Los bonos y la bolsa: el susto de la semana pasada no será el último
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impulsadas por el miedo inversor

Los bonos y la bolsa: el susto de la semana pasada no será el último

Es probable que las ventas masivas en el mercado, impulsadas por el miedo a unos tipos más altos, se conviertan en un hecho recurrente

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Los inversores deberían acostumbrarse a las sacudidas a las bolsas proporcionadas por el mercado de bonos del Estado en las dos últimas semanas.

Con el descenso de casos de covid-19, millones de estadounidenses vacunados cada semana y otra ayuda gubernamental en camino, han crecido las expectativas sobre lo rápido que crecerá la economía este año. A principios de enero, economistas encuestados por IHS Markit predijeron que el producto interior bruto sería un 4% mayor en el último trimestre de 2021 respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Ahora, esa cifra se sitúa en el 5,5%.

Las expectativas de una economía más sólida son una buena noticia para las perspectivas de beneficios de las empresas, pero también están impulsando los tipos de interés a largo plazo: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años es de un 1,47% ahora, frente a un 0,93% a principios de año. Eso es normal, dado que los tipos a largo plazo suelen aumentar cuando las previsiones económicas mejoran, pero las acciones no solían estar tan caras al principio de las recuperaciones como lo están ahora.

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El S&P 500 cotiza alrededor de 22 veces los beneficios esperados por los analistas para el año que viene, según FactSet, lo que lo sitúa cerca de la relación precio/beneficio más alta en 20 años. En diciembre de 2009, seis meses después de que terminara la última crisis económica, esta ratio en el S&P se situaba en cerca de 14.

Como consecuencia, hasta movimientos ascendentes relativamente moderados en los rendimientos de los bonos del Tesoro y, por consiguiente, el atractivo de los bonos respecto a las acciones pueden provocar contracciones en el mercado. Esto es especialmente cierto para las acciones tecnológicas altamente valoradas, que han estado entre los mayores ganadores del mercado desde la primavera pasada.

Mientras que los crecientes rendimientos de los bonos del Tesoro estén impulsados por una mejor previsión económica, es posible que el mercado sea capaz de soportar unos mayores tipos de interés a largo plazo. Pero eso no significa que el proceso sea agradable. Un problema es que, en vez de ascender gradualmente, puede que los rendimientos de los bonos del Tesoro tengan largos periodos de relativa estabilidad, y después se disparen rápidamente.

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Turno de la Reserva Federal. Las autoridades del banco central han dejado claro que planean mantener los tipos a corto plazo cercanos a cero y seguir comprando bonos del Estado e hipotecarios hasta que la economía esté bien encaminada hacia la solidez, pero si la crisis del coronavirus realmente desaparece, puede que los inversores de bonos del Tesoro cuestionen el compromiso de la Fed de seguir comprando acciones particulares. Eso podría conducir a paroxismos en el mercado de bonos que también agiten los valores. No es difícil vislumbrar escenarios en los próximos meses en los que la Fed vea con preocupación que el mercado del Tesoro está adelantándola y sienta la necesidad de calmar las aguas.

Si la economía mejora realmente durante el año —posibilidad que depende, por supuesto, de que la lucha contra el virus vaya bien—, la bolsa podría encontrarse con un periodo de optimismo general interrumpido por liquidaciones alarmantes impulsadas por los tipos. En otras palabras, puede que las recientes sublimaciones del mercado sean solo un anticipo de lo que está por llegar.

Los inversores deberían acostumbrarse a las sacudidas a las bolsas proporcionadas por el mercado de bonos del Estado en las dos últimas semanas.

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