La sombra de la pandemia: ¿qué nos deparan los próximos años?
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La sombra de la pandemia: ¿qué nos deparan los próximos años?

Incluso cuando el mundo vuelva a la 'normalidad', el legado del covid-19 lo cambiará todo, desde los salarios y los servicios sanitarios hasta las actitudes políticas y las cadenas de suministro globales

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EC.

El pasado marzo, a medida que entraban en vigor los confinamientos en Europa, el sismólogo del Real Observatorio de Bélgica Thomas Lecocq percibió que la Tierra estaba, de repente, más quieta. Todos los días, cuando los humanos ponemos en marcha fábricas, conducimos coches, o incluso simplemente andamos por las aceras, agitamos el planeta. De manera sorprendente, estos traqueteos pueden ser detectados como si fuesen terremotos infinitesimales. Y han parado.

Ya había otros signos que también señalaban hacia un mundo cambiante. La primavera pasada, se hicieron virales muchos vídeos de animales salvajes que se desplazaban a nuestras ciudades. Manadas de cabras montesas, cocodrilos, leopardos e incluso elefantes vagaban por las calles ahora desprovistas de tráfico. Y como la producción se paró, los satélites que monitorizan nuestro planeta miraron hacia abajo y detectaron la desaparición de la contaminación.

Muchos esperan que una vacuna nos salve. Pero una vacuna no nos dará un final rápido. Su invención es solo el primer paso

Sin embargo, mientras el resto del mundo natural se reafirmaba, nosotros los humanos seguíamos sufriendo. Reestructuramos nuestra vida para ralentizar la propagación del virus. Pero nuestras intervenciones solo han podido mitigar, no frenar, la pandemia. Una vez el virus SARS-CoV-2 se había establecido en nuestra especie, después de emerger en China en noviembre de 2019, el resultado era inevitable: se extendería por todo el planeta —y permanecería entre nosotros para siempre—.

Muchos esperan que una vacuna nos salve. Pero una vacuna no nos dará un final rápido. Con todos los diferentes ensayos de vacunas en marcha, finalmente inventaremos distintas vacunas, con una efectividad variable —simplemente no a tiempo para lograr un cambio importante en la fase primaria de la pandemia—. Después de todo, la invención de una vacuna es solo el primer paso. Luego, los medicamentos deben ser fabricados, distribuidos y —lo más importante— aceptados por un número sustancial de personas en todo el mundo. Pero puede que el consumo de la vacuna no sea rápido o generalizado, sobre todo si está en duda su seguridad.

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Un sanitario vacuna a una persona. (EFE)


Seguramente no se realice un gran despliegue de una vacuna antes de que EEUU consiga la inmunidad colectiva —un nivel de contagio en una población, cerca del 40% para el SARS-CoV-2, que limite el mayor potencial epidémico de un patógeno—. Seguramente alcancemos ese punto en 2022 sin importar lo que hagamos. Para ser claros, sin embargo, las vacunas seguirían siendo muy valiosas para proteger a las personas no contagiadas incluso entonces.

En cualquier caso, con o sin una buena vacuna, los estadounidenses vivirán en un mundo profundamente distinto hasta 2022 —llevando mascarilla, evitando espacios concurridos y limitando los viajes, al menos si quieren evitar contagiarse o contagiar el virus—. Este es el 'periodo inmediato' a la pandemia.

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Cuando acabe la pandemia
Juan Gómez Bada

Durante un tiempo, después de que hayamos conseguido la inmunidad colectiva o una vacuna ampliamente distribuida, las personas seguirán recuperándose del impacto clínico, psicológico, social y económico general de la pandemia y los ajustes que ha requerido; seguramente, hasta 2024. Esta respuesta prolongada, típica en graves epidemias anteriores, delimitará el 'periodo intermedio'. Después, de forma gradual, las cosas volverán a la 'normalidad', aunque en un mundo con algunos cambios permanentes. Alrededor de 2024, empezará el 'periodo pospandemia'. Muchas actitudes y prácticas personales, tanto en casa como en el trabajo, han tenido que cambiar a medida que la primera ola de la pandemia nos ha golpeado. El virus mortal suelto, el aislamiento y la economía ralentizada colaboraron para impulsar más autosuficiencia —desde la cocina casera a los cortes de pelo caseros y las reparaciones caseras—. Las personas también asumieron más responsabilidad sobre su propia atención médica y sobre si querían solicitar tratamiento profesional, dado el riesgo de acudir a un centro sanitario.

