reunión del consejo de gobierno

Draghi demostrará en Bruselas si el BCE va realmente en serio con el 'QE a la europea'

Nueva cita con el BCE... aunque no una cualquiera. La expectación es máxima. Y todo por una cuestión: el lanzamiento de un programa de compras de deuda

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) celebra doce reuniones de política monetaria al año. Una al mes. Diez de ellas se convocan en su cuartel general de Fráncfort. Pero en otras dos ocasiones deja suelo alemán y se ve las caras en otra ciudad europea. Lo hace para transmitir una imagen de proximidad, para acercarse a los otros 17 países que, junto a Alemania, forman la cadena del euro. Una de esas citas tendrá lugar hoy. Y no en un sitio cualquiera, sino en Bruselas, la capital europea. Todo un guiño del destino, pues la expectación es máxima. ¿El motivo? Que la entidad que preside Mario Draghi explorará los límites de su mandato, los recovecos legales que se definen en la capital belga, para demostrar si va en serio con la posibilidad de lanzar un QE a la europea

¿Qué es eso de un QE a la europea? Un proceso de creación de dinero -expansión cuantitativa o quantitative easing, de ahí las siglas QE- que puede poner en marcha un banco central mediante el lanzamiento de un programa de compra de activos -deuda pública y/o privada- en el mercado. Durante la crisis, la Reserva Federal (Fed) estadounidense, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón, ya han recurrido a esta herramienta, que se sale del campo convencional de plantar cara a los problemas con rebajas de los tipos de interés. 

El BCE aún no ha ido tan lejos como ellos. Pero precisamente por eso la expectación es ahora tan alta. Más que nada, porque hace un mes Draghi abrió la puerta de par en par a la posibilidad de aplicar esta medida para combatir las presiones deflacionistas que asoman en la Eurozona."El Consejo de Gobierno del BCE es unánime en su compromiso de usar también instrumentos no convencionales dentro de su mandato para combatir efectivamente los riesgos derivados de un periodo demasiado prolongado de baja inflación", reconoció el banquero italiano. 

"Dentro de su mandato"

Lo que parece claro es que Draghi no lanzará el QE esta semana. Aunque la inflación acumula siete meses consecutivos por debajo del 1%, en abril dio un respiro, puesto que repuntó del 0,5% interanual de marzo al 0,7%. Además, la inflación subyacente -la que prescide de los alimentos frescos y la energía por ser los componentes más volátiles- también subió del 0,7 al 1%. 

Estos datos han rebajado las urgencias del BCE, que no tiene por qué actuar tan rápido. Sobre todo, por tres motivos adicionales. El primero, que la actividad del sector manufacturero y del sector servicios creció en abril, una referencia que avala la tesis de la entidad de que la recuperación sigue su curso y eso alejará las presiones deflacionistas. 

Si, como se espera, el BCE no adopta medidas contundentes, Draghi tendrá que tirar de oratoria y matices para satisfacer a un mercado que ya se ha hecho ilusiones

En cuanto al segundo, que el BCE es muy consciente de que el lanzamiento de un QE desafiaría sus límites y generaría controversia con respecto a su actuación e incluso su independencia en caso de que en sus compras incluya deuda pública. Y eso, con toda la carga política que contiene y a menos de tres semanas de las Elecciones Europeas, se antoja complicado. Draghi siempre ha insistido, desde su histórico compromiso en "hacer lo que sea necesario para salvar al euro" de julio de 2012, en moverse "dentro de su mandato", por lo que debe medir bien el terreno que pisa. 

Y el tercero, que sólo un mes después, en la cita de junio, revisará sus previsiones sobre la economía y la inflación. Es decir, que puestos a poner en marcha una medida tan extraordinaria para la idiosincrasia del BCE o dar un cariz más expansivo a sus medidas monetarias, mejor hacerlo con el apoyo de unos pronósticos que certifiquen una mayor preocupación deflacionista de la institución. 

¿Qué ofrecerá a cambio?

Ahora bien, como Draghi ha quedado preso de las palabras que pronunció en abril, en caso de no lanzar un QE -tal como se espera- tendrá que tirar de oratoria y matices para no defraudar a un mercado que ya se ha hecho ilusiones. O lo que es lo mismo, los inversores esperarán algo a cambio. En lo que respecta al propio QE, al menos pedirán que Draghi ratifique que la entidad sigue trabajando en esta opción; vamos, que no la entierre tan pronto

¿Y ofrecer como analgésico una rebaja de los tipos de interés oficiales y los de la facilidad de depósito? Sería la opción que tendría más a mano, aunque de nuevo los pronósticos apuntan más a la cita de junio que a la de hoy. Sólo 2 de los 58 expertos consultados por la agencia financiera Bloomberg prevén un recorte del precio oficial del dinero, situado en el 0,25% desde noviembre. En cuanto a los intereses de la facilidad de depósito, únicamente 2 de los 53 analistas encuestados creen que la institución se atreverá a llevarlos del 0% actual hasta situarlos en terreno negativo. 

Sobre la mesa también figuran otras opciones, todas ellas habituales en las quinielas previas a las citas del BCE. Entre ellas, lanzar una operación de financiación bancaria a largo plazo (LTRO), dejar de esterilizar las compras de deuda pública que llevó a cabo entre 2010 y 2012 o rebajar el coeficiente de reservas. Con todas ellas, pretendería reforzar la liquidez del sistema como acicate para estimular el crédito

Las bolsa y la deuda pública europeas estarán totalmente pendientes del esmero y el acierto de Draghi. Aunque, especialmente, su actuación será muy sensible para el euro. En las vísperas de la cita de hoy, y para caldear aún más el ambiente, ha superado los 1,39 dólares, con lo que amenaza con superar la barrera de los 1,40 por primera vez desde 2011

Con los tests de estrés al fondo

Todo ello, sin olvidar el tinglado bancario en el que también se encuentra sumido el BCE. Este año, antes de asumir en noviembre sus competencias como supervisor de las principales entidades financieras europeas, evaluará al sector bancario en un proceso que consta de la revisión de la calidad de sus activos y de la realidad de una prueba de resistencia, también conocida como test de estrés. Y este examen también se cuela entre los elementos que Draghi debe introducir en la ecuación para adoptar sus decisiones de política monetaria. 

Más que un 'QE a la europea' para atacar las presiones deflacionistas, el BCE estaría barajando varias hipótesis para estimular el crédito

"Nuestro escenario central no pasa por el lanzamiento de un QE, y en todo caso no es posible que llegue antes de finales del tercer trimestre", sostienen desde Bank of America Merrill Lynch. En su opinión, aunque el BCE está preocupado por el peligro de un periodo prolongado de baja inflación, lo que más le inquieta es cómo arreglar el mecanismo de transmisión de la política monetaria. "Creemos que el BCE esperará a que la revisión de la calidad de los activos de los bancos esté casi completa y será entonces cuando actúe para estimular el canal crediticio bancario, asegurándose de que el ciclo del crédito viene a apoyar el crecimiento económico". 

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