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El sueño francés de Josu Jon Imaz: Repsol mira al norte de los Pirineos
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El sueño francés de Josu Jon Imaz: Repsol mira al norte de los Pirineos

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y movimientos. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

Foto: Una gasolinera de Repsol en España. (Reuters/Borja Suárez)
Una gasolinera de Repsol en España. (Reuters/Borja Suárez)
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Josu Jon Imaz desveló los planes de Repsol hasta 2028 mientras se intercambiaban bombas en la zona más petrolera del mundo. No era el mejor momento para hacerlo, como reconoció públicamente el propio directivo de Zumárraga. Su excesiva prudencia habitual era difícil de esconder con una guerra disparando sus márgenes de refino, revalorizando la producción de sus barriles y engordando en un 30% en dos semanas el valor de sus acciones. Porque el mercado sabe que este es un momento de oportunidades para Repsol, e Imaz reconoció que una de ellas se llama Francia.

La petrolera española nunca ha escondido su ambición de abrirse camino en este país, más concretamente en la zona sur. Repsol cuenta con el plan de abrir en algún momento alguna gasolinera al otro lado de los Pirineos o convertirse en un suministrador de referencia para los operadores locales. Las cifras que manejan Imaz y los suyos evidencian que la capacidad de sus vecinos para convertir el petróleo en producto refinado está por debajo de sus necesidades.

"Francia necesita importar entre 22 y 23 millones de toneladas de destilados al año", explicaba Josu Jon Imaz a su audiencia el pasado martes. "Esta cifra es superior a la producción total de destilados medios que tenemos en nuestras refinerías de Repsol", puntualizaba el consejero delegado. Una posición que Imaz definía como "única" para aprovechar las necesidades de gasolina, diésel o queroseno de Francia.

Para alimentar esa necesidad, tampoco esconden que tienen dos refinerías situadas de forma estratégica en la frontera, como son Bilbao y Tarragona. Dos centros industriales donde se destilan 400.000 barriles al día y que estos días han activado el modo 'a toda máquina', porque los márgenes de refino —el dinero que gana Repsol por convertir petróleo en carburante— se han disparado hasta los 20 dólares. De mantenerse en ese nivel, engordarían en 5.000 millones el beneficio que la empresa espera obtener por este negocio, ya que su estimación de estos márgenes es de 6,5 dólares.

Francia puede tener más urgencias

Todo el sector espera que los márgenes de refino se vayan moderando a lo largo de 2026. Lo que también parece evidente es que Repsol es, como ya le ocurrió con la crisis en Ucrania, uno de los grandes ganadores del estrés del mercado de productos refinados en Europa. Su rival francés —y ahora socio en el Mar del Norte— TotalEnergies cuenta con tres refinerías, de las seis que hay en Francia, y es uno de los ejemplos del abandono de las refinerías en Europa, que han preferido depender del producto que llega desde Estados Unidos, Rusia o las refinerías de Oriente Medio.

Socios que en los últimos cuatro años se han demostrado poco fiables. Las cifras que se manejan en Repsol indican que la Unión Europea ha cerrado desde 2009 un total de 24 refinerías, más del 10% de la capacidad de refino del continente. España se sale de esta estadística con un aumento de su capacidad del 16% en el mismo periodo. Por eso saben que, cuando hay un estrés de estas dimensiones en el mercado del diésel o la gasolina, sus vecinos llamarán a su puerta.

Foto: repsol-barril-petroleo-65-dolares-crisis-oriente-medio

"Europa es importadora de destilados medios, por lo que está muy expuesta a lo que está sucediendo actualmente en Oriente Medio", apuntaba Imaz. Una de las mayores necesidades que hay en el mercado, y que afecta con fuerza a la economía francesa, es la demanda de queroseno en los aeropuertos y de diésel tanto en el sector primario como en el transporte. Y la gestión del suministro y del precio será clave para no volver a ver a los chalecos amarillos. Las necesidades tanto de diésel como, sobre todo, de queroseno ofrecen a Repsol "ventajas competitivas", según explicaba el directivo.

Control en España y Portugal

Francia es el objetivo más viable para Josu Jon Imaz porque está a golpe de camión cisterna, como ocurre con un mercado ya explorado como Portugal. El resto de países requiere mover barcos. Solo Alemania, con 11 refinerías, e Italia, con 9, tienen capacidad suficiente para no depender de los 550.000 barriles que destila la empresa española en sus centros industriales.

"Contamos con cinco refinerías operando con normalidad", afirmaba Josu Jon Imaz a los analistas del mercado que, a diferencia de los periodistas, fueron invitados a la sede de la compañía para conocer sus planes en un momento delicado. "Tenemos un suministro normal del petróleo que necesitamos para producir nuestros productos y contamos con la capacidad de abastecer a la sociedad española y portuguesa sin ninguna preocupación ni problema en la situación actual", puntualizaba. Es decir, hay producto y capacidad para rentabilizar las urgencias de sus vecinos del norte.

Josu Jon Imaz desveló los planes de Repsol hasta 2028 mientras se intercambiaban bombas en la zona más petrolera del mundo. No era el mejor momento para hacerlo, como reconoció públicamente el propio directivo de Zumárraga. Su excesiva prudencia habitual era difícil de esconder con una guerra disparando sus márgenes de refino, revalorizando la producción de sus barriles y engordando en un 30% en dos semanas el valor de sus acciones. Porque el mercado sabe que este es un momento de oportunidades para Repsol, e Imaz reconoció que una de ellas se llama Francia.

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