entrevista a juan ignacio crespo

"Harían falta 500.000 millones para dejar niquelada la banca europea, no una QE"

Matemático, analista, estudioso de la historia y escritor, Juan Ignacio Crespo presenta su libro 'Cómo acabar de una vez por todas con los mercados'

Foto: Harían falta 500.000 millones para dejar niquelada la banca europea, no una QE

"Todo está en los gráficos". Es la premisa básica; el punto en el que Juan Ignacio Crespo apoya la profunda y a la vez irónica visión sobre la economía y las finanzas que despliega en su nuevo libro, titulado Cómo acabar de una vez por todas con los mercados. No es que pretenda derrumbarlos físicamente, pero sí bajarlos un tanto de su pedestal, porque, como él dice, "esta crisis ha demostrado que tienen mucho de risibles". 

Pregunta: Desde el mismo título, su libro destila ironía. ¿Conviene reírse de todo, hasta de los aparentemente sofisticados mercados financierosnbsp;

Respuesta: Es bueno reírse de todo, incluido de uno mismo. También de los mercados financieros. Principalmente por el contraste entre el temor con el que se les ve y la impresión de que son todopoderosos y la chapuza interior que son realmente. Yo lo asemejo con la sensación que tiene una persona que llega a la empresa en la que soñaba trabajar y la decepción que se lleva luego cuando comprueba las imperfecciones y los problemas que tiene dentro. Esta crisis ha puesto mucho más de relieve este aspecto risible de los mercados

P.: Entonces, ¿para que sirve todo ese revestimiento matemático que envuelve a las finanzas y a la economía? ¿Ha sido una carcasa para presentar a la economía como una ciencia?

R.: La economía sólo es un lenguaje para hablar de la economía. La combinación de la matemática y la física son el ideal de la ciencia. Pero el ideal de la física ha llevado a los estructuralistas a intentar hacer ciencia prácticamente matemática con el lenguaje, ha llevado a situaciones muy ridículas en campos muy diversos del saber. No hay que identificar saber y ciencia, el saber es algo mucho más amplio. En el caso de la economía, ese proceso resulta más peligroso que en la lingüística, porque esos planteamientos se toman como la base para la adopción de grandes decisiones o porque, en el caso concreto de los mercados, se creyó que se podrían controlar unos riesgos inmesos con una metodología fundamentalmente fallida. Y con el agravente de que en 1998 ya un hubo un ensayo general de esta catástrofe con el episodio del Long Term Capital Management (LTCM). 

P.: Entonces, ¿verdaderamente se va a imponer el principio de la "vuelta a lo básico"nbsp;

R.: El problema de todo esto es que, aunque todo el mundo cree que hay que volver a lo básico, en realidad nadie está pensando en volver. Todo el mundo está encantado con los mismos tópicos de antaño, con la misma enseñanza. En alguna facultad, en alguna escuela de negocio, han puesto mucho énfasis en insistir en una enseñanza de la historia. Yo creo que la enseñanza fundamental es la historia, es la única herramienta que permite orientarte. Por razones muy sencillas, razones de tipo cíclico, que son tan viejas como las inundaciones del Nilo. 

P.: ¿De verdad está todo el los gráficos, como sostiene en el libronbsp;

R.: Sí, todo está en ellos, pero eso no quiere decir que con tener uno delante se posea una varita mágica. Hay que saber interpretar todo lo que viene en ellos. ¿Por qué todo está en los gráficos? Porque está más que visto que los excesos financieros, del calibre de los más recientes, se cometen una vez cada 35 años, más o menos, y te ayudan a saber que ese ritmo se va a repetir. Cuando tengo que explicarlo en público me gusta presentarlo así: las personas que hoy tienen 5 o 10 años, dentro de 35 años tendrán 40 o 45 años, y no tendrán ni el más mínimo recuerdo de esta crisis, y serán ellos los que estarán al mando de las empresas y los gobiernos. Como no tendrán una experiencia directa, cometerán los mismos errores y pensarán, de nuevo, que esta vez es diferente. Además, hay un flujo y reflujo de las medidas económicas y financieras que es muy cadencioso, por lo que lo único de lo que tienes que preocuparte es de identificar el ritmo al que está sucediendo.

Habrá más crisis porque está muy metido en los genes. En la época de euforia nadie quiere cortarla

P.: ¿Hay que admitir entonces que esto se repetiránbsp;

R.: Sí, yo creo que sí, que se repetirá, porque está muy metido en los genes. En la época de euforia nadie quiere cortarla; las empresas porque ganan dinero; los particulares porque tienen empleo y ganan dinero en bolsa; y los gobiernos porque tienen votos. ¿Quién corta eso? Nadie. 

