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¿Impuestos sí o no? Un falso dilema que agrava la amenaza de la inflación
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Advertencia del BCE

¿Impuestos sí o no? Un falso dilema que agrava la amenaza de la inflación

Mientras Gobierno y oposición se enzarzan en una batalla maniquea sobre los impuestos, el BCE advierte de los riesgos de caer en políticas incoherentes con el objetivo de frenar la inflación

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El debate económico en España vuelve a estancarse en una falsa dicotomía bastante manida en torno a los impuestos. La reciente decisión de la Junta de Andalucía de suprimir el impuesto de patrimonio ha abierto una furibunda disputa entre Gobierno y oposición, con las autonomías como piezas clave, en la que se orillan las cuestiones más complejas en torno al impuesto en cuestión para reducir el dilema a los términos más simples posible, rayanos en el maniqueísmo.

Para unos, los promotores de la medida evidencian con la misma su propósito de favorecer a las clases privilegiadas, a costa de cercenar los recursos necesarios para mantener en pie el estado de bienestar (olvidando que desde sus propias filas ya se adoptó en su momento una decisión idéntica, atendiendo a los argumentos que hacen que el de patrimonio sea un tributo poco extendido por Europa). Y responden a la medida con una ofensiva fiscal, supuestamente llamada a gravar a los altos patrimonios para sufragar los esfuerzos de la crisis.

Por el otro lado, se contraataca con propuestas diarias de recortes de impuestos y se plantea cada negativa del Ejecutivo como una prueba de su afán por 'quedarse con el dinero' de los españoles, para hacer y deshacer con él a su antojo. En medio, movimientos como el del Gobierno socialista valenciano, que ha anunciado este martes una rebaja de impuestos a las rentas inferiores a los 60.000 euros, representan cabos sueltos que complican el discurso de unos y otros.

La crisis de la libra muestra el riesgo de rebajar impuestos sin un plan coherente

Lamentablemente, esta dialéctica deja escaso margen para los matices o las conclusiones académicas, como las derivadas recientemente del comité de expertos reunido por la Moncloa para tratar los cambios pertinentes en el sistema tributario nacional. Porque, por mucho que con frecuencia el terreno de juego de los impuestos quede limitado a movimientos aislados sobre unas u otras figuras (a menudo, con una motivación más electoralista que técnica), lo cierto es que este representa una estructura que debe ser tomada en consideración de forma global, sin perder de vista que la lógica suele dictar que un movimiento para rebajar cualquiera de sus figuras suele precisar de un ajuste al alza en alguna otra que permita equilibrar la capacidad recaudatoria a las necesidades de la economía.

Que las rebajas masivas de impuestos puedan autofinanciarse a través de un efecto multiplicador sobre la actividad económica supone un presupuesto pocas veces probado de forma efectiva, del mismo modo que las pretensiones de sufragar continuos incrementos del gasto público únicamente a través de una mayor presión impositiva a los ricos no solo pecan de ingenuidad, sino que suelen casar mal con los números.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Raúl Caro) Opinión

Los peligros de activar la palanca de los impuestos sin un plan coherente y creíble han quedado de manifiesto de forma rotunda en la ola de descrédito que se ha desatado en los últimos días en torno a la economía británica, una vez que el nuevo Gobierno de Liz Truss anunció un millonario plan de gasto y rebaja de impuestos. El derrumbe de la moneda británica hasta mínimos históricos y el avance descontrolado de sus costes de financiación suponen una dolorosa muestra de las dudas de los mercados sobre la capacidad de esta receta para reactivar la economía doméstica sin dejar un profundo boquete en las arcas públicas.

Si resulta inútil, por simplón, aproximarse a los impuestos como si fueran ‘per se’ buenos o malos, tanto o más peligroso es plantear la validez de las políticas tributarias sin atender a los objetivos o al contexto. Así, sin ir más lejos, en medio de la crisis de fuerte inflación que golpea la economía española, han sido constantes los movimientos y llamamientos, tanto desde el propio Gobierno y sus socios como desde la oposición, a ejecutar continuas rebajas en los más variados productos, ignorando, entre otras cuestiones, el riesgo existente (evidenciado por una amplia literatura académica) de que gran parte de los recursos sacrificados en esos movimientos acaben siendo capturados por las empresas, en lugar de resultar en un beneficio de los consumidores.

Del mismo modo, resulta habitual obviar los efectos contraproducentes que conlleva una política de rebajas de impuestos indiscriminadas en un momento en que los bancos centrales, y en concreto el BCE en la eurozona, se encuentran inmersos en una batalla de endurecimiento de las condiciones monetarias para combatir la fuerte inflación. Seguir incentivando en este contexto la capacidad de consumo de los hogares supone algo así como seguir vertiendo cubos de agua en la piscina que trata de vaciar el banco central.

Incentivar la capacidad de consumo de los hogares lastra los esfuerzos del BCE

En este sentido, resulta interesante atender a los comentarios del economista jefe del BCE, Philip Lane, en entrevista concedida al periódico austriaco 'Der Standar', en la que plantea la conveniencia de poner en marcha medidas dirigidas a respaldar la capacidad adquisitiva de los hogares y las empresas más vulnerables a la crisis. Según explica Lane, estas medidas podrían sufragarse a través de un incremento temporal de los impuestos a las personas con mayores recursos o a las empresas que son “altamente rentables” a pesar de la crisis energética. “Si apoyas a los necesitados a través de impuestos más altos, tiene menos efecto sobre la inflación que si aumentas los déficits”, advierte el reputado economista.

Hace tiempo que desde distintos ámbitos se vienen haciendo llamados a los gobiernos a repensar su estrategia de ayudas sociales contra la inflación. Una vez asumido que los precios elevados están llamados a persistir durante un periodo de tiempo prolongado, son muchas las razones para dejar a un lado las medidas de trazo grueso (en las que cabría incluir las rebajas indiscriminadas de impuestos) y enfocarse en actuaciones convenientemente dirigidas para ayudar a quienes más lo necesitan.

Sin embargo, en el debate de los impuestos en España no parece haber lugar para este ángulo, cuando ni siquiera lo hay para las consideraciones técnicas más elementales. Impuestos buenos o malos, subirlos o bajarlos, parecen así, en general, las únicas opciones sobre la mesa. Un reduccionismo empobrecedor y que amenaza con resultar aún más dañino en un contexto económico tan complejo como el actual.

El debate económico en España vuelve a estancarse en una falsa dicotomía bastante manida en torno a los impuestos. La reciente decisión de la Junta de Andalucía de suprimir el impuesto de patrimonio ha abierto una furibunda disputa entre Gobierno y oposición, con las autonomías como piezas clave, en la que se orillan las cuestiones más complejas en torno al impuesto en cuestión para reducir el dilema a los términos más simples posible, rayanos en el maniqueísmo.

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