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La batalla final: Draghi pone la directa hacia el QE... diga lo que diga Weidmann
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REUNIÓN DEL BANCO CENTRAL EUROPEO

La batalla final: Draghi pone la directa hacia el QE... diga lo que diga Weidmann

No hay retorno. El presidente del BCE está decidido, una vez más, a hacer lo que sea necesario para poner en marcha más estímulos... aunque no sea por unanimidad

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi

Aperitivo: "Hay bastante evidencia de que un programa de expansión cuantitativa (QE) sería efectivo". Primer plato: "Hemos tomado grandes decisiones de política monetaria sin unanimidad". Segundo plato: "Comprar deuda soberana entra claramente dentro de nuestro mandato". Y postre: "Lo ilegal sería que el Banco Central Europeo (BCE) no persiguiera su mandato [de promover la estabilidad de los precios]".

Con este menú, el presidente del BCE, Mario Draghi, dejó claro el jueves, en la última reunión del año, que el QE todavía no está aquí, pero que lo estará en el futuro... diga lo que diga y quiera lo que quiera el alemán Jens Weidmann. Por tanto, ya no hay retorno. La batalla final entre ambos está servida. Y no habrá que esperar mucho para presenciarla: tendrá lugar en la primera cita de 2015, que tendrá lugar el 22 de enero.

Porque Draghi lo dejó muy claro con esos cuatro fogonazos. Y los expertos así lo interpretaron. "El BCE no ha lanzado un QE soberano para Navidad, pero promete una resolución en Año Nuevo", titulan su informe los expertos de la gestora Schroders. En su opinión, el QE acabará llegando. También lo cree Andrew Belshaw, de Legg Mason.

De hecho, en la última cita de 2014 -que coincidió con la primera en la nueva sede de la entidad- ya se produjo un conato de la confrontación que presumiblemente se vivirá en enero. Cuando el BCE se refirió en noviembre a que sus medidas engordarán el balance de la entidad de los 2 billones de euros actuales hasta los 3 billones ya alcanzados en 2012, oficialmente lo definió como una "expectativa". Este jueves, en uno de esos cambios que a los ojos de los mortales parecen nimios, pero que son todo un mundo para los banqueros centrales, desapareció esa mención y ahora el movimiento de los 2 a los 3 billones de euros son una "intención".

Aparentemente, un cambio menor; apenas un matiz. Pero que ya eleva el tona, porque tras esa "intención" existe una voluntad, cuando antes solo era algo que se podía esperar. Entonces, ¿se puede hablar ya explícitamente de los 3 billones son un objetivo? No. El propio Draghi aclaró que no. Si pasar de "expectativa" a "intención" ya contó con el rechazo de varios miembros del Consejo de Gobierno del BCE, calificarlo directamente como un "objetivo" hubiera sido demasiado para los estándares del BCE.

Pero, si Draghi lo tiene tan claro, si cree que el QE está dentro del mandato del BCE y que no necesita adoptarlo por unanimidad, ¿por qué decidió esperar? Por dos motivos que beben de uno solo: la prudencia. El primero, que, si bien asume que el paoyo total no será posible, al menos sí aspira al mayor consenso posible. Y el segundo, que antes de meterse en nuevas aventuras monetarias quiere saber mejor en qué condiciones financieras y legales lo hará.

A esta segunda incógnita le encontrará respuesta en dos fechas de suma importancia. La primera llegará el próximo jueves, 11 de diciembre. Ese día, el BCE llevará a cabo la segunda de las dos rondas iniciales de financiación bancaria condicionada a largo plazo (TLTRO) que ofrecerá a las entidades. Entre ambas, la institución monetaria se había propuesto suministrar hasta 400.000 millones de euros a los bancos.

Pero se encontró con un problema a las primeras de cambio, puesto que en la ronda inaugural, que tuvo lugar en septiembre, apenas le pidieron 82.600 millones. Si esta segunda ronda no arroja un resultado mucho mayor, que acerque el volumen a esos 400.000 millones, el BCE se verá obligado a lanzar el QE cuanto antes; tan pronto como en la primera cita monetaria de 2015, que se celebrará el 22 de enero.

Pero antes de llegar a este día deberá pasar por la segunda fecha clave: la del 14 de enero. Ese día, el Tribunal de Justicia Europeo se pronunciará acerca de la legalidad del programa de compras de deuda pública, más conocido por sus siglas inglesas OMT, que la entidad lanzó en septiembre de 2012. Draghi querrá presentarse a la cita del 22 de enero con el respaldo que supondría el dictamen favorable del Tribunal. ¿Y si no lo recibe? En ese caso, se vería obligado a modificar su estrategia, porque el OMT ha sido su truco maestro y sería un revés mayúsculo.

Pero Draghi no contempla esa opción. Por eso ha puesto la directa hacia el QE. De ahí que menospreciara la unanimidad -no se necesita para adoptar decisiones- y de ahí que, sobre todo, enfatizara que "lo ilegal" es que el BCE no persiga su mandato. Esto es, garantizar la estabilidad de los precios, una meta que se sustancia en mantener la inflación por debajo, pero cerca, del 2%.

Por eso ha puesto la directa hacia el QE, porque está convencido de que lo contrario es lo que contraviene su misión. Y más tras las nuevas previsiones que el BCE presentó ayer. Si en septiembre manejaba un crecimiento del 1,6% para 2015, ahora lo ha recortado hasta el 1%. Y si hace tres meses pronosticaba una inflación del 1,1% para el próximo año, actualmente la ubica en el 0,7%. Y en 2016 seguirá más cerca del 1 que del 2%, porque anticipa que estará en el 1,3%. Vamos, que la entidad asume que incumplirá su mandato -ese por debajo, pero cerca, del 2%- durante al menos dos años más.

En resumen, unas previsiones invernales; y no sólo por haberlas presentado en diciembre, sino por el gélido escenario que presenta para la Eurozona. Por eso Draghi está dispuesto a comprar de todo... menos oro. Y Weidmann puede decir lo que quiera. Como en 2012, cuando Draghi sacó adelante el OMT con la oposición del alemán. Ahora se intuye otro choque. Y de los grandes, porque el BCE irá más lejos que nunca. El QE ya espera. Y la batalla final entre Draghi y Weidmann también.

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