Cuidado con el 'Green Deal' europeo: los ricos serán todavía más ricos
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Cuidado con el 'Green Deal' europeo: los ricos serán todavía más ricos

El paquete europeo de ayudas para la recuperación por el golpe de la pandemia podría aumentar las diferencias en la región y afianzar el dominio de los países más ricos

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Uno de los grandes problemas de la economía europea es la división entre el núcleo de países ricos y la periferia. Paradójicamente, los ambiciosos planes poscovid para reconstruir la región podrían agrandar todavía más esta división.

Esta semana, la Unión Europea propuso un plan de 1,85 billones de euros, incluyendo el esperado Fondo de Reconstrucción de 750.000 millones. Este último tiene dos objetivos principales: darle vida a la economía de los países del sur, los que más han sufrido el golpe del virus, y ayudar a provocar una transformación industrial centrada en el 'Green Deal' europeo y la digitalización.

Los detalles todavía no se han desvelado completamente y, de hecho, el plan necesita ser aprobado por los gobernantes de los países miembros. Pero tiene un problema que puede resultar grave: esa estrategia industrial podría afectar de lleno al objetivo de cerrar las heridas abiertas de Europa.

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Algunos sectores, como el industrial o el tecnológico, son mucho más productivos que otros, como la agricultura o el turismo, y ese es el motivo por el que los países solo se han enriquecido a través de la especialización en los primeros. En esos sectores son importantes las ingentes economías de escala y el 'know-how', que se acaban imponiendo en el mercado.

Habitualmente, también son sectores creados como parte de una estrategia estatal. China tiene gigantes tecnológicos para competir con Google o Amazon porque protege su propio mercado, algo que la Unión Europea no hace. La potente industria alemana es, todavía a día de hoy, el resultado de una estrategia estatal creada tras la II Guerra Mundial.

Los últimos 40 años de integración europea han expandido los mercados a los que exporta la especializada Alemania, a expensas de la industria de países como Italia o España. El porcentaje de trabajadores en sectores que produzcan bienes exportables —habitualmente los más productivos—, se ha hundido en estas naciones, aumentando la brecha provocada por la automatización y la globalización.

Foto: Reuters.

La UE ha enviado grandes cantidades de dinero a los países más pobres en las últimas décadas. Buena parte de ese capital se ha gastado con poco cuidado: España tiene una red de trenes de alta velocidad más grande que Japón, pese a tener un tercio de la población. En muchos casos, utilizar esos fondos para construir campeones locales hubiera supuesto una violación de las leyes europeas sobre ayudas estatales.

Esas normas se han relajado durante esta crisis. En momentos como estos, en cualquier caso, es cuando los países más ricos pueden gastar dinero en cosas útiles. Las empresas alemanas son las mayores receptoras de los fondos aprobados por la Unión Europea desde el pasado febrero.

Por contra, España no tiene la estructura industrial como para reformular una estrategia que evite el cierre de la factoría del gigante japonés Nissan en Barcelona. El país vendió su único fabricante local, Seat, a Volkswagen en 1986. Renault, socio de Nissan, ha sobrevivido al golpe del covid-19 gracias a las ayudas públicas del gobierno francés y gracias a eso se está posicionando como líder del sector en Europa.

Protestas ante la fábrica de Nissan en la zona franca de Barcelona. (EFE)
Protestas ante la fábrica de Nissan en la zona franca de Barcelona. (EFE)

La Unión Europea se ha impuesto a ciertas ayudas con el argumento de que crean ganadores y perdedores, pero en los últimos años ha empezado a aceptar un punto de vista más paneuropeo. Esto, claro, también va a crear ganadores: aquellos países que ya tienen la escala y la propiedad intelectual, como Alemania, Francia o los países Escandinavos y su especialización en energía renovable. Es revelador que Tesla haya elegido las afueras de Berlín para instalar su factoría europea, en vez de irse a los países mediterráneos donde todo es más barato.

Por supuesto, una estrategia industrial paneuropea podría estar diseñada para repartir los beneficios a todos, pero el balance de poder en la UE hace que esta realidad quede muy lejos. Por si fuera poco, las nuevas tecnologías —y el coche eléctrico no es una excepción— suelen requerir menos personal para su fabricación, lo que supone un desafío más para el escenario pospandemia.

Los inversores deberían ser escépticos a la hora de mirar el paquete de ayudas como una verdadera revolución o como un catalizador de la unión en la región. Podría ser fácilmente lo que acabe por intensificar el viaje hacia el norte de la riqueza Europa.

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