Una vacuna contra el covid... Y después, ¿qué?
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Una vacuna contra el covid... Y después, ¿qué?

La preparación para la siguiente pandemia será larga una vez el covid-19 se haya ralentizado. Puede que eso sean buenas noticias para partes de la industria de la salud

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Es probable que los efectos de la crisis del coronavirus se manifiesten en la economía en los años venideros. Para el sector sanitario, no son todo malas noticias.

Los datos económicos han mejorado en todo EEUU en los últimos meses, lo que ha conducido a un fuerte repunte del mercado bursátil. Pero el aumento del recuento de casos de covid-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, y el retroceso generalizado en los planes de reapertura de los estados plantean una preocupación evidente. Exceptuando una desaceleración inesperada en la propagación del virus, puede que la gran esperanza de los inversores dependa únicamente de la llegada al mercado de una vacuna contra el covid-19, tal y como reflejan las cotizaciones en bolsa.

La industria médica ha impulsado la investigación a un ritmo vertiginoso. En una situación normal, el proceso de desarrollo de una vacuna puede durar cinco años o más, pero algunas empresas esperan tener datos sobre una fase avanzada de la vacuna para otoño.

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Por supuesto, el éxito en clínica no es garantía de nada: directrices publicadas por la FDA afirman que cualquier vacuna debería ser al menos un 50% más efectiva que un placebo a la hora de prevenir la enfermedad, un nivel muy alto.

Los especialistas tienen confianza. Según una encuesta realizada a 50 ejecutivos e inversores del área de la salud realizada por Stifel, casi todos esperan que, a la larga, se apruebe una vacuna en EEUU. Más de la mitad de los encuestados esperan que la aprobación tenga lugar a finales de año o en el primer trimestre de 2021.

Pero la aprobación regulatoria no implica que llegue a los pacientes. Después de todo, acelerar la producción para satisfacer una demanda sin precedentes es un gran desafío. Luego está la cuestión de la prioridad: los miembros del servicio militar, el personal sanitario y otros trabajadores esenciales probablemente reciban la dosis mucho antes que el resto de la población. En la encuesta, el 40% de los entrevistados espera que la vacuna sea accesible para todos a finales de 2021, y el 36% no lo espera hasta 2022 o más tarde.

Foto: Soldados del Ejército Popular de Liberación de China (PLA) con máscaras protectoras marchan más allá de la entrada a la Ciudad Prohibida en Pekín (EFE)

A corto plazo, eso supone malas noticias para el sistema hospitalario de EEUU. Se estima que los hospitales perderán más de 300.000 millones de dólares entre marzo y finales de año como consecuencia de un volumen reducido de pacientes con tratamientos diferentes al del covid-19, según la Asociación Americana de Hospitales, 'lobby' del sector. La ayuda del Gobierno solo cubrirá una parte de esa pérdida. El hecho de que la mayoría de hospitales sean privados es un mal presagio para muchos proveedores de dispositivos y equipos quirúrgicos.

Y, una vez hayamos dejado atrás el covid-19, su impacto psicológico tendrá efectos prolongados en la economía. La mayoría de encuestados por Stifel espera otra pandemia en el plazo de una década, y el 90% espera importantes inversiones por parte de los gobiernos para prepararse ante esa posibilidad.

Ese miedo podría disparar significativamente las ventas de cosas como camas de hospital, terapias antivíricas, reservas de test y servicios de telemedicina. "Durante las últimas décadas, la mentalidad empresarial que ha prevalecido ha sido la de eliminar la redundancia", dice Declan Quirke, banquero del sector médico en Stifel. Los últimos acontecimientos podrían invertir esa mentalidad en esta industria, sostiene. Como resultado, el gasto sanitario en EEUU, que ya supone cerca del 18% del PIB, podría adquirir todavía más peso en la economía en los próximos años.

Al menos para esta industria, la sombra del coronavirus debería tener un rayo de luz.

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