Musk hace historia: el primer vuelo comercial en poner personas en el espacio
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Musk hace historia: el primer vuelo comercial en poner personas en el espacio

La misión de este miércoles será la primera en partir desde suelo estadounidense en casi una década, y ansía reenfocar el escenario actual de la exploración espacial

Foto: EC.
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SpaceX puede llevar a Estados Unidos a una nueva era comercial de la exploración espacial con el lanzamiento de este miércoles, en el que dos astronautas de la NASA serán puestos en órbita.

Ninguna compañía ha conseguido desarrollar la tecnología como para llevar humanos a la Estación Espacial Internacional. Si todo sale bien, será un tremendo éxito para SpaceX y para su fundador, Elon Musk, así como para la NASA.

Dicho organismo ha pasado años tratando de dejar atrás el proceso de construir y diseñar cohetes propiedad del Gobierno, y ahora trata de usar la colaboración público-privada para desarrollar vehículos y luego pagar a determinadas empresas por servicios específicos.

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Los esfuerzos de SpaceX por llevar astronautas a la órbita han sufrido retrasos de cuatro años, por culpa de dos explosiones catastróficas del cohete Falcon 9, así como por los fallos de seguridad de la cápsula Dragon que corona el vehículo.

Tener un sistema estadounidense de confianza supone que los astronautas de la NASA no tengan que recurrir a los cohetes y vehículos rusos, algo que llevan haciendo desde que la flota americana pasó a la reserva hace nueve años. La perspectiva de futuro que tenían la NASA y la Casa Blanca pasaba por impulsar la exploración del profundo espacio apoyándose en la colaboración con empresas privadas, que llevarían las riendas de los proyectos bajo supervisión federal con la idea de poner astronautas en la Luna en 2024 para más tarde alcanzar Marte.

El equipo de Elon Musk ha desarrollado un enorme cohete para propulsar una cápsula —fabricada parcialmente en acero inoxidable— que pudiera transportar grandes números de pasajeros. De momento la NASA ha destinado 135 millones para ayudar al desarrollo de la parte que servirá para al aterrizaje lunar.

Un Falcon 9 de SpaceX con la cápsula Dragon en la punta. (Reuters)
Un Falcon 9 de SpaceX con la cápsula Dragon en la punta. (Reuters)

Para los veteranos de la NASA esta es una misión crucial, quizás al mismo nivel que las Gemini de mediados de los sesenta que prepararon el terreno para los aterrizajes lunares de los Apolo. Pero esta vez el gobierno es "un cliente más que un operador, algo tan sorprendente como arriesgado por parte de la NASA. La agencia se llevará las culpas si se produce un fracaso, mientras que toda la gloria del éxito será para SpaceX", explica Mark Albrecht, ex asesor espacial de la Casa Blanca.

La cápsula Dragon, que está creada con las últimas novedades tecnológicas y se controla con paneles táctiles similares a los de los coches eléctricos, ha sufrido una serie de retrasos por fallos en los generadores de oxígeno, en los propulsores y en los paracaídas. Tras el lanzamiento, que será a las 22:30 de la noche del miércoles en la Península Ibérica, el vehículo estará orbitando alrededor de dos meses. Si todo va según lo previsto y la nave aterriza en una base móvil en medio del Atlántico, la NASA podría aprobar los sistemas de SpaceX para que hagan las veces de taxis lunares.

"Los viajes de personas al espacio son muy duros", explicaba Benji Reed, director de gestión de la misión en SpaceX, en una videoconferencia celebrada el pasado viernes, en la que aseguraba que los ingenieros de la compañía y los de la NASA han trabajado duro para detectar y aliviar los riesgos: "Nos responsabilizamos mutuamente".

Foto: Fotografía de un vuelo espacial de Virgin Galactic

El presidente Trump, que ha enfatizado la importancia de los programas espaciales tanto civiles como militares, estará presente durante el lanzamiento.

Boeing ha desarrollado una cápsula para competir con SpaceX, la Starliner, pero la compañía no ha conseguido resolver los desafíos tecnológicos y no será hasta final de año cuando haga su vuelo de pruebas pero sin astronautas.

