ventas masivas de bonos

Grecia prende la chispa... pero la deuda pública sufre por la falta de liquidez

Varapalo histórico el que el sufrieron este martes los bonos soberanos europeos. Grecia, como de costumbre, apareció como causa, pero no fue la única. Ni la más importante, posiblemente

Foto: Grecia prende la chispa... pero la deuda pública sufre por la falta de liquidez

El bono español sufrió este martes el mayor varapalo de la historia. Nunca antes, ni siquiera en los momentos más tensos de la crisis de la deuda periférica, había padecido una oleada de ventas tan intensa en una única jornada. ¿La causa? La de costumbre: Grecia... O tal vez no. "Un castigo así no se produce por un solo motivo", matiza primero un operador del mercado. Y luego afina más su diagnóstico: "Grecia pudo prender la chispa, pero lo que ocurrió en la deuda se debió a la escasez de liquidez existente en la renta fija".

Aunque suene paradójico, porque los bancos centrales han inundado el mundo de dinero, lo cierto es que la liquidez, entendida como la facilidad para comprar y, sobre todo, para vender un activo en el mercado, escasea. Cuando eso ocurre, y cuanto más difícil resulta deshacerse de un título en el mercado, mayor es el riesgo de que se produzcan caídas bruscas en los precios. A su vez, esas bajadas pueden alimentar más descensos porque saltan los precios de las órdenes de venta que los inversores introducen para poner límite a las caidas -stop losses

Esta dinámica es especialmente apreciable -y sensible- en la renta fija, algo que convierte actualmente a este mercado en una bomba de relojería. Al calor de los históricamente bajos tipos de interés establecidos por los bancos centrales, de las reducidas tasas de inflación -o directamente de deflación o caída de los precios- y de las compras de deuda que han llevado a cabo los propios bancos centrales mediante sus programas de expansión cuantitativa (QE), las compras de bonos han sido masivas en los últimos años. Como consecuencia, los precios estaban en máximos históricos y los rendimientos, justo en el extremo opuesto, en mínimos históricos, porque las rentabilidades bajan cuando los precios suben. 

El riesgo de corrección estaba, por tanto, servido, con el agravante de que esa falta de liquidez incrementaría la intensidad del castigo si las ventas aparecían en escena. Y aparecieron, porque eso mismo es lo que empezó a manifestarse la semana pasada y lo que se aceleró este martes. O dicho de otro modo: los inversores han comprobado que la amenaza derivada de la falta de liquidez es real

El ejemplo más evidente se ha visto en el bono alemán a 10 años. Su precio acumula una secuencia de siete caídas consecutivas, una racha en la que su rendimiento ha pasado del 0,15 al 0,51%. Ayer se le sumaron con fuerza los bonos periféricos. Especialmente el español, cuya rentabilidad se disparó del 1,50 al 1,78%, un repunte diario del 18% que no tiene precedente. Pero es que el italiano también escaló del 1,53 al 1,80% y el portugués pasó del 2,10 al 2,39%

O lo que es lo mismo, un proceso de caídas concatenadas y amplificadas por ese descenso de la liquidez. Y por otro motivo adicional vinculado a esa complicación para deshacer posiciones: el compromiso de los fondos de inversión de proporcionar liquidez diaria a los partícipes, con lo que se ven obligados a unas ventas -para poder atender ese compromiso de liquidez diaria- que retroalimentan la caida de los precios. 

¿Y el BCE? A lo suyo

Y aún hay otro motivo que incrementa el impacto de este repunte de los rendimientos: se producen mientras el BCE sigue ejecutando su QE. Esto es, en un contexto en el que se esperaba que las rentabilidaedes bajaran con motivo de las compras de la entidad presidida por Mario Draghi. Y aunque ha sido así en las primeras semanas de vigenvia del QE -el bund llegó a caer hace dos semanas por debajo del 0,1% y el bono español descendió al 1,2%-, ahora los rendimientos están volviendo sobre sus pasos. 

Existe la confusión de que la renta fija, sobre todo la pública, es segura. Pero nunca lo ha sido. Y ahora lo es mucho menos

Según fuentes del mercado, mientras el movimiento correctivo no vaya más allá, el BCE no lo verá con malos ojos. ¿Por qué motivo? Porque desinflará los precios y porque permitirá que no haya tantos bonos con rendimientos negativos, algo que ha llegado a ocurrir con el 30% de la deuda pública de la Eurozona y que le complicaba sus planes de mantener vivo el QE hasta septiembre de 2016.

Ya de paso, lanza a los inversores el mensaje de que no va a comprar bonos en cada sesión ni va a reaccionar al primer conato de corrección. Es decir, tiene un plan, consistente en dedicar cada mes 60.000 millones de euros a la compra de deuda pública y privada, y no se apartará de él a las primeras de cambio, incluso en sesiones como las de este martes. ¿Y si esa corrección va a más? Tendrá fácil detenerla o frenarla: o bien filtrando que está comprando con más intensidad o bien a través de alguna declaración de sus dirigentes, especialmente de Draghi. 

Estos coletazos del mercado ponen de relieve lo peligrosa que se ha vuelto la deuda pública. Y conviene que los inversores, sobre todo los particulares, los tengan muy presentes para que no caigan en la confusión de creer que la renta fija es segura. Porque nunca lo ha sido. Y ahora lo es mucho menos. 

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