El trasfondo de las protestas en EEUU: así va el sueño (afro)americano
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El trasfondo de las protestas en EEUU: así va el sueño (afro)americano

Las protestas en las calles de las ciudades estadounidenses ponen de manifiesto las diferencias económicas y salariales que hacen a los afroamericanos más vulnerables

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En la década anterior al covid-19, el contexto económico de los afroamericanos, muy golpeado por la recesión de 2007-2009, había mejorado poco a poco. Pero el confinamiento para frenar la pandemia y, esta semana, la muerte de George Floyd a manos de un agente de policía, han provocado una escalada de rabia y de protestas con momentos de violencia.

Estos acontecimientos han puesto de relevancia las desigualdades que siguen acompañando a los afroamericanos, a nivel sanitario, económico y en cuanto al trato del sistema judicial.

Entre 2011 y febrero, la tasa de desempleo en la comunidad afroamericana bajó del 16% al 5,8%, cerca del nivel más bajo desde que se empezó a medir a principio de los 70. Aun así, la cifra duplicaba la del paro de personas blancas. El porcentaje de población activa que tenía empleo mostró una mejora todavía mayor: en febrero era del 59% en la comunidad afroamericana, dos puntos por debajo de la blanca. Era la diferencia más baja desde 1972. Las subidas en los salarios de los afroamericanos también se estaban acelerando.

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En cualquier caso, las diferencias en ingresos y riqueza se han mantenido. En 2018, los ingresos de una familia afroamericana, ajustados a la inflación, eran un 5% más bajos que en el 2000, mientras que los de una familia blanca eran un 6% mayores. Esa brecha no ha variado con el tiempo.

Todos los grupos raciales sufrieron la crisis financiera de 2008, pero los afroamericanos se están recuperando mucho más despacio. En 2016, el hogar medio tenía un valor de 18.000 dólares, muy por debajo de los 171.000 de las familias blancas.

"Están afrontando esta crisis con una vulnerabilidad extrema. Los trabajadores afroamericanos y latinos tienen los porcentajes más bajos de empleos que se pueden hacer desde casa, y tienen más probabilidades de pertenecer a una industria considerada esencial", explica Ellora Derenoncourt, economista que se va a incorporar a la Universidad de Berkeley.

Michael Nutter, exalcalde de Filadelfia, ha señalado que el coronavirus es más dañino en los afroamericanos, dejando a muchas familias sin sostén. Con los colegios cerrados, los niños afroamericanos tienen menos recursos para asistir a clases online que compañeros que viven en suburbios. Las empresas, incluyendo las más pequeñas, en Filadelfia están ya reabriendo sus puertas, pero muchas no lo podrán hacer por el daño provocado por las protestas y los saqueos. "Habrá ciudades que tardarán en recuperarse años de estos niveles de daños, enfermedad y muerte", dice Nutter.

En 2007, Nutter, por entonces miembro del consejo de la ciudad, ayudó a situar el centro comercial ShopRite en Parkside, uno de los barrios más pobres y con mayor tasa de comunidad afroamericana que está en el oeste de Filadelfia. Se convirtió en un punto de referencia para la zona comercial del barrio y fue la fuente de muchos empleos para los residentes.

Con la pandemia, el ShopRite tuvo que cerrar y las tiendas adyacentes fueron saqueadas. "Los afroamericanos no tienen trabajo y tampoco un lugar donde conseguir comida en medio de la pandemia", lamenta Nutter, que vive en esa zona.

Jeff Brown, presidente de Brown's Super Stores, una cadena regional que opera el ShopRite, explica que esa "es la única tienda en la zona. Me siento fatal. Nosotros, los líderes de la comunidad y los funcionarios electos, hemos hecho todo lo que hemos podido y hemos demostrado que podía funcionar. Es descorazonador ver que las tiendas están cerradas".

Debido a que tienen menos activos y ahorros en los que apoyarse, las familias afroamericanas suelen tener que recortar sus gastos mucho más que las familias blancas cuando sufren un 'shock' de ingresos como el actual, afirma Damon Jones, economista de la Universidad de Chicago.

En cualquier caso, las empresas pueden verse obligadas a aumentar los salarios para convencer a los trabajadores de aceptar empleos en primera línea, apunta Jones. "Si el riesgo de ir a trabajar es mayor, por la exposición a un contagio de la enfermedad, no está claro que los salarios mínimos previos a la pandemia sean los adecuados", dice.

Foto: Protesta organizada por 'Black Lives Matter' en Países Bajos en junio de 2020 (EFE)

Las perspectivas de los afroamericanos van a depender de la salud de sus ciudades y barrios, que han sido duramente golpeados primero por la pandemia y ahora por los disturbios. Nutter explica que la pandemia "va a obligar a los condados y las ciudades a subir impuestos... o a recortar en servicios básicos para sus ciudadanos".

Nutter señala que muchos de los problemas que afrontar los afroamericanos ya los destacó la Comisión Kerner de 1968, que culpó a la ausencia de oportunidades económicas y la segregación de los afroamericanos de los disturbios que se produjeron en muchas ciudades de EEUU entre 1965 y 1968.

Esos disturbios hundieron el valor de las propiedades de los afroamericanos durante décadas, según un estudio. Pero William Collins, economista de la Universidad de Vanderbilt, uno de sus autores, explica que ese marco no es el adecuado para la actualidad. Muchos afroamericanos se han mudado a los suburbios y la economía de las ciudades es mucho más robusta que en los 60, en plena desindustrialización. De hecho, muchas de ellos han aumentado empleo y población en los últimos años. La mayoría de los daños de esta semana se han hecho a comercios y oficinas.

Un factor clave es como afectan las protestas a las relaciones entre la comunidad afroamericana y la policía. Pueden "derivar en leyes que hagan más fácil criminalizar a la gente o en más honestidad en la forma en la que se ve a las fuerzas del orden", dice Jones.

Derenoncourt dice que la llegada del salario mínimo en 1960 a industrias con un alto porcentaje de afroamericanos tuvo un gran impacto a la hora de reducir la desigualdad con la población blanca. Como señala, el salario mínimo lleva una década sin cambios. "Es posible que la mejor manera de cerrar la brecha racial sea a través de políticas más sencillas", dice.

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