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Revés al Nasdaq: por qué los inversores desconfían del 'big tech' y arrastran a la bolsa
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En mínimos de un año

Revés al Nasdaq: por qué los inversores desconfían del 'big tech' y arrastran a la bolsa

Tras años de extraordinarios rendimientos, los inversores acumulan ahora argumentos para desconfiar de las grandes tecnológicas, lo que supone un lastre muy significativo para la bolsa

Foto: Foto: EC.
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Una serie de resultados empresariales decepcionantes, la inquietud por el impacto en Tesla de la compra de Twitter por parte de su fundador, las crecientes preocupaciones por el ciclo de subida de tipos que se avecina en Estados Unidos (Deutsche Bank llegó a plantear este martes alzas del precio del dinero hasta el entorno del 6%)... El descalabro que sufrió este martes Wall Street y, de forma más aguda, el índice Nasdaq (perdió un 3,95%, que apenas logra limar con las ganancias registradas en el primer tramo de la jornada del miércoles) puede explicarse a partir de muy diversos detonantes, probablemente todos ellos ciertos. Pero solo puede entenderse plenamente como la continuación de una tendencia que ha llevado a los grandes gigantes tecnológicos de Wall Street (los llamados FAANG o GAFA) a cotizar con su menor prima de valoración respecto al conjunto del mercado en años.

Apostar por los grandes grupos del sector tecnología ha sido una opción casi infalible durante los últimos años, a medida que compañías como Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Tesla o Netflix han ido engordando sus cifras de cuentas y, aún en mayor medida, sus expectativas de beneficios futuros. En un mundo caracterizado por unas cifras de crecimiento modestas e inciertas, el potencial de crecimiento de estas compañías ha supuesto algo así como un oasis en el desierto, máxime cuando la pandemia cubrió el corto plazo de un halo de incertidumbre que obligó a los inversores a posar sus esperanzas en un futuro lejano. La política de bajos tipos de interés aplicada por los bancos centrales desplegaba el escenario idóneo para este tipo de movimientos.

Hace ya meses que ese escenario ha variado de forma radical, a causa de unas presiones inflacionarias que han obligado a los bancos centrales a cambiar su rumbo de forma precipitada. Pero los inversores, pese a las turbulencias, han sido remisos a abandonar su antiguo libreto. No en vano, tras un primer susto, que llevó al Nasdaq (un índice con un elevado peso del sector tecnológico) a perder más de un 20% desde máximos hasta mediados del pasado marzo, el índice recuperó cerca de un 17% en apenas dos semanas, a medida que las tensiones en torno a la guerra de Ucrania llevaron a los inversores a buscar protección en las tendencias de crecimiento de muy largo plazo.

Foto: Foto de cuando Tesla salió a bolsa en 2010 (Reuters)

Ahora, esa recuperación ha vuelto a esfumarse y el Nasdaq se mueve en sus niveles más bajos en casi un año. No es fácil detectar un cambio sensible en el panorama económico y financiero en el último mes que justifique esa renovada desconfianza hacia los gigantes tecnológicos. Es cierto que en este periodo se han intensificado las expectativas de subidas de tipos por parte de la Fed (y también del BCE), pero dentro de una tendencia que ya era perceptible desde hace varios meses.

Lo que sí ha sido obvio en estas últimas semanas es que algunas de las expectativas construidas en los trimestres previos sobre el potencial de crecimiento de estas compañías han estado basadas en relatos muy endebles, a los que se les empiezan a ver las costuras. El caso de Netflix ha sido el más significativo. Pero, ni mucho menos el único. Sin ir más lejos, el martes al cierre del mercado fue Alphabet (la matriz de Google y YouTube) la que presentó unas cuentas que, sin dejar de ser buenas, quedaron lejos de cumplir con las ilusiones creadas.

Las decepciones son un elemento común en cualquier temporada de resultados, pero en esta ocasión caen sobre un terreno abonado para agudizar la desconfianza de los inversores. La imposibilidad de extender, 'sine die', tasas de crecimiento como las experimentadas en los últimos años, la fuerte competencia (también entre ellas) o los peligros regulatorios son problemas de los que muchos expertos han venido alertando desde hace tiempo, pero que ahora se hacen más evidentes, en un momento en que el crecimiento económico a medio plazo se ve amenazado, los tipos de interés parecen llamados a permanecer por un tiempo en cotas más elevadas de las que se venía asumiendo y las tensiones geopolíticas mantienen abierto el riesgo de una fragmentación tecnológica por áreas de influencia que constreñiría su capacidad de crecimiento (Alphabet, sin ir más lejos, justificó la decepción de sus cuentas en su cierre en Rusia).

Foto: Un 'trader' opera en la sede de NYSE, en Nueva York. (Brendan McDermid/Reuters)

Por supuesto, todas estas cuestiones afectan de manera muy diferente a los distintos grupos del sector y así puede verse que los castigos entre el 10 y el 20% que registran Apple, Alphabet, Amazon o Microsoft desde el inicio del año poco tienen que ver con las pérdidas entre el 30 y el 70% que acumulan Nvidia, Meta (la matriz de Facebook) o Netflix.

Los inversores tendrán que hilar fino para ponderar los riesgos y oportunidades presentes en cada uno de ellos. Pero lo que parece claro es que el tiempo de subirse sin especial miramiento a lomos de cualquiera de los gigantes tecnológicos parece pasado y esto tiene una incidencia nada desdeñable en la evolución general del mercado, dado el peso que han acumulado. Un dato lo muestra claramente: después de casi un lustro de rendimientos inferiores, el índice S&P 500 equiponderado (que da el mismo peso a cada uno de los valores que lo conforman, con independencia de su capitalización) ha acumulado en los últimos seis meses un rendimiento casi seis puntos superior al del S&P 500 clásico.

Una serie de resultados empresariales decepcionantes, la inquietud por el impacto en Tesla de la compra de Twitter por parte de su fundador, las crecientes preocupaciones por el ciclo de subida de tipos que se avecina en Estados Unidos (Deutsche Bank llegó a plantear este martes alzas del precio del dinero hasta el entorno del 6%)... El descalabro que sufrió este martes Wall Street y, de forma más aguda, el índice Nasdaq (perdió un 3,95%, que apenas logra limar con las ganancias registradas en el primer tramo de la jornada del miércoles) puede explicarse a partir de muy diversos detonantes, probablemente todos ellos ciertos. Pero solo puede entenderse plenamente como la continuación de una tendencia que ha llevado a los grandes gigantes tecnológicos de Wall Street (los llamados FAANG o GAFA) a cotizar con su menor prima de valoración respecto al conjunto del mercado en años.

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