dice: “Ni siquiera puedo proteger a un hijo de una gran catástrofe como esta con total certeza, mucho menos a dos”. China todavía no ha publicado datos de la población de 2020 a nivel nacional, pero muchos gobiernos locales han presentado caídas porcentuales de dos cifras en el número de nacimientos respecto a 2019.

En Japón, que es el país más envejecido, se ha incrementado la ayuda para tratamientos de fertilidad desde enero

Algunos países están intentando incrementar la ayuda financiera para el matrimonio y el embarazo. En Japón, que es el país más envejecido entre las grandes naciones, se ha incrementado la ayuda para tratamientos de fertilidad desde enero. El número de nacimientos en Japón cayó un 9,3% en diciembre respecto al año anterior, en comparación con una caída media de un 2,3% durante los primeros 10 meses de 2020.

Haruka Matsui dejó de someterse a un tratamiento de fertilidad en diciembre, cuando una nueva ola de casos por covid-19 golpeó Japón. “Complicó mucho que fuera a la clínica”, dice la madre trabajadora de 34 años con un hijo de tres años. Matsui, que se quedó embarazada de forma natural de su primer bebé, tuvo problemas para concebir un segundo antes de empezar su tratamiento en agosto. “Lo pausaré durante un tiempo, no soy tan mayor”.

Angela Di Iorio quería estar embarazada de su primer bebé en este momento. En cambio, la italiana de 36 años, que acaba de posponer su boda por segunda vez, está empezando a preguntarse si debería tener hijos. “Nuestro plan siempre ha sido casarnos y formar una familia”, declara Di Iorio, osteópata de Roma cuyo prometido lleva en paro casi un año después de que el gimnasio del que era copropietario se viera obligado a cerrar por las medidas contra el covid-19. “Ya no tenemos el tipo de estabilidad por el que mi pareja y yo habíamos trabajado tan duro. Y me estoy quedando mayor”, dice.

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