El infarto de César Alierta y los peajes reales de Telefónica
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hospitalizado en la clínica ruber

El infarto de César Alierta y los peajes reales de Telefónica

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Tras unos días de vacaciones en la montaña, César Alierta se disponía a recuperar su rutina madrileña con una cena el pasado martes. Por suerte para el expresidente de Telefónica, de camino a la cita, su chófer pudo gestionar su ingreso de urgencia en la Clínica Ruber, donde fue hospitalizado tras sufrir un infarto. Aunque fue una afección coronaria relevante, el financiero zaragozano permanece estable, según fuentes próximas a la familia, aunque en estado vigilante dada su delicada salud pulmonar, justo un año después de sufrir una angina de pecho durante un viaje por Chile.

A sus 75 años, el otrora todopoderoso patriarca del Ibex vive alejado de los focos, aunque todavía mantiene ciertos honores a través de la presidencia de la Fundación Telefónica. Igual que otros colegas de generación, su jubilación forzosa se produjo con los pies a rastras, como les ocurre a muchos hombres de Estado, en este caso gracias al poder acumulado por su puesto corporativo, cuando son conscientes de su capacidad de influencia pública, con propuestas como el Consejo de la Competitividad, y su ascendiente sobre la clase política, como denunció el candidato Pedro Sánchez.

Foto: El presidente de Criteria Caixa y de la Fundación Bancaria la Caixa, Isidre Fainé. (EFE)

Alierta no ha gozado del poder (del dinero) del fallecido Emilio Botín ni cuenta con la cobertura fundacional de Isidre Fainé (78 años), pero a su manera ha formado parte del cónclave empresarial más influyente en los últimos 30 años. Con el paso del tiempo, sus formas fueron más desacomplejadas que las de sus amigos Manuel Pizarro (Endesa) y Francisco González (BBVA), todos abiertamente ‘liberales’, bien por tradición familiar, bien por afinidad con el primer José María Aznar, a quien ayudaron a gestionar las privatizaciones que sanearían las cuentas públicas para entrar en el euro.

De hecho, el aragonés llegó más lejos que nadie en su transversalidad partidista, con independencia de sus querencias, hasta hacer de Telefónica un gran centro de acogida. Algunos de ellos siguen en activo en la compañía, como Javier de Paz, Narcís Serra o Trinidad Jiménez, pero otros muchos han pasado por allí bajo diferentes formatos, como Eduardo Zaplana, José Bono, Antonio Gutiérrez, David Madí, Yolanda Barcina o el mismísimo Rodrigo Rato, a quien visita con frecuencia en Soto del Real, sin que el debate de las puertas giratorias hiciera mella en su mandato.

Uno de los peajes más desconocidos de César Alierta a su paso por Telefónica fue su incursión en el mundo de las regatas

En sus 16 años como presidente, Alierta también extendió el manto de la operadora hasta las escaleras de la Casa Real. Y eso a pesar de que el nuevo núcleo duro del Ibex llegado con Aznar guardó distancias con Juan Carlos I, cuya vida poco disciplinada era conocida a esas alturas tras más de una década arropado por la ‘biutiful’ del felipismo. Algunos gestos pasaron por comunes, como hacer consejero a Fernando de Almansa tras abandonar la jefatura de Zarzuela, y otros casi por obscenos, como fichar a Iñaki Urdangarin para blanquear su mudanza a Washington a las puertas del caso Nóos.

Sin embargo, uno de los peajes más desconocidos de Alierta a su paso por Telefónica fue su incursión en el mundo de las regatas. Más allá de fletar con los ‘móviles’ el nuevo Bribón capitaneado por el propio Juan Carlos I durante varios años, la verdadera conexión real estuvo en el respaldo a las aventuras del laureado Pedro Campos, patrón del Desafío España en la Copa América de 1992 y amigo de mar del monarca, hasta el punto de costear un Team Telefónica para competir en las competiciones más importantes del deporte de la vela, como la Volvo Ocean Race.

Poco podían imaginar ambos protagonistas que a la vuelta de la esquina, poco más de una década después, Campos acogería en Sanxenso durante unos días a su viejo amigo, bajo la condición de emérito y repudiado por su hijo, Felipe VI, mientras amaina el temporal provocado por el escándalo de su fortuna oculta. Tampoco Alierta aventuró esta deriva de la Casa Real, a la que tan dispuesto sirvió desde el timón de Telefónica. Como tampoco creyó que Sánchez fuera presidente del Gobierno de la mano de Pablo Iglesias, pero ese marrón ya es cosa de José María Álvarez-Pallete.

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