SpaceX nació en 2002 con apenas una docena de empleados y sus oficinas en un almacén cerca de un centro comercial en el sur de California. Desde entonces se ha convertido en un actor principal de la industria gracias a la reducción de costes que le permitía ofrecer precios competitivos en lanzamientos para empresas y países.

Con 7.000 trabajadores e instalaciones desde el estado de Washington hasta Texas o Florida, la compañía ya se ha anotado diferentes récords: fue la primera empresa en mandar un satélite a la órbita de la tierra, la primera en reutilizar la mayor parte de un cohete tras recuperarlo después del lanzamiento y además la primera en mandar una nave para conectarla con el laboratorio internacional en la órbita.

La cápsula Dragon de SpaceX. (Reuters)
La cápsula Dragon de SpaceX. (Reuters)

Tras invertir más de 7.000 millones de dólares de dinero público en SpaceX y Boeing para retomar los lanzamientos desde suelo estadounidense, el jefe de la NASA, Jim Bridenstine, considera que este miércoles se producirá la culminación del nuevo camino de EEUU y otros países para alcanzar el espacio. Los astronautas "necesitan tener la capacidad de llegar al espacio, no solo para la NASA, si no para toda la humanidad", explicaba este mes.

Impulsando las iniciativas privadas en estos proyectos, los oficiales de la NASA cuentan con aumentar las posibilidades de enviar a humanos a la Luna pronto, con la idea de establecer una presencia a largo plazo en el satélite sin tener que depender totalmente del apoyo federal.

Las estrategias de financiación pública tradicionales, por sí mismas, no serían las adecuadas para sostener las ambiciones espaciales de EEUU, explica Howard McCurdy, un historiador espacial en la American University. "Las antiguas opciones financieras no eran viables, no se puede seguir el modelo de los proyectos Apolo", considera.

Foto: Recreación del aterrizaje de Starship en la Luna. Foto: Space X

En cualquier caso, ni siquiera un vuelo de pruebas sin problema puede servir para conseguir el éxito en una era de cohetes más baratos y más pequeños, algo que Musk y otros actores de la industria espacial una vez consideraron inevitable. "Musk ha abierto las puertas a hacer que las operaciones espaciales sean aceptables", dice Clarissa Christensen, ejecutiva jefa de la consultora Bryce Space and Technology.

Los fondos de inversión y los emprendedores han popularizado este tipo de 'startup' en todo el mundo. Pero incluso antes de la pandemia, apenas un puñado de empresas tenían la tracción suficiente. Ahora, el virus ha creado todavía más barreras para competir en esta carrera. Solo unas pocas excepciones —como la neozelandesa Rocket Lab, la Virgin Galactic de Richard Branson o el proyecto de Jeff Bezos, Blue Origin— han evitado los efectos del virus a sus balances y previsiones.

Las operaciones de SpaceX, designadas esenciales por las autoridades, no se han visto afectadas por la pandemia. Muchas de sus instalaciones han seguido funcionando al menos parcialmente, y sin hacer el ruido que ha provocado la reapertura de la factoría de Tesla, otra de las empresas de Musk, en el norte de California.

Elon Musk, en un acto de SpaceX. (Reuters)
Elon Musk, en un acto de SpaceX. (Reuters)

La seguridad de la cápsula Dragon y de su tripulación depende de un gran número de herramientas —desde el aterrizaje autónomo hasta los sistemas vitales— que deben trabajar en una secuencia precisa a la primera. La agencia espacial rusa ha conseguido récords formidables de seguridad llevando gente al espacio, gracias a su largo historial de lanzamientos.

Más allá de los posibles avances financieros y estratégicos para EEUU y su industria aeroespacial, muchos profesionales tienden a describir el vuelo de este miércoles con hipérboles. Ponen el foco en los objetivos intangibles asociados con la presencia humana fuera de la atmósfera. Lanzar un satélite o un 'rover' robótico es una cosa, pero llevar un humano al espacio es otra.

Doug Hurley, un veterano astronauta que voló en la última misión de la NASA y que será el comandante en el lanzamiento de SpaceX, explicó a un grupo de reguladores espaciales de la Casa Blanca que todavía no hemos asimilado la realidad de lo que va a ocurrir: "Es hasta difícil de creer que vayamos a hacer este lanzamiento".

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