Querida América: una guerra fría con China saldrá muy cara
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Querida América: una guerra fría con China saldrá muy cara

El divorcio que están escenificando Estados Unidos y China puede acabar convirtiéndose en un proceso tremendamente caro para los ciudadanos estadounidenses

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Los divorcios son caros. Llevan aparejados sacrificios financieros a cambio de independencia y paz mental. La ruptura que están escenificando Estados Unidos y China no va a ser diferente.

En plena pandemia y tras los agresivos movimientos de Pekín en Hong Kong, las voces en Occidente que piden cortar lazos con China se han vuelto más numerosas. El presidente de EEUU, Donald Trump, ya se planteó en mayo "cortar toda la relación", mientras que los políticos franceses y australianos han expresado sus preocupaciones. Estados Unidos ya estudia la creación de un fondo de 25.000 millones para que sus empresas en suelo chino vuelvan a casa, según Reuters, y ha reanudado su pugna con Huawei. Washington también ha congelado las visas para estudiantes y trabajadores

El enorme mercado chino es difícil de ignorar: las inversiones directas de EEUU en el gigante asiático han fluctuado alrededor de los 15.000 millones anuales desde 2012, según los datos de Rhodium Group. En cualquier caso, el choque actual entre dos competidores geopolíticos, tecnológicos e ideológicos parece inevitable.

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Los costes serán sustanciales para ambos. La dependencia estadounidense de China no se limita a las mascarillas o los iPhones. Las empresas del gigante asiático son clientes muy importantes de la alta tecnología norteamericana, y sus estudiantes ayudan a financiar las universidades de EEUU.

Pese a que la inversión federal en investigación se ha estancado en la última década, las universidades estadounidenses se mantienen a la cabeza en innovación y ciencia. Uno de los grandes motivos es la llegada de talento extranjero. Los estudiantes chinos son los clientes más importantes, ya que suponen un tercio de todos los extranjeros. Se gastaron 13.900 millones en educación y en vivir en EEUU en 2017. Eso es la mitad del presupuesto federal para investigación en universidades de ese año, según Pew Charitable Trusts. Un alto porcentaje de ellos estudia ciencia y luego trabaja para tecnológicas estadounidenses.

A su vez, en China hay ejércitos de personas en la conocida como 'iPhone City', y en otras grandes zonas de fabricación que producen los dispositivos de Apple a tal velocidad que la compañía solo tiene reservas de inventario para una semana. Eso le da ventaja frente a su gran rival, Samsung, que produce sus propios modelos y que ha tenido unos 60 días de inventario de media en los últimos cinco años. Estrechar lazos con Vietnam, Taiwán o México puede ayudar a EEUU a diversificar su cadena de producción, pero será difícil que puedan replicar la economía de escala china.

placeholder Oficinas de Foxconn, el mayor proveedor de Apple. (Reuters)
Oficinas de Foxconn, el mayor proveedor de Apple. (Reuters)

La inversión en I+D en EEUU lleva décadas instalada en el 2,5% del PIB. El problema es que actualmente el gasto real apenas alcanza el 0,7%. El sector privado se ha encargado de mantener el ritmo, gracias sobre todo a una integración con China que les ha permitido acceder a su enorme y barata fuerza de trabajo.

Renunciar a las ventas de tecnología estadounidense a China puede ralentizar el progreso asiático, pero también hará daño a EEUU, sobre todo si los chinos se lo compran a otros. Mientras, Pekín continúa aumentando el gasto en I+D, que al comienzo del milenio apenas alcanzaba los 10.000 millones, pero que para 2018 ya llegaba a los 300.000 millones, solo por detrás en volumen total de EEUU. Cortar las relaciones afectará al desarrollo tecnológico chino, pero dado lo rápido que se han puesto a la altura, parece imposible que el daño sea grave.

Todo esto no quiere decir que las preocupaciones en el ámbito de seguridad de EEUU no tengan fundamento. Comprar equipamiento clave a un potencial rival militar no parece la mejor idea. Cualquier colaboración que tenga implicaciones para la seguridad debería ser objeto de una rigurosa investigación y gran parte de los bienes sanitarios deberían ser producidos en suelo propio.

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Bienvenidos a la nueva guerra comercial
Nathaniel Taplin The Wall Street Journal

Pero los dirigentes estadounidenses en materia de seguridad deberían tener claro que eliminar la cadena de suministros y los vínculos a nivel educativo con China afectará a la propia competitividad norteamericana. Si esto ocurre, hará falta mucha más inversión pública para cubrir los gastos de investigación. Eso seguramente provoque una subida de impuestos y un acercamiento a India y otras naciones que puedan aliviar la ausencia china. Los ciudadanos de EEUU tendrían que pagar mucho más para permitirse el lujo de una cadena de suministros más segura y diversificada.

Estados Unidos lleva mucho tiempo siendo la primera potencia tecnológica y económica. Puede que consiga mantener esa posición incluso con vínculos más débiles con los países emergentes, pero solo si los estadounidenses y su Gobierno están dispuestos a hacerse cargo de la factura y a asumir una todavía mayor integración económica con sus aliados.

Los divorcios son caros. Llevan aparejados sacrificios financieros a cambio de independencia y paz mental. La ruptura que están escenificando Estados Unidos y China no va a ser diferente.

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