Telefónica y Javier de Paz: del verano con Zapatero al temor a los americanos
La salida del consejero más longevo de la operadora, que daba por hecho su renovación en la próxima junta, se produce en medio de las investigaciones de EEUU a su mentor
Telefónicacelebró a finales de julio el último consejo de administración antes de las vacaciones de verano. Ese día,Javier de Paz, el miembro del órgano de gobierno más longevo y político de la operadora de telecomunicaciones, recibió una llamada de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno e íntimo amigo, para que pasara unos días con él de vacaciones en Lanzarote, la isla canaria en la que ya había desembarcado días antes Pedro Sánchez. Allí se vieron. Seguían vivas la gran sintonía y las influencias cruzadas entre el actual inquilino de la Moncloa, el expresidente y el exjefe de las Juventudes Socialistas, hasta la semana pasada consejero de Telefónica.
De allí, De Paz se fue a Marbella, donde departió con personas de su confianza sobre los temas de actualidad. A varios les aseguró que, ante el próximo vencimiento de su mandato como consejero, iba a continuar con total seguridad, una vez superado el intento de José María Álvarez-Pallete, el anterior presidente, de prescindir de él. El hombre de confianza de Zapatero, hábil como pocos, no solo logró retener su asiento, sino que colaboró para que Pallete fuese destituido. En el mismo Palacio de la Moncloa, en un despido inédito.
Tras el cambio en la cúpula, De Paz daba por hecho que seguiría cuatro años más en el consejo de Telefónica. Sus habilidades políticas han sido muy apreciadas por los últimos presidentes de Telefónica. Su agenda, aunque muy bien conectada con la izquierda española, también se extiende a la derecha. Y su fama de cuidar bien a los amigos hace que estos estén casi siempre predispuestos a devolver el favor.
Todos los cabos parecían atados. Con un nuevo presidente,Marc Murtra, promovido por la SEPI, y con Zapatero haciendo de emisario de Pedro Sánchez, ya sea negociando con Puigdemont o en labores de embajador oficioso en China. Estaba muy tranquilo. Más aún, aliviado. Hasta Pallete, que no quiso saber nada de él tras su cese y le rechazó varios intentos de concertar un café, lo acabó recibiendo en su casa de La Moraleja. Una reunión que se produjo contra el criterio de la esposa del expresidente de Telefónica, que no ha perdonado aún lo que consideró una traición.
A la par, al regreso de septiembre, en Telefónica saltaron las alarmas cuando Piedad Álvarez, la nueva responsable de Seguridad, informó a Mutra de que Estados Unidos había puesto a Telefónica en el foco de sus investigaciones por las relaciones de Zapatero con Venezuela y China. Los americanos ya advirtieron hace tres años a Telefónica, en la misma Casa Blanca, de que debía cortar los lazos con Huawei. El mensaje fue claro: en Washington D.C. preocupa la influencia del expresidente leonés en decisiones sobre alianzas estratégicas que pueden acabar afectando a la seguridad de la red.
Los americanos, como han hecho público, tenían detalles de los viajes de Zapatero a Caracas y sus vínculos con el régimen de Maduro. Pero también de algunos que hizo De Paz al país latinoamericano gracias a su conexión con Jorge Rodríguez, el hermano de Delcy Rodríguez, la mano derecha del líder venezolano. Vuelos en el avión corporativo de Telefónica, un uso que generó un debate interno en la secretaria jurídica de la compañía por si podía ser malinterpretada por las autoridades estadounidenses.
Especialmente tras la sanción de 85 millones de dólares (la mayor de la historia a una empresa española) que recibieron de la Securities Exchange Commission, el supervisor de los mercados de EEUU, por sus operaciones en Venezuela. Aunque los hechos se remontan a 2014, en la etapa de César Alierta, predecesor de Pallete, la multa era muy reciente: en septiembre de 2024. Y el motivo de la sanción también era delicado: el pago de sobornos a un sobrino de Maduro mediante la compra de equipos de Huawei.
Las reacciones recientes desde Venezuela no ayudan a borrar los vínculos entre Zapatero y el régimen bolivariano. Maduro se mostró indignado en rueda de prensa el 15 de septiembre después de que Christopher Landau, subsecretario de Estado de EEUU, insinuara en redes que podría quitar la visa al expresidente español: “El expresidente Rodríguez Zapatero es un hombre honorable, un dirigente político de España. Que un subsecretario de Estados Unidos lo agreda de esta forma es bochornoso”, aseguró el autócrata, por cuya entrega EEUU ofrece 50 millones de dólares. Poca broma.
El propio De Paz pidió poco después que, cuando se escribiera de él, no se le vinculara con Zapatero. Pero no porque, de repente, se hubiese roto la relación. La confianza seguía y sigue vigente. El que ha sido consejero de Telefónica durante 18 años es un leal amigo de sus amigos, amén de tener una gran valoración del hombre que gobernó España entre 2004 y 2011. Pero lo que llegaba desde la embajada americana a la sede de la operadora hacía preferible para todos marcar un poco de distancia. Al menos en público.
El aviso de la jefa de seguridad alertó al nuevo presidente sobre los riesgos de mantener a De Paz en el consejo, pese a que estaba ayudando a convencer a los líderes sindicales de la necesidad de aplicar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en Telefónica. Ese era su encargo, su principal aportación inmediata al nuevo plan estratégico que Murtra presentará el próximo 4 de noviembre.
Y el presidente también se puso en guardia en ese flanco. Murtra pidió un informe regular sobre cualquier información relativa a Zapatero y Venezuela que pudiera vincular a la compañía, mientras, con el apoyo de Carlos Ocaña, representante del 10% de la SEPI, se buscaba un reacomodo digno a De Paz. Aunque la sintonía con Ocaña, coautor del libro de la polémica tesis de Sánchez, ha sido escasa, había un consenso en que la nueva oferta debía considerar sus años de servicio, su capacidad para resolver problemas diplomáticos y aunar voluntades. Y aquí se incluye también la negociación para la formación de Gobierno entre Sánchez y Pablo Iglesias.
¿La solución? De Paz sale del máximo órgano de Gobierno de la compañía, el consejo de Administración, pero será primer ejecutivo de Telefónica Infraestructuras y Activos Inmobiliarios, director adjunto al presidente y conservará la presidencia no ejecutiva de Movistar+, a pesar de su falta total de expertise en la materia. Y eso le llena de satisfacción. Está contento porque, según su versión, es un puesto que, lejos de restarle poder, le refuerza en la casa.
Oficialmente, su renuncia a ser consejero ha sido voluntaria, pese a que hace pocos meses aseguraba que iba a continuar. Pero él está contento, Murtra está contento y Ocaña, más aún. Fuentes de Telefónica insisten en que su renuncia es voluntaria y que no tiene nada que ver con el asunto de Venezuela.
Telefónicacelebró a finales de julio el último consejo de administración antes de las vacaciones de verano. Ese día,Javier de Paz, el miembro del órgano de gobierno más longevo y político de la operadora de telecomunicaciones, recibió una llamada de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno e íntimo amigo, para que pasara unos días con él de vacaciones en Lanzarote, la isla canaria en la que ya había desembarcado días antes Pedro Sánchez. Allí se vieron. Seguían vivas la gran sintonía y las influencias cruzadas entre el actual inquilino de la Moncloa, el expresidente y el exjefe de las Juventudes Socialistas, hasta la semana pasada consejero de Telefónica.