por la conversión de acciones B

Morgan Stanley se convierte en el segundo accionista de Prisa: los Polanco caen al 16%

La entidad estadounidense se ha hecho con el 4,7% del capital del grupo al convertir sus acciones B. En el horizonte están Santander, La Caixa y HSBC

Foto: Morgan Stanley se convierte en el segundo accionista de Prisa: los Polanco caen al 16%

La ejecución de las acciones B de Prisa, grupo editor de El País, está trayendo consigo importantes cambios accionariales. El más reciente es la irrupción de Morgan Stanley en el valor, con el 4,776% del capital; pero el más significativo es la pérdida definitiva de todo poder por parte de la familia Polanco.

Su sociedad Rucandio, a través de al cual poseían controlaban más del tercio del capital que a ojos de la normativa de opas supone el control efectivo de una compañía cotizada, cayó por debajo de este listón el pasado febrero por el mismo motivo que ahora le ha llevado a controlar apenas un 16%, la modificiación del número de derechos de voto.

El resultado de estas ejecuciones es que la entidad estadounidense se ha convertido en el segundo accionista de Prisa, por delante del hedge fund Monarch Master Funding, que controla un 4,71% por los mismos motivos desde el pasado mes de abril.

El ocaso de los Polanco

Esta práctica desaparición del apellido Polanco del trono del todavía gigante de los medios en España es el resultado de la operación diseñada hace años por Prisa, con su primer ejecutivo al frente, Juan Luis Cebrián, para dar entrada a Liberty, y que escribirá su próximo capítulo en cuestión de semanas, con Santander, Caixabank y HSBC haciéndose con un tercio del capital.

Al menos, éste es el triste destino que espera a la compañía si ninguna de las tres entidades citadas anteriormente consigue vender antes sus bonos convertibles de la compañía.

Como adelantó El Confidencial, el banco presidido por Isidro Fainé sí que está buscando un comprador a sus bonos, ya que no está interesado en convertirse en accionista de Prisa; mientras que la entidad presidida por Emilio Botín prefiere quedarse con los títulos, con la esperanza de que en un futuro éstos le permitan recuperar parte de las enormes pérdidas que han tenido en el valor.

A la espera de que se ejecuten los convertibles, esta operación puede reportar a los bancos españoles un agujero del entorno de los 100 millones de euros.

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