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Entre la resaca y la sobredosis: ¿por qué tiemblan ahora las bolsas mundiales?
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Preocupaciones en torno a la IA

Entre la resaca y la sobredosis: ¿por qué tiemblan ahora las bolsas mundiales?

El borrón del gran relato de la IA pone en guardia a los mercados, que temen que el fervor de los últimos tiempos pueda tornar en un movimiento bajista contundente

Foto: Pantallas de cotización en la Bolsa de Madrid. (Europa Press/ Fernando Sánchez)
Pantallas de cotización en la Bolsa de Madrid. (Europa Press/ Fernando Sánchez)
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Es casi un cliché señalar que las burbujas solo se conocen cuando estallan, pero pocas afirmaciones hay más ciertas en el mundo de los mercados financieros. Al fin y al cabo, estos tratan de poner precio a un futuro que es por definición incierto y los excesos en que puedan incurrir solo quedan de manifiesto cuando el relato que los justifica se viene abajo.

En torno a la inteligencia artificial han sido recurrentes los avisos de que los inversores se estaban dejando llevar por un frenesí semejante al que motivó episodios anteriores de exuberancia irracional en las bolsas. Pero, hasta la fecha, la confianza en la capacidad de esta nueva revolución tecnológica de transformar la economía (con su esperado impulso a la productividad empresarial) y la evidencia de que muchos de sus grandes referentes, con Nvidia a la cabeza, están transformando ese optimismo en beneficios contantes y sonantes han sido razones suficientes para desechar cualquier recelo y sumarse a una tendencia que ha dado notables alegrías en los parqués. En solo tres años, compañías como la propia Nvidia, Strategy o Applovin han ofrecido retornos superiores al 1.000%.

En los últimos días, sin embargo, algo parece estar cambiando: las advertencias sobre esa supuesta burbuja resuenan con más fuerza y hasta los números más convincentes de los gigantes tecnológicos son examinados con suspicacia, en busca de detalles que puedan probar que ese boom de ganancias no es tan sostenible como se venía asumiendo.

En ese escenario, los mercados han encadenado una serie de tropiezos que, en lugar de refrenarse, parecen ir ganando fuerza con el paso de los días. En solo cuatro sesiones, el Ibex se ha dejado un 4,75% de su valor; el EuroStoxx 50, un 4,3%; el S&P 500, un 3%; y el Nasdaq, epicentro de la vorágine "tech" acumula un pinchazo cercano al 6% desde que alcanzó máximos a finales de octubre. En una semana de negociación, la renta variable global ha visto esfumarse alrededor de tres billones de dólares de capitalización.

Foto: nos-vendria-bien-un-buen-largo-mercado-bajista

Ninguno de estos números puede interpretarse ahora en términos monumentales. Menos, si se ponen en relación con las ganancias acumuladas por unas bolsas que han protagonizado desde abril (por no ampliar el foco a mucho tiempo antes) una carrera ascendente con pocos parangones históricos. Correcciones como la registrada en estos días no son, ni mucho menos, una anomalía histórica.

Y las bolsas, tras este resbalón, siguen luciendo números que cualquier inversor habría firmado al inicio del ejercicio.

Existen razones de mucha entidad para considerar que lo que hoy están experimentando las bolsas internacionales no es más que un movimiento de depuración de ciertos excesos recientes, con un alcance previsiblemente limitado.

Razones para la calma

Ni siquiera ha concluido aún una temporada de resultados del tercer trimestre que, tanto en Europa como, especialmente, en EEUU, ha superado con creces las expectativas del mercado, con un sólido impulso de las ganancias por acción –y no solo en el sector tecnológico– que ha venido a ofrecer cierto sustento a las elevadas valoraciones a las que cotizan muchas bolsas.

Las economías, aunque renqueantes, siguen mostrándose suficientemente sólidas como para descartar una recesión en un horizonte previsible. Y aunque pueda haber ciertas dudas sobre un recorte de tipos en la próxima reunión de la Fed (el próximo 10 de diciembre), todo parece indicar que la tendencia a medio plazo llevará a un mayor alivio monetario, en ausencia de un repunte descontrolado de la inflación que sigue sin manifestarse.

De hecho, una lectura sosegada de los movimientos del mercado en los últimos días parece sugerir más la idea de una rotación desde los sectores y acciones que mejor han evolucionado a lo largo del año –con las grandes tecnológicas al frente– hacia otros algo más rezagados que una capitulación indiscriminada.

La apatía ante el último acuerdo milmillonario de la IA evidencia el cambio de postura del mercado

Sin embargo, no pueden desdeñarse los riesgos que conlleva el evidente cambio de actitud de los inversores hacia la IA, evidenciado este mismo martes en el nulo entusiasmo mostrado por las informaciones de un milmillonario acuerdo por el que Nvidia y Microsoft invertirán en la desarrolladora de modelos de inteligencia artificial Anthropic. Tras varios años de celebración casi fervorosa de toda señal de avance en este campo, el mercado parece ahora demandar evidencias de que esta apuesta –por la que incluso los gigantes tecnológicos están acometiendo cuantiosos esfuerzos financieros, a través de la venta de bonos– empieza a generar resultados palpables. Una demanda que implica la necesidad de superar el escenario de megainversiones cruzadas entre unas pocas empresas, que siguen inflando un relato de crecimiento con unas bases menos sólidas de lo que aparenta.

La realidad es que todo lo relativo a la IA ha alcanzado una relevancia y dimensiones críticas para la economía y los mercados. Es por eso que el vicepresidente de JP Morgan, Daniel Pinto, advertía este mismo martes de una "próxima reevaluación" de las acciones más ligadas a la industria de la IA que tendría implicaciones para el conjunto del mercado. Del auge de la IA se han alimentado muchos sectores en los últimos tiempos y un reajuste de las expectativas obligaría a reexaminar sus perspectivas.

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Y la mera destrucción de valor que supondría un ajuste severo de algunos de los grandes gigantes tecnológicos (la ex economista jefe del FMI Gita Gopinath estimaba un riesgo de hasta 35 billones de dólares) contaría con potencial suficiente para dañar de forma significativa el crecimiento económico general.

Parece muy precipitado extraer de las tensiones recientes la idea de que algo así se está fraguando en los parqués. Sustos como estos forman parte de la normalidad más esencial de los mercados. Pero cuando al relato predominante se le empiezan a ver las costuras, es conveniente preguntarse a dónde podría conducir una quiebra más contundente de la confianza.

Hoy, las bolsas parecen más víctimas de una resaca que de una sobredosis. Pero la frontera entre una y otra se muestra más fina de lo que se venía asumiendo y cualquier sobresalto inesperado puede inclinar la balanza hacia el escenario menos propicio.

Los resultados de Nvidia en la noche de este miércoles pueden ser una piedra de toque decisiva.

Es casi un cliché señalar que las burbujas solo se conocen cuando estallan, pero pocas afirmaciones hay más ciertas en el mundo de los mercados financieros. Al fin y al cabo, estos tratan de poner precio a un futuro que es por definición incierto y los excesos en que puedan incurrir solo quedan de manifiesto cuando el relato que los justifica se viene abajo.

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