Kamprad (Ikea), una vida de blancos y negros

Detrás de muchas de las grandes fortunas de nuestros días existe una historia apasionante de jóvenes emprendedores que han comenzado en un garaje, han aprovechado los

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Kamprad (Ikea), una vida de blancos y negros

Detrás de muchas de las grandes fortunas de nuestros días existe una historia apasionante de jóvenes emprendedores que han comenzado en un garaje, han aprovechado los golpes de suerte, han tenido una idea genial y han apostado con ella. Se trata de personas con estrella que, a pesar de proceder de los ámbitos más humildes, incluso rozando la pobreza absoluta, ha llegado a la cima. Uno de estos hombres es el fundador de la cadena sueca tiendas de muebles Ikea, Ingvar Kamprad. Su historia tiene un poco de todas las demás, sin embargo, el atractivo reside en el misterio que envuelve sus orígenes, en la escasa publicidad que hace de su persona, en la austeridad extrema de su vida y en un pasado vinculado a la ideología nazi y por el cual ha pedido públicamente perdón.

Y es que una de las notas más características del carácter de Kamprad es su gusto por la austeridad. Gracias a su imperio se ha convertido a sus 81 años en el séptimo hombre más rico del mundo según la revista Forbes, con una fortuna que alcanza los 31 mil millones de dólares. No obstante, pese a tener la cuenta corriente más suculenta de toda Suecia, Kamprad se mueve en autobús y acostumbra a vivir sólo con lo necesario, de hecho, cuando tiene que viajar lo hace en turista para dar ejemplo. “La obligación más importante del presidente es ser ejemplo para los demás trabajadores”, aseguró en una entrevista para Reuters. “Si comienzo a ostentar mi fortuna y a adquirir objetos de lujo, esto incitará a otros a hacer lo mismo y para una empresa que debe reducir los costes al máximo es muy buen ejemplo”.

Ikea la clave del éxito

Esa es precisamente la clave del éxito del negocio de Kamprad: muebles baratos al alcance de todo el mundo, de ahí la necesidad de reducir los costes al máximo. La historia de Ikea se remonta a finales de los años ‘30. Desde muy joven sabía que quería tener su propia empresa y siendo un niño, su don para los negocios le llevó a vender por las granjas de los alrededores de Agunnaryd, su pueblo natal, cajas de cerillas que repartía en su bicicleta

Al ver que funcionaba encontró en Estocolmo una fábrica donde podía comprar cerillas al por mayor, dividirlas en cajas, venderlas baratas y aún así sacar un buen beneficio. Dicho y hecho, de esta forma consiguió capital suficiente para ampliar su negocio y comenzó a vender también pescado, adornos de navidad, semillas, bolígrafos y lápices

Pero no fue hasta 1943 cuando surgió Ikea. Kamprad tenía 17 años y su padre le regaló algo de dinero por haber sacado buenas notas en el colegio. Gracias a ese empujón puedo diversificar. Vendía billeteras, marcos, corremesas, relojes, joyería y medias de nylon, en definitiva, productos del uso cotidiano que tenían buena salida. Pensaba lo que la gente podría necesitar y lo ofrecía a buen precio.

El éxito fue tal que Kamprad no daba abasto y se le ocurrió hacer publicidad en la prensa local e introdujo una especie de catálogo de venta por correo. De esta manera pasó a distribuir sus productos con el camión del lechero que los llevaba a la estación de ferrocarril.

Cuatro años más tarde introdujo en su catálogo los muebles, que compraba en fábricas locales de los bosques cercanos a su casa y vendía muy baratos. Al ver la gran acogida que tenían vio la oportunidad de convertirse en proveedor a gran escala, pero esto levantó el descontento de los vendedores tradicionales que consiguieron que las fábricas dejaran de suministrarle los productos, así como el veto de Ikea en las grandes ferias de muebles. A raíz de ello, lejos de echarse atrás, el protagonista de este perfil empezó a fabricar sus propios elementos de decoración en 1955.

Las dos manchas de su vida

Poco se sabe del Ingvar Kamprad joven dado su nulo afán de protagonismo. Sin embargo, hay dos acontecimientos que sí han trascendido y que han sido una mancha en la vida de este hombre casado y con cuatro hijos. En primer lugar, el rumor de que Kamprad había ‘tonteado’ con las juventudes nazis y en segundo lugar, un problema con el alcohol.

Ante la conmoción que estas dos informaciones causaron, el creador de Ikea tuvo que romper su habitual silencio para explicarse y lo hizo a través de un libro, Leading by Desing: The Ikea story, que escribió en 1998. “En vista de que siempre se dirán cosas de Ikea y de mi, pensé que sería mejor escribir un libro antes de morirme para así también poder participar en el debate”, aseguró a Reuters. Y es que cuando se supo que en los años ´40 Kamprad se relacionaba con las juventudes nazis se puso en tela de juicio tanto su persona como su filosofía empresarial. “He pedido disculpas, he pedido disculpas a mi plantilla y a todo el mundo… actué de forma terrible, pero ahora quiero dejarlo todo atrás”.

Como atrás también ha quedado su adicción al alcoholismo que también explica en ese libro. Según Kamprad comenzó a beber coincidiendo con la expansión de su compañía por Europa del este y ello le hizo perder tiempo y energía. Una adición que le duró 30 años pero que ha conseguido superar y se siente orgulloso de ello.

Ahora no sólo cuenta en su bolsillo con una fortuna de más de 31 mil millones de dólares, sino que es el propietario de una de las empresas más prósperas de todo el mundo. Kamprad calcula en su libro las reservas de Ikea ascienden a los 35.000 millones de coronas, unos 391 millones de euros. "Si la compañía saliera al mercado de valores tendríamos que repartir alrededor del 30% de beneficios anuales, pero con nuestra actual estructura el dinero pasa a las reservas y puede ser inyectado donde haga falta", por ello ha repetido en reiteradas ocasiones que Ikea no se vende y seguirá en manos de Kamprad hasta el final de sus días.

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