Millones de personas se refugiaron y trabajaron desde casa, ajustando en consecuencia el ritmo de sus vidas y la distribución del espacio. Millones más estaban en casa porque perdieron su trabajo. Y la pandemia aumentó en gran medida los desafíos para aquellos que no tienen hogar. A pesar de que aumentó la intimidad, porque la gente se centró en quedarse en casa con las personas que conocía, en otros contextos la intimidad disminuyó, gracias a la implementación extendida de tecnologías de vigilancia —desde supervisión en remoto de estudiantes haciendo un examen, hasta aplicaciones de rastreo de contactos—.

Es probable que muchos de los cambios en la forma de hacer negocios, que han sido implementados como respuesta al duro golpe de la pandemia, perduren en los periodos 'intermedio' y 'pospandemia'. Prácticas defendidas durante mucho tiempo por expertos para facilitar la oferta de cuidados médicos por internet de repente se volvieron no solo admisibles, sino que fueron favorecidas de forma activa. Una gran parte de la atención médica se desplazó a internet, para liberar el tiempo de los médicos y reducir la congestión de las instalaciones sanitarias. Los obstetras llevaban a cabo consultas periódicas para embarazos normales por teléfono. Los dermatólogos diagnosticaban problemas leves de piel a través de vídeos de los pacientes. Los psicoterapeutas se trasladaron a internet, con resultados variados. Un compañero médico me contó, respecto a la telemedicina, que "se había conseguido más en dos semanas que en cinco años".

Foto: Imagen de archivo de una aplicación de telemedicina pediátrica. (EFE)


El virus aumentó la demanda de ciertos bienes y servicios —atención médica, test, desinfectante de manos, medicamentos y vacunas, respiradores, EPI y lápidas—. Muchas empresas respondieron en el periodo inicial cambiando su producción. Las destiladoras empezaron a hacer gel desinfectante y los fabricantes de ropa deportiva, mascarillas. Ford, junto con General Electric y 3M, utilizó piezas de coche readaptadas, como ventiladores y baterías, para fabricar respiradores simplificados.

Otras industrias no se pudieron ajustar tan fácilmente. La devastación de negocios que dependen de reuniones públicas se prolongará durante el periodo intermedio de la pandemia. Tan solo a finales de marzo, el 3% de los restaurantes quebraron completamente, y el 11% temían que no sobrevivieran a abril. Incluso cuando reabrieron a finales de primavera, en muchos sitios los restaurantes solo podían funcionar al 50% o menos de su capacidad. Cerca de 15 millones de personas trabajaban en restaurantes como camareros, cocineros y otros, y la mitad vieron cómo desaparecían sus trabajos. Pérdidas similares sacudieron el sector hotelero. Y el sector del entretenimiento. Y el sector de conferencias. Y el sector de alquiler de coches. Y el sector aéreo.

Foto: (EFE)

El efecto dominó a lo largo de la economía ha sido descomunal, y solo hemos visto el principio. Durante el periodo intermedio, las ciudades estarán más apagadas, a medida que desaparecen muchas empresas minoristas, dejando solas a grandes cadenas muy capitalizadas para llenar el paisaje urbano. A medida que las personas siguen pasándose al teletrabajo, los empleadores se darán cuenta de que necesitan menos espacio de oficinas, lo que significa menos guardas, administradores de edificio, agentes de alquiler, etc. Puede que la realidad de tener que acatar órdenes de quedarse en casa para una familia de cuatro en un piso de dos habitaciones no sea algo que quieran repetir, instándoles a buscar vivienda en zonas más rurales y, por ende, cambiando la demanda de la enorme industria inmobiliaria.

La pandemia ya ha provocado una de las mayores crisis mundiales en la historia. Si se vuelve a producir un alto número de muertes este invierno, lo que es probable, y si las personas tienen que mantener las prácticas de distanciamiento social, el impacto económico global de la pandemia de covid-19 se podría asemejar al de la Gran Depresión. Mientras el virus siga presentando una amenaza material para la vida, mucha gente no querrá retomar por completo actividades normales o muchos hábitos de consumo prepandémicos. Esta reducida demanda mantendrá inevitablemente a EEUU en crisis durante el periodo intermedio.

