Singapur tenía un plan modélico contra el virus, pero algo ha salido mal
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Repunte de los casos

Singapur tenía un plan modélico contra el virus, pero algo ha salido mal

Pese a que logró contener el virus en los primeros compases, la ciudad-estado se ha encontrado con un fuerte foco en las zonas donde viven miles de trabajadores inmigrantes

Foto: Singapur tenía un plan modélico contra el virus, pero algo ha salido mal
Singapur tenía un plan modélico contra el virus, pero algo ha salido mal

Desde el principio, Singapur tenía un plan para luchar contra el virus. Mientras Corea del Sur luchaba contra un gran brote en febrero y Hong Kong recibía críticas por no cerrar sus fronteras con China, Singapur se llevó todas las alabanzas por su respuesta rápida y sus tácticas de seguimiento de los contactos entre personas.

Ahora, casi tres meses después de registrar su primer caso, las infecciones se están disparando. Las autoridades han informado de que solo este martes ha habido más infectados que en todo febrero y marzo.

El virus ha encontrado una rendija en el escudo defensivo: los trabajadores inmigrantes. Cientos de miles de ellos, procedentes de Bangladesh, India y otros países, viven en habitaciones donde se acumulan entre 10 y 20 personas y se suben a furgonetas abarrotadas camino a las obras de los grandes rascacielos y bloques de apartamentos.

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Dos tercios de los 9.125 casos de Singapur se han registrado en estas zonas. El primer ministro, Lee Hsien Loong, explicó en un discurso este martes que esas instalaciones han estado "muy contenidas" y que el virus no se ha extendido más allá. Las autoridades ya trabajan para detectar los contagios desde esas grandes áreas de dormitorios hasta el resto de la población, según ha explicado.

El primer ministro ha asegurado que el confinamiento, que comenzó a principios de este mes e iba a durar cuatro semanas, se extenderá más allá, al menos hasta el 1 de junio. La lista de servicios esenciales que pueden permanecer abiertos se reducirá para disminuir el riesgo de contagio entre los trabajadores que trabajan en ellos, ha asegurado.

El ejemplo de Singapur muestra lo difícil que es controlar el virus y sirve de aviso para EEUU y otros países. Es inevitable que aparezcan nuevos focos una vez se levanten las cuarentenas y la gente empiece a salir, tal y como ya han confirmado los expertos. Los contagios podrían dispararse rápidamente si los confinamientos se levantan prematuramente o si no se controlan esos focos para evitar la transmisión.

Foto: El 'modélico' Singapur se rinde: entra en cuarentena tras una fuerte ola de contagios

Los países del golfo Pérsico ya están tomando medidas para limitar los contagios entre los trabajadores inmigrantes, tras dispararse los casos en esas comunidades. Han implementado pruebas sanitarias masivas de los operarios que viven y trabajan en espacios cerrados y hacen test a los que tienen síntomas. Arabia Saudí ya ha empezado a convertir escuelas en centros de aislamiento para así asegurar la distancia social.

En Singapur, una ciudad de 5,7 millones de habitantes, el repunte en las infecciones ha frustrado los esfuerzos del Gobierno para restringir el aumento de los contagios. Las cifras de enfermos fuera de estas zonas de dormitorios todavía son bajas, y la idea es que el confinamiento mantenga los números bajos para que las autoridades sanitarias puedan trazar los contactos de los enfermos y aislar a las personas de riesgo.

El problema es que el Ejecutivo está descubriendo miles de casos entre los trabajadores inmigrantes, una señal de que el virus está muy presente en estas zonas abarrotadas desde hace semanas. La escala de contagios ha provocado un incremento masivo de los test, reduciendo el número de gente que vive en dichas comunidades y transfiriendo a los trabajadores sanos a otras instalaciones como barcos o campamentos militares.

Viviendas de trabajadores inmigrantes en Singapur. (Reuters)
Viviendas de trabajadores inmigrantes en Singapur. (Reuters)

El repunte, además, ha puesto el foco en las desigualdades entre el millón de trabajadores con sueldos muy bajos y el resto de residentes en una ciudad con alto nivel de renta.

Los críticos con el Gobierno han señalado que se debía haber previsto que estas zonas serían un foco de contagio, dado el nivel de hacinamiento. Los primeros casos entre inmigrantes se registraron en febrero, aunque desde entonces las cifras no habían sido destacadas.

"Tenían que haber hecho lo que están haciendo ahora, llevándolos a otras instalaciones", explica Deborah Fordyce, presidenta del partido Transiente Workers Count Too, que defiende los derechos de los inmigrantes.

Los oficiales del Ejecutivo se han defendido alegando que se han tomado precauciones, cerrando instalaciones no esenciales como los gimnasios, espaciando las horas de comida y prohibiendo el contacto entre personas de diferentes bloques de habitaciones.

Trabajadores inmigrantes, en sus viviendas en Singapur. (Reuters)
Trabajadores inmigrantes, en sus viviendas en Singapur. (Reuters)

Evitar el repunte de los contagios hubiera requerido cerrar Singapur mucho antes de lo que lo ha hecho el Gobierno. Los colegios públicos, las zonas comerciales, los restaurantes y las oficinas estuvieron abiertos hasta principios de abril, ya que las autoridades se decidieron por una estrategia de contención que no hiciera tanto daño a la economía.

Muchos de los infectados que están ahora registrándose se deben a esos momentos, y muchos de ellos están conectados con un gran centro comercial. El Mustafa Center, famoso en la ciudad, es un punto en el que trabajadores inmigrantes y residentes en Singapur se mezclan cada día, pues allí se encuentran desde tiendas de alimentación hasta locales de ropa.

Las autoridades piensan que los trabajadores que han ido a esas tiendas se han infectado y han transmitido el virus a los compañeros con los que viven, llevándolo a las masificadas zonas de apartamentos.

Alrededor de 300.000 personas viven en esos dormitorios. Muchos de ellos son edificios prefabricados que pueden albergar hasta a 25.000 personas, y otros, antiguos fábricas reconvertidas para acoger a 500 personas. Para cuando se registraron allí los primeros casos, el virus había recorrido las instalaciones gracias a infectados con síntomas leves o incluso asintomáticos.

Trabajadores inmigrantes, en sus viviendas en Singapur. (Reuters)
Trabajadores inmigrantes, en sus viviendas en Singapur. (Reuters)

Desde entonces, estos edificios están en aislamiento y los trabajadores solo pueden salir de sus habitaciones para usar el baño o ducharse.

Farokh Omor, un constructor de 30 años procedente de Bangladesh, está confinado en el Kranki Lodge One y comparte habitación con otros 11 hombres. Él y sus compañeros solo salen para recoger sus dos comidas diarias o para ir al baño. "Sigo la ley de Singapur y si el Gobierno me dice que no salga de mi cuarto, no salgo de mi cuarto", dice.

El primer ministro, en un mensaje en su perfil de Facebook, ha agradecido a los trabajadores inmigrantes su tarea construyendo los puertos y aeropuertos de la ciudad. Pero los activistas siguen pidiendo cambios más grandes en la ciudad-estado.

"Cuando todo esto acabe, la pandemia debería servir como lección para un cambio en las políticas públicas", explica Catherine James, directora ejecutiva de la Organización Humanitaria para la Economía de la Migración. "Mantener a los trabajadores en estas condiciones de vida crea vulnerabilidades en el sistema que pueden ser explotadas", dice.

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