Por qué Iván Redondo debería seguir más a GP Bullhound y menos al Ibex
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Por qué Iván Redondo debería seguir más a GP Bullhound y menos al Ibex

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

placeholder Foto: Miguel Kindelán, responsable de GP Bullhound en España y Portugal. (EC)
Miguel Kindelán, responsable de GP Bullhound en España y Portugal. (EC)

Cada vez son más las viejas glorias del Ibex haciendo las maletas. El penúltimo ha sido Josep Oliu, que tras dos décadas con la chaqueta de presidente ejecutivo de Banco Sabadell ha dado un paso atrás (los números obligaban) para dejar paso a un nuevo plantel directivo. Años atrás lo hicieron ya, por diferentes motivos, 'Botines', 'Aliertas', 'Isidoros' y 'Borjaprados', referentes absolutos del gran poder corporativo de este siglo, mientras otros factótums, como 'Florentinos', 'Galanes' y 'Brufaus', suman ya setenta y pico. El relevo generacional llama a la puerta, aunque haya una excepción que confirme la regla, caso de Isidre Fainé (79 años) al frente del universo Caixa.

Esta coyuntura no ha pasado desapercibida en el Palacio de la Moncloa. Nunca antes un presidente del Gobierno como ahora Pedro Sánchez tuvo menos 'feeling' con la élite empresarial. Y no por falta de ganas. Su atropellado periplo para conquistar el poder en el PSOE y luego para regir el país, de la mano de Podemos, ha dejado muchos enemigos en la cuneta y pocos afines. Sin embargo, el jefe de gabinete presidencial, Iván Redondo, ha visto en esta carencia una oportunidad y se ha propuesto alumbrar la llegada de una nueva generación a los puestos de mando del Ibex. O, al menos, ayudar a que pasen cosas, como ha quedado claro en Prisa con el emergente Rosauro Varo.

Foto: Montaje: Juan de Antonio, fundador de Cabify

Lo urgente, como casi siempre, distrae de lo importante. Mientras el fontanero jefe de Moncloa se afana en criar una camada de cachorros para ocupar el Ibex, la nueva economía va quitando lustre y relevancia a los viejos monopolios privatizados (telecomunicaciones y petróleo) y a los negocios regulados (eléctricas y banca) que lo forman. Además, a falta de riqueza nacional, incluso estas empresas país, punta de lanza del resurgir español de los noventa, van cayendo en manos del dinero extranjero, que antes se conformaba con un lucrativo dividendo y ahora incluso ya se mete en los asuntos de gobernanza. ¿Cuántas multinacionales del Ibex serán españolas en dos décadas?

Para evitar esta deriva, ni siquiera Europa es la solución, ni mucho menos la lluvia de millones de su programa Next Generation. El viejo continente ha perdido también el pulso de la nueva economía, allí donde China y EEUU cultivan los 'hubs' de desarrollo presente y futuro. Muy pocas compañías europeas de nuevo cuño destacan en esa vanguardia del globalismo digital, como puedan ser Adyen y Spotify, dos proyectos con casi ya dos décadas a sus espaldas. La mayoría de grandes marcas o referentes sectoriales de esta parte del mundo, como ha puesto de manifiesto la pandemia, tienen origen centenario (Imperial College) o posterior a la Segunda Guerra Mundial.

También aquí las excepciones confirman la regla. Lo saben los cuatro financieros (mitad 'british', mitad suecos) procedentes de Goldman Sachs, Lehman y Barclays que en 1999 crearon la firma de asesoramiento e inversión GP Bullhound. Nacieron al calor de las primeras y prometedoras 'startups' europeas y su viaje ha transcurrido en paralelo al éxito cosechado por Spotify, su primer gran apuesta como inversión y como cliente. Ahora, consolidados como una firma global (Europa, EEUU y Asia), su cartera de transacciones es un buen termómetro para medir el pulso de los sectores ('software', 'digital media', 'e-commerce', 'fintech' y 'digital service') protagonistas de la economía digital.

Foto: EC.

Pese al declinante esplendor del Ibex, nuestro país cuenta cada vez con más actores de peso en estos sectores de cambio. Y también con más dinero: durante 2020, solo entre los fondos españoles especializados se levantaron cerca de 1.000 millones para invertir, tanto como un año antes de la pandemia. Y en lo que va de curso, nuevas rondas de 'startups' ‘españolas’ como Wallapop, Sorare o Wallbox han captado más de 500 millones. Pocos meses atrás, otros proyectos paridos y desarrollados aquí como Freepik o Vilynx terminaron en manos de gigantes como el fondo EQT (dueño también de Idealista) o la tecnológica Apple tras desembolsos millonarios.

A pesar de todo, España va abriéndose camino también en este campo. Un indicador de la mayor cantidad de compañías ‘tecnológicas’ y de su mayor dimensión es la llegada de la propia GP Bullhound hace tres años, con el financiero Miguel Kindelán como responsable de la oficina para la Península. Aunque todavía hay una brecha respecto a Reino Unido, Alemania o Francia, el mercado nacional comienza a tener tamaño incluso para la llegada de nuevas firmas de asesoramiento especializadas en este nicho, como la reciente de Bondo Advisors, impulsada por el equipo fundador de Antevenio, compañía pionera del 'marketing' digital en nuestro país.

Las ventajas de España

Estos ejemplos explican en parte el dinamismo del emprendimiento digital. Va madurando la primera hornada de proyectos enfocados en clave corporativa (B2B) y con ambición internacional, como puede ser el caso de Signaturit, recientemente adquirida por el fondo Providence, al tiempo que el peso de España se consolida en la reasignación del dinero internacional, aprovechando a nuestro favor la existencia de equipos capacitados, más competitivos y de menor rotación que en mercados tan calientes como EEUU. La fuerza de los nuevos tiempos es tan evidente que hasta en el Ibex existe el mandato de incorporar estos perfiles a sus consejos de administración.

Pese a esta inercia, cada vez con más unicornios a la vista, no serán estos emprendedores quienes modifiquen para mañana la composición del Ibex. Es demasiado pronto y quizá prefieran tener un perfil menos público. Tal vez eso explique los esfuerzos del 'entourage' de Pedro Sánchez por identificar y alentar ese pelotón de reemplazo, entre los que José María Álvarez-Pallete será la excepción generacional, tanto por deseo como por pura cuestión de supervivencia, en lugar de sembrar entre las nuevas tecnológicas españolas. Todo lo que no sean resortes de poder para el corto plazo carece de interés, por más que sepamos que los eméritos del Ibex están desnudos.

Cada vez son más las viejas glorias del Ibex haciendo las maletas. El penúltimo ha sido Josep Oliu, que tras dos décadas con la chaqueta de presidente ejecutivo de Banco Sabadell ha dado un paso atrás (los números obligaban) para dejar paso a un nuevo plantel directivo. Años atrás lo hicieron ya, por diferentes motivos, 'Botines', 'Aliertas', 'Isidoros' y 'Borjaprados', referentes absolutos del gran poder corporativo de este siglo, mientras otros factótums, como 'Florentinos', 'Galanes' y 'Brufaus', suman ya setenta y pico. El relevo generacional llama a la puerta, aunque haya una excepción que confirme la regla, caso de Isidre Fainé (79 años) al frente del universo Caixa.

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