La nueva religión del petróleo
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La nueva religión del petróleo

Los mercados tienen una nueva obsesión, y se llama petróleo. Si bien, ¿por qué el petróleo barato hace caer las bolsas y no al revés? ¿No estaremos siendo demasiado extremos?

Foto: Foto: Corbis Images.
Foto: Corbis Images.

¿Quieres saber cómo se va a comportar la bolsa? Es muy sencillo, basta con mirar el comportamiento del petróleo. Y es que hoy por hoy, la correlación existente entre los mercados de renta variable y el crudo es de un 96%. Es decir, prácticamente suben y bajan al unísono, mientras que en los últimos años dicha correlación era próxima al 0% y, por tanto, ambas variables se comportaban de forma independiente.

¿Cómo es posible que una materia prima condicione el desarrollo de los mercados? Nunca hasta la fecha una caída del crudo lo había hecho. Y, haciéndolo, ¿cómo es posible que las acciones caigan cuando lo hace el petróleo, no debería de ser al revés? Al fin y al cabo, unos costes energéticos bajos suponen un beneficio para los consumidores, lo que 'a priori' es bueno para la economía, especialmente en países tan dependientes del exterior como el nuestro. Pero ni así. Los fundamentales ya no importan, y la bolsa hará lo que el oro negro ordene. ¿Por qué?

Por una parte empiezan a surgir dudas sobre hasta qué punto un petróleo ‘tan’ barato (mi cartera no opina lo mismo cuando reposto, pero bueno, aceptamos pulpo como animal de compañía teniendo en cuenta intermediarios e impuestos, y que un barril ya es más barato que un salmón en Noruega) puede ser perjudicial. Vamos, que si el barril fuese ‘un poco barato’ todo el mundo estaría contento, pero al ser ‘demasiado barato’ y caer el precio de forma tan brusca, los mercados temen que se produzcan daños colaterales no esperados.

Empiezan a surgir dudas sobre hasta qué punto un petróleo ‘tan’ barato puede ser perjudicial

En Estados Unidos, por ejemplo, 1/3 de la inversión depende de las compañías energéticas, y prácticamente la mitad tiene alguna exposición indirecta. En otras palabras, una caída brusca del petróleo es tremendamente beneficiosa en el corto plazo, pues aumenta la renta disponible de los ciudadanos y por tanto el consumo, que es uno de los principales factores de crecimiento. Si bien, a medio y largo plazo el crecimiento se verá mermado. Y es que el desempeño de hoy depende de la inversión del ayer, y si ahora nadie invierte, ¿cómo creceremos?

Por supuesto, no hablamos de todo o nada: existen efectos negativos, pero también positivos. Por una parte, las compañías energéticas reducen su inversión al mínimo, pero por la otra, ciertas empresas, relacionadas con el consumo por ejemplo, las aumentan. El problema es que a nivel macroeconómico existe el temor de que no se compense el descenso de las primeras con el aumento de las segundas, algo que se minimizaría con un ‘boom’ en los salarios que no estamos viendo.

A corto plazo, el efecto es positivo, recordemos las estimaciones de hace un año al respecto, pero una vez los precios bajos se consolidan y la inversión se retrae, todo cambia. No se trata de la petrolera; se trata de la empresa de ingeniería, de la empresa de materiales, de los proveedores locales, de los empleados, de los bancos que lo financian… ¿Se compensa todo esto a nivel macro con un Amazon que amplía sus naves para que sus clientes compren más? No, y los primeros recortes en el ‘capex’ comenzamos a verlos hace un año, de ahí que los mercados se preocupen cada vez más por una hipotética cercana recesión.

Mención especial merece la financiación, ya que unas grandes inversiones requieren un gran endeudamiento, proporcionado en EEUU por el mercado 'high yield' y por el sistema financiero. En plena guerra de producción entre Arabia Saudí e Irán, los claros perdedores, y quienes regularán la oferta de forma involuntaria (cerrando), serán los pequeños productores estadounidenses. Un total de 39 petroleras han quebrado en 2015, y las que quedan. Con el mercado 'high yield' exigiendo rentabilidades prohibitivas, y los bancos en alerta y aumentando las provisiones, ¿quién financiará? ¿Podría producirse un frenazo brusco del crédito con nefastas consecuencias?

La religión del petróleo se basa en los efectos colaterales y en los daños globales. Nos afecta a todos

Hasta el momento no he hablado de emergentes, y existe una razón. Una caída brusca del petróleo a quien más afecta, obviamente, es a los países productores. Al mismo tiempo se generan dudas sobre los grandes consumidores (aunque el problema parece ser la oferta y no la demanda), como es el caso de China, y posteriormente sobre todos los emergentes en su conjunto, por las dudas sobre su crecimiento y los nexos entre ellos. Pero la religión del petróleo no se fundamenta en nexos obvios ni solo en los emergentes, o en un consumidor concreto, la religión del petróleo se basa en los efectos colaterales y en los daños globales. Nos afecta a todos.

Cierto es que, más allá de las primeras derivadas, existe un fenómeno muy importante no analizado frecuentemente que tiene que ver con los emergentes. Ya los mencionamos por encima en alguna ocasión: son los 'sovereign wealth funds'. Se trata de fondos soberanos que ejercen de ‘hucha’ para invertir los excedentes actuales, por ejemplo de la producción de petróleo (de hecho se estima que los más grandes del mundo son los de Noruega, Abu Dhabi y hasta hace poco Arabia Saudí, ahora sobrepasado por China).

Lógicamente, si las principales ‘huchas’ del mundo están compuestas por dinero procedente del petróleo, no solo no veremos a estos inversores institucionales comprar en las caídas estabilizando el mercado (como hacen en muchas ocasiones), sino que por la contra lo desestabilizarán aún más, ya que se verán obligados a vender para satisfacer sus propias necesidades. Se calcula que los países petroleros, solo en EEUU, cuentan con un billón de dólares en acciones y, aunque dicho montante se ha mantenido relativamente estable en el último año a pesar de las turbulencias, se convertirán en vendedores obligados si esta situación prosigue.

Por ello, ¿han dejado de importar los fundamentales? No realmente. Es cierto que si nos centramos en la microeconomía, y analizamos acciones de forma individualizada, tendremos la sensación de que los precios no se justifican, y que el mercado simplemente se ha embobado mirando la gráfica del crudo. No obstante, teniendo en cuenta los efectos colaterales existentes (falta de inversión, impagos, SWF, exposición indirecta y el peligro de recesión), el comportamiento actual sí se fundamenta parcialmente en los fundamentales, pero macro. Si la religión ha ido demasiado lejos y debemos hacer caso a la razón, o si por contra la razón se queda corta para entender ciertas cosas, lo dejo a la fe de cada cual. Yo me mantengo agnóstico: aún no es posible saber.

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