¿Quién se acuerda de Caja Madrid? Ni Goiri, ni Fainé, ni siquiera Ayuso
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¿Quién se acuerda de Caja Madrid? Ni Goiri, ni Fainé, ni siquiera Ayuso

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Foto: EC.

Nunca antes quedarse con un rival fue tan fácil. Y eso, a pesar de que en los últimos 10 años la historia pudo haberse escrito de otra manera. El resiliente Isidro Fainé selló la absorción de Bankia en el verano de 2020 sin derramar una sola gota de sangre, la que sí hubiera corrido en las tentativas amparadas desde Moncloa en 2011 o 2015. Tras más de ocho años al timón, José Ignacio Goirigolzarri entregó las llaves de la vieja Caja Madrid, refundada junto a otras seis cajas regionales antes de su rescate público, para formar parte del primer conglomerado financiero del país, del que es presidente no ejecutivo (y en solitario), emparedado entre el gran patricio del Ibex, el consejero delegado Gonzalo Gortázar y el director general de negocio Juan Alcaraz.

Goiri y su equipo habían cumplido un ciclo en Bankia. Su compromiso para reconstruir la gloriosa Caja Madrid, apoyado por una inyección de 22.400 millones públicos, tras el legado ‘black’ de Miguel Blesa y Rodrigo Rato, había sido avalado por los diferentes gobiernos del PP y PSOE, pero el mercado hacía tiempo que había bloqueado la posibilidad de cualquier futuro en solitario, pese a reconocer su buen hacer en el ‘turn around’. Antes de echarse en brazos de Fainé, la capitalización del banco se desplomó un 80% en los últimos tres años. Había que mover ficha y, en un patio donde todos venían hablando con todos (también hubo opciones de fusionarse con Banco Sabadell), el primero en moverse tiene más opciones de elegir pareja.

Foto: José Ignacio Goirigolzarri (i), presidente de Bankia; y Gonzalo Gortázar (d), CEO de CaixaBank. (EFE)

Dicho esto, Fainé no dejó que Goiri hiciera mucha mudanza. Nadie del núcleo duro de Bankia le acompaña en el nuevo viaje, aunque casi todos eran conscientes del poco sitio existente en la nueva CaixaBank. El más obvio era el caso de Pepe Sevilla, consejero delegado, a quien se le ofreció acomodo en la estructura o un plácido retiro en la presidencia de CECA dentro de unos años. A las puertas de la jubilación, Antonio Ortega entregaba la dirección general de RRHH, Medios y Tecnología, mientras que Amalia Blanco, directora general de Comunicación, RRII y Marca, se cayó del organigrama por la limitación de competencias. Tampoco el secretario del consejo Miguel Crespo, nexo con Luis de Guindos, era necesario para la ecuación.

La composición del actual comité de dirección de CaixaBank deja a las claras el equilibrio de fuerzas tras la operación. Solo tres ejecutivos, de un total de 13, proceden de Bankia, y ninguno de ellos tiene pasado en Caja Madrid. Los únicos peones de Goiri para este viaje son Manuel Galarza, David López y, su favorito, Eugenio Solla (fue director de gabinete), cuyas carreras en Bankia tuteló procedentes de Bancaja Corporación, Caja Insular de Canarias y Caja Ávila, respectivamente. En el dibujo de la nueva sala de máquinas se han caído otros tres ejecutivos del organigrama promocionados durante su mandato, como Gonzalo Alcubilla, Fernando Sobrini y Carlos Torres, todos ellos, estos sí, con origen en la vieja caja del oso y el madroño.

Foto: (EFE)

Aunque para tomar el control de Bankia se rodeó de externos, salvo el efímero Francisco Verdú, consejero delegado con Rato, con el paso del tiempo Goiri aupó a ejecutivos de la casa, al contrario que su antecesor. En solo dos años al frente, el vicepresidente del Gobierno configuró como presidente del banco un equipo de afines (Norniella, Chozas, Maldonado, Lagares…) provenientes de su etapa política, con excepción de Ildefonso Sanchez Barcoj, único cajamadrid heredado de Blesa, y de Crespo, concesión al ministro de Economía. Pero la negativa del otrora virrey del PP a una fusión preventiva con La Caixa, con un cambio de cromos muy diferente al actual, llenó de argumentos a Guindos para acabar con la carrera de su exjefe.

Nadie habría imaginado un final así un puñado de años antes, cuando Caja Madrid rivalizaba con La Caixa por la hegemonía de las cajas de ahorro. Hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria, el original Monte de Piedad de la capital había crecido en paralelo al creciente empuje de Madrid y al tirón económico del país, lo que se bautizó como el milagro económico de José María Aznar, amigo y mentor de Blesa. El reconocimiento era tal que hasta la prensa económica internacional dedicó poco antes de 2007 un reportaje sobre las bondades de las multinacionales españolas, con media docena de ejecutivos posando en la azotea de una de las torres KIO, sede de la entidad madrileña, por ser la cota más alta de la capital. Era el simbolismo perfecto.

Errores del pasado

Todo lo aprendido en los fiascos de Gas Natural (controlada por Repsol y La Caixa) para fusionarse con Endesa e Iberdrola en 2005 y 2006, respectivamente, sirvió a Fainé para reforzar su estilo palaciego frente al más impulsivo de Antonio Brufau. Si el que resiste, vence, para triunfar en Madrid ha convenido además esperar a que no gobierne el PP, cómodo en el marco de tensión entre la capital y Cataluña. Ocurrió para ver fusionada Gas Madrid con Catalana de Gas y activos de Repsol (INI) a comienzos de los 90, bajo el mandato socialista de Felipe González, y ha ocurrido ahora con Bankia, una vez que la llegada de Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa acabó con el veto existente al pantocrátor de Caixa. La historia se repite.

Aquellos tiempos de gloria, cuando Caja Madrid fue un estilete indirecto (era accionista de Endesa) para plantar cara al catalanismo atribuido a La Caixa, quedan muy lejos para Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, envuelta en una especie de nacionalismo madrileño (“forma de vivir única”) para alimentar su discurso político, desconoce lo que es contar con un brazo financiero bajo su influencia. La última en probarlo fue la arrolladora Esperanza Aguirre, cuando dominaba Madrid con mayoría y jugaba a verso suelto de Génova, con un débil Rajoy como líder de la oposición, que quiso colocar al frente a su delfín Ignacio González. A todos les ha sobrevivido Fainé, distinguido por resistir mejor que nadie. Y eso, Goiri lo sabe.

Nunca antes quedarse con un rival fue tan fácil. Y eso, a pesar de que en los últimos 10 años la historia pudo haberse escrito de otra manera. El resiliente Isidro Fainé selló la absorción de Bankia en el verano de 2020 sin derramar una sola gota de sangre, la que sí hubiera corrido en las tentativas amparadas desde Moncloa en 2011 o 2015. Tras más de ocho años al timón, José Ignacio Goirigolzarri entregó las llaves de la vieja Caja Madrid, refundada junto a otras seis cajas regionales antes de su rescate público, para formar parte del primer conglomerado financiero del país, del que es presidente no ejecutivo (y en solitario), emparedado entre el gran patricio del Ibex, el consejero delegado Gonzalo Gortázar y el director general de negocio Juan Alcaraz.

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