De la 'producción ajustada' de antes de la pandemia se podría pasar a cadenas de suministro 'por si acaso'

Mientras las destilerías han vuelto a producir licor y Ford ha vuelto a fabricar coches, hay otros cambios estructurales en nuestra economía que podrían ser duraderos. Las cadenas de suministro globales podrían disminuir y en algunos casos puede que veamos una repatriación total de la producción en ciertas industrias; por ejemplo, en las farmacéuticas o en maquinaria de alta tecnología. Antes de la pandemia, el énfasis estaba en la 'producción ajustada', con una distribución de partes solo cuando se necesitaban en el proceso de producción. En el periodo pospandemia, el énfasis podría pasar en cierta medida a cadenas de suministro 'por si acaso', destacando la proximidad y la certeza de envío.

Las condiciones laborales también cambiarán. Antes de la pandemia, menos de la mitad de los trabajadores por turnos en EEUU tenían acceso a un permiso por enfermedad pagado, así que la mayoría seguía yendo al trabajo cuando estaban enfermos. Pero la dinámica de una enfermedad contagiosa dejó bastante claro por qué era una mala idea, así que muchas empresas, desde Apple hasta negocios de pizza a domicilio, cubrieron las bajas por enfermedad de los trabajadores por turnos por primera vez en su historia. Seguramente tales medidas se prolongarán una vez el virus desaparezca, ya sea porque las empresas ven su prudencia, los legisladores lo imponen o los trabajadores lo exigen.

El cambio al teletrabajo también se mantendrá. Algunas empresas ya han suprimido el trabajo en oficina, y otras seguirán su ejemplo. Natarajan Chandrasekaran, CEO del grupo indio Tata, prevé que la mayoría de los 450.000 empleados de Tata Consultancy Services, una de las empresas de consultoría de negocio más grandes del mundo, seguirá trabajando desde casa después de la pandemia. "La interrupción digital es tan importante que la mayoría de nosotros no llegamos a entender su grado", declara Chandrasekaran. "La pandemia ha acelerado las tendencias digitales que continuarán cuando se haya acabado".

placeholder Un hombre teletrabaja desde su domicilio en Madrid. (EFE)
Un hombre teletrabaja desde su domicilio en Madrid. (EFE)

El revés del periodo intermedio a la globalización y la vida urbana parece que no persistirá más allá de 2024, porque los beneficios económicos de dichas tendencias a largo plazo son muy atractivos. Pero habrá otras secuelas persistentes del virus y nuestras respuestas al mismo. Si utilizamos la historia como guía, parece probable que el consumo vuelva con ganas. Los periodos de austeridad por plagas han solido estar acompañados de periodos de gasto abundante.

Agnolo di Tura, zapatero y recaudador de impuestos que hizo una crónica sobre la Peste Negra en 1348, escribió: "Y después, cuando se aplacó la peste, todos los que sobrevivieron se entregaron al placer: monjes, sacerdotes, monjas y laicos y mujeres disfrutaron, y nadie se preocupó por gastar o apostar. Y todos se sintieron ricos porque habían escapado y recuperado el mundo, y nadie sabía cómo permitirse no hacer nada".

Si los felices años veinte que siguieron a la pandemia de 1918 sirven de guía, la intensificada religiosidad y abstinencia de los periodos inmediato e intermedio podrían dar paso a un aumento de manifestaciones de toma de riesgos, intemperancia y alegría de vivir en el periodo pospandemia. La gente buscará como loca oportunidades de reuniones sociales a mayor escala en eventos deportivos, conciertos y mítines políticos.

La pandemia ha desvelado la dependencia de los trabajadores esenciales de bajos salarios y se esperan leyes que los protejan mejor

Puede ser difícil desentrañar los distintos factores que han tenido un impacto económico negativo durante la pandemia. Los virus pueden hacer enfermar y matar a la gente y comprometer la economía de forma directa. Al mismo tiempo, las precauciones que la gente toma, como no gastar o evitar las interacciones sociales, pueden tener consecuencias negativas por sí solas, completamente al margen del virus.

Un análisis cuidadoso reciente de la pandemia de la gripe española de 1918 en EEUU concluye que fue la propia pandemia la que debilitó la economía, no las intervenciones de salud pública. Además, las ciudades que implementaron medidas más estrictas al principio del curso de la pandemia vieron a sus economías recuperarse más rápidamente cuando se terminó. Reaccionar 10 días antes de la llegada de la pandemia, por ejemplo, aumentó el empleo manufacturero un 5% cuando empezó la recuperación.

