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El mercado de deuda lanza otro aviso: 'bund' al 1%, bono español al 2% y 'treasury' al 3%
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El mercado de deuda lanza otro aviso: 'bund' al 1%, bono español al 2% y 'treasury' al 3%

La escalada de los tipos de la deuda vuelve a señalar el enorme desafío que enfrentan los bancos centrales para contener la inflación sin provocar un accidente económico

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El ‘bund’ alemán, en el 1%; el bono español, en torno al 2%; y el ‘treasury’ estadounidense, por encima del 3%. El mercado de deuda soberana ha iniciado el mes de mayo superando una serie de hitos que han hecho encenderse todas las alarmas, pese a suponer la continuación de un movimiento que se viene produciendo desde hace varios meses.

La constatación de que las presiones inflacionarias siguen sin dar un respiro está obligando a los bancos centrales a intensificar su lucha para frenar la escalada de los precios, lo que da un impulso adicional a la escalada de las rentabilidades de los bonos internacionales. Este martes ha sido Australia la que ha anunciado su primera subida de los tipos de interés desde 2010, el miércoles se espera que sea la Fed la que aplique una subida de tipos de al menos 50 puntos básicos (algunas firmas abren la puerta a que el alza sea aún mayor) y el día siguiente se espera que el Banco de Inglaterra lleve el precio del dinero a su nivel más elevado en 13 años.

El equilibrio entre aplacar la inflación y no ahogar el crecimiento económico representa el desafío crucial al que se enfrentan los bancos centrales y del que dependen en gran medida las perspectivas económicas a medio y largo plazo. Y aunque aún siguen siendo mayoría los que ven factible obtener un resultado satisfactorio en esta tarea, el persistente repunte de los tipos de la deuda se presenta como uno de los recordatorios más punzantes de los riesgos que presenta esta misión.

La deuda española emitida en 2022 alcanza el coste más elevado desde 2019

Unos riesgos que se presentan en primera instancia como una bomba de relojería para la solvencia de los países más endeudados, como podría ser el caso de España. El país acumuló durante la crisis del coronavirus una deuda adicional de alrededor de 240.000 millones de euros, que si no ha supuesto un lastre significativo para la economía nacional ha sido, en gran medida, por los costes históricamente bajos de los que disfrutó, gracias al respaldo del BCE.

Esa situación está cambiando ahora de forma acelerada: según los datos del Tesoro Público, al cierre de marzo, el coste de la deuda emitida en 2022 rondaba el 0,4%, cuatro décimas más que el año anterior y la cifra más elevada desde 2018. Y todas las dinámicas apuntan a que este encarecimiento de la financiación –que también alcanza a las empresas– irá en aumento en los próximos meses. La necesidad, además, de tomar medidas que compensen el coste para los ciudadanos de la inflación dificulta una gestión conservadora de ese endeudamiento.

Y es precisamente esa vulnerabilidad a la que se enfrentan muchos países por el lado de la deuda la que puede atar las manos de los bancos centrales a la hora de atacar con contundencia la inflación (de hecho, no se entenderían los reparos del BCE para subir los tipos de interés en las circunstancias actuales sin atender a este punto débil de muchos estados europeos).

Foto: Luis de Guindos y Christine Lagarde, vicepresidente y presidenta del Banco Central Europeo (BCE), respectivamente. (Reuters/Ralph Orlowski)

Hasta ahora, la mejor noticia para los bancos centrales es que el mercado parece seguir confiando en que serán capaces de controlar la inflación a largo plazo. Lo peor, es que al mismo tiempo van creciendo las apuestas a que lo harán forzando una recesión –las probabilidades de recesión en la eurozona ya se cifran en un 35%-.

En paralelo, las alzas de los bonos se presentan como un golpe de calado en el relato de los mercados financieros, que han basado buena parte de sus movimientos durante los últimos años sobre la premisa de que los tipos de la deuda se mantendrían en niveles históricamente bajos. A medida que aumenta la rentabilidad de los bonos (generando pérdidas muy punzantes a los inversores en renta fija), estos se presentan como una alternativa mucho más atractiva para los inversores, lo que puede provocar salidas de dinero de unas bolsas que, a priori, están expuestas a mayores riesgos económicos.

Los tipos reales positivos de la deuda en EEUU pueden lastrar a las bolsas

Precisamente por eso, una de las cuestiones que vigilan con mayor atención los analistas en los últimos días es el hecho de que, en Estados Unidos, los tipos reales (la rentabilidad del bono menos la inflación esperada a largo plazo) se encuentra ya de forma clara en terreno positivo, lo que podría desestabilizar la situación de los mercados.

Entre los expertos aún abundan las llamadas a la calma, basadas en la idea de que en los niveles actuales de los bonos ya están asumidos con creces los movimientos de endurecimiento de la política monetaria que van a ser capaces de llevar a cabo los bancos centrales y que cualquier señal, por esta parte, de un ritmo más pausado debería dar lugar a descensos de rentabilidades, que limitaran los efectos nocivos de unos tipos de la deuda en aumento. Pero las tensiones que sigue registrando el mercado de materias primas y, en Europa, el efecto inflacionario derivado de la debilidad del euro se presentan como evidencias de que ese escenario podría acabar tambaleándose.

El 1% del ‘bund’, el 2% del bono español o el 3% del ‘treasury’ podrían acabar suponiendo simples anécdotas, hitos derivados de un periodo convulso pasajero llamado a diluirse a corto o medio plazo. Pero la situación que los ha elevado hasta esos niveles encierra riesgos suficientes como para vigilarlos con atención y cautela.

El ‘bund’ alemán, en el 1%; el bono español, en torno al 2%; y el ‘treasury’ estadounidense, por encima del 3%. El mercado de deuda soberana ha iniciado el mes de mayo superando una serie de hitos que han hecho encenderse todas las alarmas, pese a suponer la continuación de un movimiento que se viene produciendo desde hace varios meses.

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