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Se nos rompió el bitcoin de tanto usarlo
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Clarisa Sekulits

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Se nos rompió el bitcoin de tanto usarlo

La criptomoneda ha recortado un 50% desde los máximos de octubre. Aun así, sigue siendo objeto de deseo para muchos inversores. ¿Hasta qué punto merece la pena ese romance?

Foto: Ilustración del bitcoin. (Reuters/Dado Ruvic)
Ilustración del bitcoin. (Reuters/Dado Ruvic)

No corren buenos tiempos para el bitcoin. En las últimas semanas se ha producido un aluvión de ventas que ha dejado la cotización tiritando. Hace cuatro meses tocó máximos históricos en los 126.000 dólares. Desde entonces retrocede más del 50%.

¿Qué es lo que ha sucedido? Pues en realidad, nada en particular. Según los expertos, la caída se ha producido por un cúmulo de factores. Por un lado, la incertidumbre con respecto a la política monetaria en Estados Unidos. Parece que el bitcoin es especialmente sensible a las variaciones en los tipos de interés. Por otro lado, la incorporación de inversores bajistas haciendo de las suyas. Y a ese cóctel habría que añadir una buena dosis de recogida de beneficios. En otras palabras: después de una escalada en el precio, muchos inversores han optado por hacer caja.

Lo de que una inversión corrija el rumbo como consecuencia de subidas meteóricas me evoca un poco aquello que cantaba Rocío Jurado: "Se nos rompió el amor de tanto usarlo, de tanto loco abrazo sin medida". Y es que los amores apasionados y los activos volátiles tienen mucho en común.

Para empezar, te pueden llevar a lo más alto, qué duda cabe. Y lo pueden hacer bastante rápido. Pero claro, agárrate que vienen curvas. En el caso del bitcoin, hemos visto subidas vertiginosas. Y también correcciones profundas y prolongadas, conocidas como "inviernos" en el argot del sector. Pese a todo, ha conseguido duplicar su precio en los últimos cinco años. Eso sí, la volatilidad anualizada en ese periodo ronda el 60%. Entre tres y cinco veces más que el oro o las acciones.

Foto: criptomonedas-ganancias-acelerando-perdidas

Así que, como ocurre con los romances tempestuosos, tienes que saber dónde te metes. Y no solo por los altibajos a los que te enfrentas, sino por la falta de visibilidad. Reconozcamos que las palancas de crecimiento del bitcoin no son lo que se dice muy convencionales. A diferencia de las compañías cotizadas, las criptomonedas no generan beneficios, no producen nada. No se puede calcular su valor con el método habitual, que es el descuento de flujos de caja.

Algunos argumentarían que lo mismo sucede con el oro y el resto de materias primas. Pero al menos el oro tiene usos industriales y una demanda estable en el sector de la joyería. En cambio, el bitcoin no ha sido capaz, por el momento, de demostrar utilidad alguna. Ni siquiera como moneda de cambio.

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Lo más intrigante es que esto no preocupa en absoluto a los criptobros. Muchos reconocen que efectivamente hoy por hoy no tiene ningún uso en concreto. O responden con un críptico "es la alternativa al sistema financiero tradicional". E insisten en que la oferta es limitada. Lo cual me recuerda al comentario que hacía la columnista Katie Martin en el diario Financial Times: "Mis dientes también son limitados y no valen miles de millones de dólares".

Y entonces, ¿qué va a pasar con el bitcoin? Algunos analistas creen que nos podemos encontrar en el comienzo de una fase bajista que puede llevar la cotización a niveles de 30.000 dólares, un 50% por debajo del precio actual. Otros, en cambio, sostienen que la tendencia de fondo sigue siendo alcista y que tarde o temprano volverá a batir máximos.

Sinceramente, yo no sabría a quién creer. Es cierto que el bitcoin cuenta con dos elementos muy potentes a su favor: el respaldo del gobierno de Trump y, sobre todo, la creciente adopción por parte de la comunidad financiera. En los últimos años, los inversores institucionales, que históricamente habían sido reacios, han comenzado a incorporar el bitcoin a sus carteras. Ahora bien, no podemos olvidar que los riesgos regulatorios siguen siendo una amenaza latente. La incertidumbre en torno a la regulación de las criptomonedas, tanto a nivel nacional como internacional, podría impactar de forma significativa en su adopción y en su valor a largo plazo.

Foto: un-nuevo-invierno-para-las-criptomonedas

Entonces, ¿merece la pena invertir en bitcoin? No seré yo la que te diga que ese chico (o esa cripto) no te conviene. Pero sí debes ser consciente de que esta relación va a seguir siendo turbulenta. Va a estar marcada por idas y venidas, subidas y bajadas. Si estás preparado para ello y estás dispuesto a correr el riesgo, adelante. Yo dedicaría una parte pequeña de la cartera, eso sí.

Y si tanto altibajo te produce vértigo y eres más de relaciones tranquilas, con vistas al largo plazo, quizá lo tuyo no sea el bitcoin. A fin de cuentas, como diría La Más Grande, "jamás pensamos nunca en el invierno. Pero el invierno llega, aunque no quieras".

No corren buenos tiempos para el bitcoin. En las últimas semanas se ha producido un aluvión de ventas que ha dejado la cotización tiritando. Hace cuatro meses tocó máximos históricos en los 126.000 dólares. Desde entonces retrocede más del 50%.

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