El coronavirus podría perfectamente incrementar los salarios en EEUU. La pandemia ha desvelado la dependencia del país de los trabajadores esenciales de bajos salarios, y se esperan leyes que consagren mejor las protecciones de los trabajadores en el periodo pospandemia. Son áreas de posibles mejoras los permisos por enfermedad y familiares pagados, horarios de trabajo más flexibles y quizá subvenciones para el cuidado infantil. Esto es especialmente probable si hay un activismo político constante más allá de la explosión inicial de simpatía por los empleados de los supermercados, los repartidores y el personal de las residencias de ancianos.

Foto: Un hombre teletrabaja desde su domicilio. (EFE) Opinión

La pandemia llegó en un momento en el que la desigualdad de ingresos en EEUU ya estaba en máximos centenarios, algo que muchos estadounidenses consideran cada vez más insostenible. Puede que la gente aprecie más a los trabajadores esenciales, pero poco atractivos, que mantienen sus vidas en marcha y sea más comprensiva con las demandas salariales.

Por último, habrá consecuencias a largo plazo para la salud. Para un gran número de niños estadounidenses en circunstancias desfavorecidas, las consecuencias pueden prolongarse durante años. Algunos habrán vivido la pandemia como una experiencia traumática de su infancia —sobre todo si sus padres perdieron su trabajo o su vida—, y su memoria perdurará. Puede que la pandemia intensifique tendencias de salud mental ya preocupantes para los jóvenes, como problemas de conducta y tasas de suicidio ascendentes.

Foto: Imagen: Pablo López Learte.

Las pruebas ya calculan que hasta el 5% de las personas que enferman gravemente de covid-19 sufrirán minusvalías significativas a largo plazo de diferente intensidad, incluidas fibrosis pulmonar, insuficiencia renal y consecuencias cardíacas o neurológicas. Solo el paso del tiempo puede revelar el alcance total de estos problemas.

Desgraciadamente, en respuesta al deseo de la gente de simplicidad y certeza frente a una emergencia de salud pública compleja, el presidente Trump y otros políticos y figuras públicas han sido responsables de mentiras y consuelos falsos. Desde el principio, han promulgado información que era claramente científicamente falsa. La transmisión asintomática es posible. Las mascarillas sí reducen la transmisión. El covid-19 es mucho más serio que la gripe.

Después de tal extensa devastación, la gente suele sentir no solo un renovado sentido del propósito, sino un nuevo sentido de posibilidad

Puede que una consecuencia de la pandemia del coronavirus sea que la sociedad empezará a tomarse la información científica y a los científicos más en serio. En tiempos medievales, la incapacidad manifiesta de gobernadores, sacerdotes, médicos y otros en puestos de poder para controlar la plaga llevaron a una pérdida general de la fe en las instituciones políticas, religiosas y sanitarias correspondientes, y a un fuerte deseo de nuevas fuentes de autoridad.

Es posible que la incapacidad de nuestras instituciones políticas para luchar contra el virus tenga implicaciones parecidas. La expectativa de la ciudadanía de una acción estatal efectiva seguramente aumentará en los periodos inmediato e intermedio, si los fallecimientos continúan o se disparan. Y si la respuesta sigue siendo incompetente, la confianza en las instituciones políticas existentes decaerá. Los muchos errores del gobierno de EEUU en todos los niveles a la hora de enfrentarse a la pandemia, especialmente en comparación con otros países, pueden resultar en un cambio en las preferencias políticas que pretenda romper el orden existente.

Cuanto más empeore la pandemia, más esperará la gente de sí misma, de los demás y del Estado. Como muestra la historia, después de tal extensa devastación, la gente suele sentir no solo un renovado sentido del propósito, sino un nuevo sentido de posibilidad.

El pasado marzo, a medida que entraban en vigor los confinamientos en Europa, el sismólogo del Real Observatorio de Bélgica Thomas Lecocq percibió que la Tierra estaba, de repente, más quieta. Todos los días, cuando los humanos ponemos en marcha fábricas, conducimos coches, o incluso simplemente andamos por las aceras, agitamos el planeta. De manera sorprendente, estos traqueteos pueden ser detectados como si fuesen terremotos infinitesimales. Y han parado.

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