P.: ¿Pero se aprenderá alguna lecciónnbsp;

R.: El problema es no tener una hoja de ruta de en qué tipo de crisis se está, y eso es lo que yo trato de hacer con mi defensa del chartismo histórico. El chartismo histórico no te dice lo que hay que hacer hoy o de un día para otro, sino que ofrece las grandes líneas del ritmo de la crisis y una cierta perspectiva para no caer ni en el pesimismo excesivo ni tampoco en el optimismo de decir que ya está aquí la recuperación y todo ha terminado. También ayuda a ver venir los grandes golpes; no tanto si va a venir este mes o dentro de un año, pero sí se puede saber que viene una caída del 50% en la bolsa. Uno de los problemas de interpretar bien el chartismo histórico es de los cambios de ritmo; de repente, los ciclos alteran la velocidad según las fases del ciclo, y ahí reside la complejidad de los gráficos. Todo está en ellos, pero hay que estudiárselos.

P.: ¿Y qué dicen ahora los gráficos? ¿Queda mucho de crisis?

R.: Yo diría que estamos en la última fase de la crisis. Debería darse por terminada entre 2017 y 2018, aunque todavía existe el riesgo de sufrir una recesión por el camino, que podría producirse cuando los bancos centrales comiencen a subir los tipos de interés. En los mercados bursátiles ya hemos visto las grandes caídas en la bolsa americana, que es la que sirve de referencia, pero aún queda una de las dos réplicas, del 20 o del 25%, que vienen tras ellas. Yo la estoy esperando desde el verano del año pasado y ya está en el tiempo de descuento. Esto, desde una perspectiva general. En el caso concreto de España, los años 2015 y 2016 pueden ser complicados por la necesidad de reducir el déficit público desde el 6,6 al 2,8%. Como 2015 es un año electoral, se evitará el golpe que supondría hacer recortes, por lo que todo el ajuste se dejará para 2016. 

P.: A más corto plazo, toda la expectación apunta ahora hacia el Banco Central Europeo (BCE) y la posibilidad de que su presidente, Mario Draghi, anuncie más medidas expansivas, como el lanzamiento de un programa de compras de deuda, bautizado ya como QE a la europea. ¿Dará realmente ese paso?

R.: Draghi salvó al euro claramente en 2012. Creo que habría que hacerle un monumento. Pero hay un problema. Ahora todo el mundo está centrado en una QE -programa de expansión cuantitativa o creación de dinero mediante la compra de activos-, pero a mí me parece que la QE va a dar lo mismo. ¿Qué es lo que ha hecho que EEUU haya crecido antes? Que recapitalizaron los bancos al día siguiente. Aquí lo que haría falta no es una QE, sino 500.000 millones de euros para dejar todo el sistema bancario de la Eurozona niquelado. Eso es lo que haría falta. Si finalmente no se transmite la liquidez, la QE daría lo mismo. Obligar a los bancos a prestar cuando no están bien capitalizados es muy complicado; habría que empezar por el principio. A diferencia de Estados Unidos, donde sufrieron una caída súbita, en Europa, y sobre todo en España, los problemas sucedieron a cámara lenta y eso lo ha retrasado todo.  

P.: ¿Qué hay del euro? ¿Qué dicen los gráficos de lo que le espera por delantenbsp;

R.: El destino cíclico que le espera es que se deprecie contra el dólar. Le quedaría un par de años para completar un ciclo que le devolvería a 1,05 dólares, que era el cambio en el que se movía en 2003. 

P.: ¿Le preocupa el riesgo de deflación en la Eurozonanbsp;

R.: Reconozco que me preocupa un poco más que cuando empezó a hablarse de esta posibilidad en 2009, pero creo es una completa exageración. Dicho esto, más adelante, hacia 2016, sí podría verse un brote de deflación coincidiendo con ese frenazo que podría sufrirse entonces. 

P.: ¿Qué libros recomendaría para tener un mejor conocimiento de la historia financiera?

R.: El primero sería Historia Monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960, de Milton Friedman y Anna Schwartz; el segundo, Los señores de las finanzas, de Ahamed Liaquat; y el tercero, Historia económica mundial del siglo XX, de Charles Kindleberger. También añadiría, aunque con un toque más extravagante, La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, de Henryk Grossman. 

 

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