Del ladrillo al 'venture capital': el viaje sin hacer de los millonarios españoles
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Del ladrillo al 'venture capital': el viaje sin hacer de los millonarios españoles

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

placeholder Foto: Alicia Koplowitz. (EC)
Alicia Koplowitz. (EC)

Mucho deben estar cambiando las cosas para que una millonaria convencional como Alicia Koplowitz, que gestiona sus inversiones en bolsa a través de Omega Capital, se convierta en accionista de Team Heretics, un club español referente en la industria del videojuego 'online'. Burbuja o no, se demuestra que hay vida más allá del Ibex 35 y del ladrillo del paseo de la Castellana o del paseo de Gracia.

Entre las nuevas fortunas, quienes mejor encarnan ese espíritu emprendedor como inversores más allá de su negocio original son Francisco y Jon Riberas, fundadores y máximos accionistas de Gestamp. Esta semana, el primero de los hermanos se hizo con el 20% de Cooltra, el grupo de movilidad urbana (motos y bicis eléctricas) de ámbito europeo, tras poner 20 millones de euros en una ampliación de capital.

Foto: Alicia Koplowitz

Los hermanos, además de controlar otra cotizada como CIE Automotive, han ampliado su perímetro empresarial por separado en actividades de lo más variadas, como maquinaria de construcción (GAM), restauración (José Andrés), ocio (Teatros Príncipe Pío), gran consumo (Cervezas Gran Vía), tecnología (Cabify), movilidad (Moove Cars)… y siempre con muchos millones en juego.

Quienes mejor encarnan ese espíritu emprendedor como inversores más allá de su negocio original son Francisco y Jon Riberas

En realidad, su caso es bastante excepcional en comparación con los pocos ricos (hablamos de mil millonarios) que de verdad hay en España. Solo los March (Corporación Financiera Alba) y Abelló (Torreal) han desarrollado una apuesta inversora de ese perfil en el tejido empresarial nacional durante las últimas décadas, aunque el origen de sus fortunas y la tipología de sus apuestas sean muy diferentes.

Lo común entre las grandes fortunas ha sido vincular su patrimonio a un negocio rentista, sobre todo de índole inmobiliaria. Más allá del concepto de terratenientes y latifundistas previos al siglo XIX, en los tiempos modernos nuestro país ha celebrado el culto al ladrillo como referencia de riqueza y prosperidad, tanto para la aspiracional clase media como para los millonarios de verdad.

Esta mentalidad, tan alejada de la cultura financiera de los países más prósperos, ha sido dominante incluso entre empresarios coetáneos de éxito, hechos a sí mismos, con demostrado gen emprendedor. Ejemplos hay miles, como los Revilla, los Lladó, los Reyzábal, los 'Caboel'... aunque el nombre que mejor ilustra esta condición es Amancio Ortega, dueño y fundador de Inditex, y su patrimonial Pontegadea.

Lo común entre las grandes fortunas ha sido vincular su patrimonio a un negocio rentista, sobre todo de índole inmobiliaria

El único español entre los más ricos del mundo, gracias al trabajo de toda una vida en el negocio textil, tiene por costumbre comprar al menos un gran activo inmobiliario (edificios de oficinas o espacios comerciales) al año en algún lugar 'prime' del mundo, dentro de la política de reinversión de los dividendos que recibe (más de 600 millones) del gigante mundial de la moda. Y así lleva más de 20 años.

Cuando los recursos abundan, la restringida política de inversión de Pontegadea se explica por un motivo fundamental: evitar al máximo el riesgo reputacional de Ortega. Y eso que, en los últimos años, han ampliado el perímetro de inversión a negocios de infraestructuras como Telxius (Telefónica) o Enagás, con flujos de caja previsibles y políticas de dividendos estables en el tiempo. Rentismo.

Algunos millonarios se han atrevido a probar en la economía digital hace algunos años, con Juan Roig (Lanzadera) o José Manuel Entrecanales (JME) entre los destacados, pero con cantidades modestas para su patrimonio. Aun así, llegan después de que la primera generación de unicornios españoles (Idealista, eDreams, MasMovil) y también la segunda (Letgo, Cabify, Glovo, Wallapop) cuajaran sin el dinero de grandes fortunas nacionales como inversores ancla.

Foto: Amancio Ortega, en una imagen de archivo. (Reuters)

En realidad, esta situación no es más que un reflejo de la deriva del propio país. Sin los bancos como actores de la política industrial y con el dinero de las cajas de ahorros desaparecido, España carece de riqueza interna para ser propietaria de su deuda o de sus principales infraestructuras, que al final se financian con las aportaciones de las viudas de Escocia, los profesores de California o los jubilados de Ontario.

Como en otros momentos históricos, los ricos españoles han llegado tarde a la revolución digital. Los huevos de su patrimonio estaban puestos en su mayoría bajo las alas de algún negocio rentista, por lo general vinculado a sectores regulados o al brillo del ladrillo, el activo refugio por antonomasia. Acompañar en su viaje a otros emprendedores y compartir riesgos y beneficios requería demasiado esfuerzo.

El dinero es, por definición, conservador. Más aún para quien más tiene, que prefiere pagar por mantener lo generado o heredado. El denominador común ha sido (y es) optar por lo más fácil y seguro, y hasta hace poco el sector inmobiliario era imbatible ofreciendo esas condiciones. Por eso, aunque Alicia Koplowitz pueda fallar en su apuesta por el 'gaming', será un acierto si es un símbolo de los nuevos tiempos.

Mucho deben estar cambiando las cosas para que una millonaria convencional como Alicia Koplowitz, que gestiona sus inversiones en bolsa a través de Omega Capital, se convierta en accionista de Team Heretics, un club español referente en la industria del videojuego 'online'. Burbuja o no, se demuestra que hay vida más allá del Ibex 35 y del ladrillo del paseo de la Castellana o del paseo de Gracia.

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