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El pinchazo de la burguesía patria con el líder de las licencias VTC
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El pinchazo de la burguesía patria con el líder de las licencias VTC

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y movimientos. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

Foto: Conductor de VTC. (EFE)
Conductor de VTC. (EFE)
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Cuando un chaval quiere desplazarse en una gran ciudad sin coger su coche, sobre todo si va a consumir alcohol, se pide un Uber o un 'Cabi'. Pocos llaman a un taxi, como se decía no hace mucho tiempo. Prueba inequívoca de que estas plataformas de movilidad se han colado, vía aplicación de móvil, en los hábitos de los ciudadanos, pese a la presión de las organizaciones tradicionales de obstaculizar su despliegue. Un negocio que, además, vuela en bolsa, como se puede comprobar en las cotizaciones de Uber, que se ha revalorizado un 45% en lo que va de año, o de Lyft (47%) en la Bolsa de Nueva York.

La llegada de estas plataformas a España atrajo también a las grandes fortunas patrias, que empezaron a invertir en el sector, especialmente con la compra de las licencias de VTC (Vehículos de Transporte con Conductor). Pero la regulación que cada comunidad autónoma y ayuntamiento aplica al sector influye enormemente en la capacidad de estos inversores de rentabilizar su apuesta. Tanto puede uno ponerse las botas como perderlo todo. Esto último les ha ocurrido a los accionistas de Moove Cars Mobility, en cuyo capital están ilustres de la burguesía nacional como Jaime Castellanos y los hermanos Riberas.

El presidente de Lazard se jactaba no hace mucho por la venta, junto a los dueños de Gestamp, de un 8% de Moove Cars Mobility a Uber por 30 millones de euros. Operación firmada en 2021, que en principio se tradujo en unas pérdidas contables de 4,6 millones, pero que, al cumplirse determinados hitos operativos en 2023, el banquero tío de Ana Botín aseguraba que había sido todo un pelotazo. En concreto, 30 millones. Afirmaba que él, a título personal, había metido "4 kilos" y había sacado 12, beneficio que estaba exento fiscalmente en un 95%, según documentos internos.

Pero, un año después, Mirtosan Spain, la sociedad que comparten estos inversores, se ha apuntado unas pérdidas de 13,5 millones porque consideran que la participación del 21% que aún retienen en Moove Cars Mobility no vale nada. ¿El motivo que explica este cambio tan brusco? Pues, a falta de las explicaciones oficiales de los implicados, con los que El Confidencial ha intentado contactar sin éxito, la razón esencial es que la compañía tiene una montaña de deuda que vence a principios de 2026 y que, pese al boom del uso de las VTC, los ingresos que obtiene no dan para pagarla.

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De hecho, Uber le tuvo que prestar en el segundo trimestre del año otros 100 millones de dólares a Moove Cars para atender sus obligaciones más imperiosas. Un nuevo préstamo que, sumado a los 288 millones del anterior, dispara el pasivo a 380 millones de dólares, 326 millones de euros. Cantidades a las que hay que agregar las líneas de crédito firmadas con Banco Santander, cuya presidenta es sobrina de Jaime Castellanos, y Ares Capital, un fondo de deuda.

El nuevo dinero de Uber, que de no pagarse se canjeará por capital, por lo que se convertirá en el máximo y casi único accionista de Moove Cars. La compañía sufrió, de hecho, un brusco cambio de su consejo de administración el pasado mes de mayo, cuando dimitieron los tres representantes de King Street, un fondo oportunista que tiene un 30% del capital. Su lugar lo asumió el propio Castellanos, que fue nombrado presidente, mientras que Álvaro Rendueles (Ares) y Rafael Vega Gandarías (vinculado a Castellanos) fueron designados consejeros.

Foto: m-a-dcim-banca-de-inversion-asesores-trump

El banquero de Lazard tiene ahora un buen reto: poner en cuerpo propio la medicina que Lazard suele recomendar a las empresas que le contratan para curarse: las reestructuraciones de capital. La entidad tiene verdaderos especialistas en sacar adelante compañías en problemas con soluciones imaginativas para sus propietarios.

Mientras se dilucida el futuro de Moove Cars, los accionistas de Cabify, la compañía española participada por Juan de Antonio y Rosauro Varo, tendrán que esperar aún algún año más para monetizar su inversión, en la que llevan más tiempo del que les gustaría. Pese a que la compañía cada vez se acerca más a la rentabilidad y que va cumpliendo su plan estratégico, los números no dan para sacarla a bolsa, como pretendían hace poco. El grupo japonés Rakuten, dueño del 47%, ya contrató a UBS para vender su participación, también con poco éxito.

Cuando un chaval quiere desplazarse en una gran ciudad sin coger su coche, sobre todo si va a consumir alcohol, se pide un Uber o un 'Cabi'. Pocos llaman a un taxi, como se decía no hace mucho tiempo. Prueba inequívoca de que estas plataformas de movilidad se han colado, vía aplicación de móvil, en los hábitos de los ciudadanos, pese a la presión de las organizaciones tradicionales de obstaculizar su despliegue. Un negocio que, además, vuela en bolsa, como se puede comprobar en las cotizaciones de Uber, que se ha revalorizado un 45% en lo que va de año, o de Lyft (47%) en la Bolsa de Nueva York.

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