Estudiante busca piso para compartir
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Estudiante busca piso para compartir

·Se alquila habitación en piso compartido. Bien comunicado con la Universidad. 320 euros·. La alicantina A.C, matriculada en primero de carrera en Madrid, acudió a verlo.

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Estudiante busca piso para compartir

Se alquila habitación en piso compartido. Bien comunicado con la Universidad. 320 euros. La alicantina A.C, matriculada en primero de carrera en Madrid, acudió a verlo. Los inquilinos, que subarrendaban el cuarto, no comentaron la precariedad de los enseres: El colchón aparecía sobre un palé de madera. El alojamiento es en septiembre un quebradero de cabeza para los miles de jóvenes que estudian fuera de casa. La crisis ha incrementado la oferta de alquileres compartidos, según los portales inmobiliarios, pero muchas veces los pisos están en condiciones deficientes y los precios son abusivos, opinan los estudiantes.

Uno de cada diez universitarios cursa la carrera fuera de su comunidad, más de 122.000 en el curso 2004-2005, según los últimos datos del Consejo de Coordinación Universitaria, sin contar con los desplazados dentro de su misma provincia o autonomía. Es común el primer año buscar plaza en una residencia o colegio mayor, aunque no siempre es fácil conseguirlo. La mayoría comparte piso.

El precio medio por habitación en Madrid, que acoge gran parte de estudiantes foráneos, ronda los 400 euros, y en un colegio mayor los 850-900. En Barcelona son similares y algo menos en Pamplona, Salamanca, Sevilla o Santiago de Compostela. En el mejor de los casos, el coste para las familias puede suponer 5.000 euros por curso, incluyendo matrícula en universidad pública y habitación -alimentación, transporte, ropa, móvil y ocio aparte-, y 20.000 euros, si el curso es en la privada y el alojamiento en un colegio mayor.

Un extra que durará de tres a siete años, dependiendo de los estudios. La carrera me ha costado 100.000 euros en seis años, afirma un padre de familia de Gijón, cuya hija estudió Periodismo en una universidad privada en Madrid. Sumando enseñanza, manutención, desplazamientos, seguro médico y alojamiento: un año en residencia, otro en piso compartido y cuatro en un estudio para ella sola.

El alquiler compartido se multiplica, como reflejan los portales. La oferta en LoQUo.com aumentó un 45% en los seis primeros meses del año respecto al primer semestre de 2007, dijo a Efe su portavoz, Laura Tomás. Al tiempo ha habido un cambio en la demanda. La búsqueda de piso ha caído un 8,2%, mientras que la de habitación se ha incrementado en un 4%.

El precio de alquiler de viviendas ha subido, pero se mantiene estable el de las habitaciones, indica Laura Tomás. Entre 350 y 500 euros en Madrid o Barcelona, más alto en barrios próximos a la Universidad y más bajos en el extrarradio. No obstante, esta práctica ha dejado de ser exclusiva de estudiantes. El endurecimiento de las hipotecas ha ampliado el perfil de los inquilinos a trabajadores de 40 años con nómina, además de inmigrantes. Según un sondeo del portal, un 22% de españoles entre 19 y 45 años comparte piso. Entre los extranjeros la cifra es del 44%.

Harta de comer patatas

Entre los estudiantes, además de razones económicas, pesa el deseo de libertad. En una residencia tienes todos los servicios, pero a veces buscamos independencia y estar alejados de todo lo que supone organización, señala Diego Ortega, secretario general de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de la Universidades Públicas (CREUP).

Compartir piso sale más barato y estaba harta de comer las patatas del colegio mayor, argumenta la zaragozana Marta Valer, de 20 años y estudiante de tercero de Administración y Dirección de Empresas en Madrid. Este curso empieza a vivir con sus amigas. Echaba de menos un salón, la televisión, echarte en el sofá cuando llegas cansada, cierta intimidad, que no tienes con 150 personas a tu alrededor... cuenta, aunque recuerda con cariño los dos años en el colegio mayor. Aprendes a convivir, a desenvolverte y maduras un montón. Luego con tus amigas te vas a un piso.

Y encontraron uno para cinco, pero las condiciones eran abusivas. El arrendador, abogado, exigía aval y fianza de diez meses, un seguro para la casa, que la dueña o un representante pudiera entrar en cualquier momento y sin avisar, y no quería dar la inscripción registral de la vivienda para confirmar la propiedad. Finalmente decidieron alquilar un piso para dos, por 1.250 euros al mes, y otro para tres, por 1.600 euros, gastos incluidos. Es más caro de lo que pensábamos, pero no encontrábamos nada decente. Son alquileres que un estudiante no puede afrontar, insiste Marta.

He visto viviendas con lo más básico, que el propietario compra para alquilar y no arregla para vivir en ellas, declara Rocío Campos, que cursa sexto de Medicina en Valencia. Su familia vive en Castellón y los tres primeros años costearon un colegio universitario, subvencionado, por 500-600 euros mensuales. Para empezar es muy cómodo, te hacen la limpieza y la comida, los compañeros te van orientando en la carrera y no andas perdido, dijo a Efe Rocío. Luego suele aburrir tanta fiesta y se busca un piso con amigas. Conozco malas experiencias al compartir con desconocidos.

Ahora vive con tres compañeras. Pagan 200 euros al mes cada una, y agua, luz e Internet son por su cuenta. Es más barato, vas a tu aire, sin horarios, puedes llevar a quien quieras y tienes más intimidad. La casera dijo que se pasaría, pero nunca lo ha hecho, afirma Rocío.

Sofás que se caen

Aparte del presupuesto, los estudiantes se quejan de la antigüedad de los muebles, sofás que se caen, pintura sucia y ausencia de contrato. En ese caso, las condiciones se establecen verbalmente, un aval, visitas de la casera sin avisar,... A la entrega de la fianza se reciben las llaves de la casa. Y los pagos, en mano. A partir de octubre aumentan las consultas relativas al alquiler, incumplimiento de condiciones pactadas, abusos, falta de enseres y problemas con los electrodomésticos, señala la Unión de Consumidores de España, que recomienda evitar acuerdos verbales y exigir contrato por escrito.

No hacerlo me parece un riesgo, afirma Begoña Hernández, propietaria de una vivienda en la partida de Guadalupe, en Murcia, junto la Universidad Católica. Un adosado, con cuatro habitaciones y tres baños, que alquila a estudiantes, por 850 euros a dividir entre ellos. Es más de lo que podría pedir a una familia, explica, y paga la hipoteca. Sé que en Murcia es caro, pero es todo nuevo. Lo amueblé como quisiera que estuvieran alquilados mis hijos, asegura. El primer año lo ocuparon unos críos que estaban de juerga hasta las tantas de la madrugada. Lo supo por las quejas de la comunidad. No les renovó el contrato.

Dejaron la casa espantosa, sucia, con desperfectos afirma. Con los estudiantes que entraron después no ha tenido problemas. Dos vuelven este curso y están buscando otros dos compañeros. Con la crisis -comenta-, me han pedido que no les suba el IPC.