El FMI y la política fiscal: ¿y si el mundo tiene que volverse más chino?
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El FMI y la política fiscal: ¿y si el mundo tiene que volverse más chino?

Nuevas investigaciones del FMI sugieren que el mundo rico debería incrementar considerablemente la inversión pública al estilo de lo que ya hace Pekín

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El FMI y la política fiscal: ¿y si el mundo tiene que volverse más chino?

China gasta demasiado en infraestructuras. EEUU y otros países ricos, está ampliamente aceptado, invierten demasiado poco. Ahora, el Fondo Monetario Internacional, que ha sido siempre defensor de la rectitud fiscal, está sugiriendo que los países ricos avancen un poco más en la dirección de China, incrementando sustancialmente la inversión pública.

Una confluencia de factores atípica indica que la nota del FMI de la semana pasada puede estar en lo cierto. Los tipos de interés están cerca de mínimos históricos. Las existencias de capital público de los países ricos, especialmente EEUU, se han reducido enormemente. El nivel de incertidumbre acerca del crecimiento es especialmente alto, incluso en comparación con crisis pasadas.

Y los vientos políticos están cambiando: cuando la pandemia se apacigüe, seguramente se vean esfuerzos importantes por diversificar las cadenas de producción de China. Para aprovecharse, los países necesitan infraestructuras sólidas —tanto las de material firme como una población sana y bien educada e instituciones de investigación bien financiadas—.

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Estudios recientes sobre la inversión pública destacan algunas tendencias interesantes. Un documento de trabajo del Banco Mundial concluyó que, mientras que el rendimiento de la infraestructura y la inversión pública fue más elevado en China que en EEUU durante la mayoría de los años ochenta, noventa y dos mil, durante la mayoría de la última década ha sucedido lo contrario.

El FMI ha llegado a conclusiones similares: culpa de gran parte de la ralentización en el crecimiento de productividad de China —que se ha reducido casi a la mitad desde 2009— a los rendimientos decrecientes de la inversión en infraestructura. Pero señala que el capital público de los países ricos se ha reducido enormemente en comparación con el rendimiento desde principios de los años noventa. Solamente arreglar todas las carreteras y puentes de EEUU costaría aproximadamente el 3,5% del PIB, según el organismo.

Curiosamente, el FMI también refleja que cuando hay mucha incertidumbre económica —medida por lo dispersas que son las estimaciones de crecimiento de los analistas—, la política fiscal también provoca inversión en el sector privado, quizá porque las empresas privadas reciben un impulso fiscal como una señal firme de un compromiso del Gobierno con el crecimiento y la estabilidad. El FMI expone que una expansión de inversión fiscal inesperada del 1% en periodos de gran incertidumbre conduce a un incremento en los rendimientos de cerca del 2,7% y un aumento de la inversión privada del 10,1% tras dos años —pero tiene un impacto negativo leve en ambos cuando hay poca incertidumbre—.

El FMI explica que cuando las empresas están fuertemente apalancadas, el impacto positivo en la inversión privada desaparece

Y efectivamente ha habido mucha incertidumbre en 2020: los datos del FMI muestran que la desviación estándar de las previsiones de crecimiento de EEUU y la eurozona a principios de 2020 fue varias veces mayor que incluso a finales de 2008. Lo que eso significa es que, ahora mismo, impulsar la inversión pública podría tener un gran impacto.

Sin embargo, hay algunas salvedades importantes. El FMI detecta que cuando las empresas están fuertemente apalancadas, las pruebas de un impacto positivo en la inversión privada desaparecen. Para EEUU, donde el apalancamiento empresarial ha aumentado rápidamente en los últimos años y dado un salto incluso mayor como resultado del coronavirus, eso puede socavar los beneficios. Los márgenes de los bonos basura en EEUU se han reducido drásticamente desde su pico esta primavera, pero se siguen manteniendo en niveles más altos que los de finales de 2019.

China ha ido demasiado lejos en la construcción de infraestructura y ya ha pagado un precio importante en productividad perdida. Pero puede que para los países ricos que han corrido demasiado lejos en la dirección opuesta en las últimas tres décadas —especialmente, aquellos en los que las empresas han sido relativamente prudentes— ahora sea un momento excepcionalmente bueno para invertir en los fundamentos oxidados de la economía.

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