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Octubre negro y rebajas de 'rating' en el Ibex. ¿Profecía autocumplida para España?
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Octubre negro y rebajas de 'rating' en el Ibex. ¿Profecía autocumplida para España?

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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España se prepara para un verano histórico. La recuperación exprés del turismo, tras dos años seriamente mermado por el impacto de la pandemia, alimenta la esperanza de unos registros muy positivos. La buena marcha de la Semana Santa y los meses posteriores ha hecho posible pensar que este verano contribuya decisivamente para que a final de año estemos cerca de los números logrados en 2019, ejercicio récord en afluencia internacional de turistas (84 millones) y de aportación del sector al PIB nacional (155.000 millones).

Ni siquiera la espiral inflacionista de la economía española, por encima del 7,5% de tasa media en la zona euro, parece nublar esas previsiones tan optimistas. El Gobierno es consciente de lo que se juega el país en los próximos tres meses. Junto al impacto de la guerra, el segundo factor que marcará el crecimiento económico en 2022 será la recuperación de la actividad turística. Y bastantes indicadores (solo el sector hostelero demanda 100.000 empleos para la temporada) hacen pensar que se cumplirán las previsiones más optimistas.

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters/Daniel Roland)

Sin embargo, descontado ya este impacto, la conversación empieza a girar sobre el último trimestre. Y con tono pesimista. Un octubre negro. La euforia estival puede esconder un aterrizaje más brusco aún, sobre todo si se tiene en cuenta que los efectos de la inflación no han tenido aún una traslación (negativa) a la estructura productiva. El otro gran impacto, directamente ligado, es el de la política monetaria del BCE, por cómo la subida de tipos (0,25 puntos en julio) puede ir influyendo en el enfriamiento de la economía (crecimiento por debajo del 3%).

Esta coyuntura preocupa sobremanera en Moncloa por dos motivos. El primero de ellos afecta a la capacidad de gasto del Ejecutivo, una vez que el BCE ha puesto caducidad a las compras de deuda a partir de este verano. La confirmación de esta medida, descontada ya desde hace un par de meses por la evolución de las primas de riesgo de los países del sur, entre ellos España, en máximos ya de dos años (confinamiento), pone en alerta a economías como la nuestra, con mayores déficits estructurales y más dependientes de la barra libre del guardián del euro.

El segundo, consecuencia directa del primero, impactará en la acción política del Gobierno, por más que Nadia Calviño (Economía) y María Jesús Montero (Hacienda) mantengan la calma. Por un lado, porque financiar el gasto público empieza a ser más caro, después de una década de dinero barato (o regalado). A principios de junio, la emisión de letras del Tesoro tuvo un coste de casi el 0,5%, recuperando niveles de 2014 y siguiendo la evolución al alza, en paralelo, del bono español a 10 años, que la semana pasada alcanzó un interés del 3% en el mercado secundario.

Por otro, porque en caso de recompras de deuda excepcionales por parte del BCE, pocos dudan de que tendrán algún tipo de condicionalidad. Y eso, para beneficiarios por debajo de los Pirineos, implica hablar de la partida de gasto en las cuentas públicas, justo en un momento en que se entra en la recta final de la legislatura, a 18 meses máximo de las próximas elecciones generales y con el presidente Pedro Sánchez apurando decisiones de gasto (oferta récord de empleo público, revisión salarial de funcionarios o incremento de gasto en pensiones).

Más allá del juego partidista, el Gobierno es consciente de esta deriva. La pregunta más común de responsables del gabinete, de puertas afuera, ya es sobre cómo se percibe el próximo octubre. "¿Tú qué has oído? ¿Qué opinión hay sobre la vuelta de verano?". Y las respuestas, casi siempre negativas, muy a su pesar, tapan el buen verano previsto y retroalimentan el concepto de profecía autocumplida. Y empieza a no haber argumentos para salir de esa espiral negra, porque a pesar de haber más de 20 millones de empleados, la tasa de paro también repunta.

Foto: Bolsa de Madrid. (EFE/Vega Alonso del Val)

Incluso entre los grandes del Ibex, en su gran mayoría atados a la marcha de la economía del país, el sentimiento empieza a ser conservador, aunque ya desde el primer trimestre hay señales de prudencia. Como reconoce un presidente de este club, de gira reciente por EEUU, no hay como un 'road show' ante inversores para pulsar la opinión actual del mercado sobre España y comprobar cómo está condicionando incluso la percepción sobre las grandes empresas del país, hasta el punto de afectarlas con potenciales bajadas de 'rating'. Y eso es una bandera roja.

Al final, el único salvavidas para España, considerando imprevisible un impacto positivo inmediato de los fondos de recuperación, estará en manos del BCE. Y no por la necesidad de sostener a España para evitar la quiebra del euro, un comodín cada vez más inestable, sino por cuál será su actuación ante la disyuntiva de recesión o inflación. Y como reconocen desde el entorno del vicepresidente Luis de Guindos, cualquier decisión pasará antes por mantener el crecimiento en lugar de anular la subida de precios. Aunque con una guerra abierta en el flanco este de Europa, todo está sujeto a revisión.

España se prepara para un verano histórico. La recuperación exprés del turismo, tras dos años seriamente mermado por el impacto de la pandemia, alimenta la esperanza de unos registros muy positivos. La buena marcha de la Semana Santa y los meses posteriores ha hecho posible pensar que este verano contribuya decisivamente para que a final de año estemos cerca de los números logrados en 2019, ejercicio récord en afluencia internacional de turistas (84 millones) y de aportación del sector al PIB nacional (155.000 millones).

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