Nihilismo en el mercado: por qué suben las bolsas si el mundo está en llamas
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Nihilismo en el mercado: por qué suben las bolsas si el mundo está en llamas

Pudiera parecer que los mercados viven en un mundo ajeno, diferente del que habitamos los demás, en el que no existen las pandemias ni las tensiones comerciales

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Todo el mundo está inmerso en un 'shock' sin precedentes... menos los mercados financieros, que se mantienen inconscientemente alegres. El S&P 500 acumula ya una ganancia del 5% en los últimos 10 días, tras cerrar en verde las dos primeras sesiones de esta semana.

Puede parecer ilógico, pero no lo es. Los mercados se preocupan únicamente por la evolución de una serie de medidas, hasta el punto de que lo demás les da igual. Por ejemplo, el hecho de que los rescates puestos en marcha por los gobiernos estén funcionando ha alejado la posibilidad de caer en manos de los peores escenarios posibles.

EEUU está viviendo protestas a una escala que no se había visto en medio siglo, a la vez que Washington y Pekín aumentan la tensión con Hong Kong de por medio. Todo ello en paralelo a una pandemia devastadora. Pero ni siquiera ese explosivo cóctel ha conseguido alejar a los mercados de los niveles de relajación que viven. La diferencia entre los bonos del Tesoro y los bonos basura, incluyendo los de sectores como energía o industria, ha bajado a 5,5 puntos porcentuales, tras situarse en 9,7 puntos en marzo.

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Los mercados se han sacudido el estrés geopolítico —poco importan los lanzamientos de misiles de Corea del Norte o la tensión en Oriente Medio—, pero la diferencia entre lo que está ocurriendo en el mundo real y en los mercados es extrema. Los analistas ya reconocen que los resultados de un año no tienen por qué afectar excesivamente a la valoración de una compañía, siempre que reboten en los meses siguientes o incluso en el año posterior.

Lo fundamental es que ese rebote se produzca relativamente rápido. Si la primera fase de esa recuperación es la confirmación de que los bancos centrales están dispuestos a tomar medidas excepcionales para rebajar la tensión de los mercados, la segunda es la capacidad de los reguladores para cocinar ese rápido rebote en un año a través de reformas fiscales.

Los datos dan la razón a los optimistas: pese al colapso de la economía, los ingresos personales se dispararon un 10,5% en EEUU entre marzo y abril, sobre todo gracias a los cheques que el Gobierno mandó a los hogares.

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Movimientos similares han tenido efectos parecidos en todas partes del mundo: el fondo de 750.000 millones de la Unión Europea ha superado las expectativas, algo parecido a lo que ha sucedido con el billón que dedicará Japón a su propio plan de recuperación. El país nipón ha asegurado que al menos un tercio será en gasto directo.

Los próximos pasos a dar van a ser más complicados. En EEUU, ya se debate qué estímulos hay que poner en marcha tras las primeras fases. También hay dudas sobre cómo implementar más ayudas, y cuál debe ser la cuantía, una vez que los subsidios por desempleo acaben a finales de julio. Todavía está por ver como se reajustan las medidas fiscales.

Lo que ocurra con las políticas de estímulos y los ingresos no es lo único que importa, claro. Pero mientras la expansión del virus se mantenga bajo control en las grandes potencias económicas con una eventual vacuna en el horizonte, va a ser lo único en lo que piensen los mercados.

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