Entre ómicron y la inflación, las preguntas esenciales que atenazan al mercado
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Incertidumbre económica

Entre ómicron y la inflación, las preguntas esenciales que atenazan al mercado

Tras el susto del viernes, los inversores precisarán de respuestas más claras sobre el impacto económico real de ómicron para restaurar su confianza en los activos de riesgo

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Al derrumbe que experimentaron los mercados el pasado viernes, tras la entrada en escena de una nueva variante del coronavirus, la semana arranca con algo más de calma, aunque los ligeros rebotes que experimentan a media sesión las bolsas europeas (el Ibex suma en torno al 1%) evidencian que la confianza no está ni mucho menos restablecida.

Como han venido resaltando los expertos en los últimos días son muchas más las dudas que las certezas en torno a ómicron, la nueva variante del virus, que amenaza con volver a situar la pandemia como eje esencial de los desarrollos económicos. A la espera de lo que determinen los análisis científicos, lo cierto es que en las últimas horas han predominado las notas positivas en torno a esta temida mutación del covid-19: los primeros indicios apuntan a que produce síntomas más leves y los fabricantes de las vacunas más efectivas (Pfizer y Moderna, esencialmente) se muestran convencidos de su capacidad para adaptar, si fuera necesario, sus soluciones para que sean efectivas también ante ómicron.

Con todo, parece inevitable que las nuevas incertidumbres en torno al virus sigan marcando el paso a los inversores durante las próximas semanas. Sin duda, resulta clave conocer con exactitud cuáles son las consecuencias sanitarias de ómicron y cuál su capacidad para eludir las defensas generadas por las vacunas, pero desde un punto de vista económico, su impacto se encuentra ya ‘in crescendo’, a medida que decenas de países han reaccionado con restricciones a la movilidad internacional a pesar de la escasa probabilidad de que esto pueda evitar que la variante siga saltando fronteras.

El tibio rebote de las bolsas este lunes evidencia que la confianza sigue dañada

Tras más de año y medio de pandemia, es indiscutible que son las respuestas políticas al virus más que sus efectos sanitarios (aunque, obviamente, las unas sean consecuencia de los otros) los que propician el mayor o menor daño para la actividad económica de la pandemia. Y a estas alturas de la película parece innegable que los gobiernos se encuentran menos dispuestos a llevar las medidas de contención sanitaria a sus niveles más extremos. Es por eso que expertos como Paul Donovan, economista jefe de UBS Global Wealth Management, se atreve a señalar que, “en esta etapa, parece poco probable que la variante ómicron cambie la narrativa económica”, aunque reconoce que “creará problemas específicos”.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta amenaza cae en un momento en que la narrativa económica se viene deteriorando de forma acelerada (así lo muestra este lunes la caída del indicador de sentimiento económico de la eurozona a su nivel más bajo en seis meses), lo que pudo contribuir a agudizar la temerosa reacción de los inversores el pasado viernes, dando lugar a que ahora sean varias las casas de análisis que consideran que las caídas sufridas en los activos de riesgo pudieron resultar exageradas.

Foto: Parqué de la Bolsa de Madrid. (EFE/Altea Tejido)

“Susto importante el viernes, probablemente excesivo. Las bolsas tenían ganas de encontrar un motivo para tomar beneficios desde máximos y la nueva variante surafricana proporcionó la razón perfecta para hacerlo, pero Europa sobrerreaccionó”, consideran en Bankinter.

Resulta fundamental entender, en cualquier caso, cómo puede interactuar la aparición de ómicron con el resto de factores de inquietud para la economía internacional, principalmente el triángulo que representan los problemas de suministros, el repunte de la inflación y la política monetaria.

Ómicron podría generar nuevos problemas de suministros que agudicen la inflación

Es fácil pensar que la nueva variante tendría un efecto atenuante sobre esos otros riesgos. A priori, cuanto mayor sea su virulencia y más contribuya a frenar la economía, más debería favorecer una reducción de la demanda, que alivie los problemas de abastecimiento, diluyendo las presiones sobre los precios y concediendo, por ende, un mayor margen para que los bancos centrales sigan respaldando la economía. Así, algunas voces están sugiriendo ya que las incertidumbres generadas por ómicron disuadirán a la Fed de endurecer a corto plazo su política monetaria.

Pero también podría ocurrir al revés, como sugiere Neil Shearing, economista jefe de Capital Economics. “Las cadenas de suministro ya están estiradas. Un aumento repentino del gasto en bienes relacionado con el virus, o el cierre de puertos, exacerbaría las tensiones de suministro existentes y agregaría presión al alza a la inflación de bienes. Del mismo modo, una nueva ola de virus más peligrosa podría hacer que algunos trabajadores abandonen temporalmente la fuerza laboral y disuadir a otros de regresar, empeorando la actual escasez de mano de obra. En comparación con las olas anteriores del virus, que en general eran desinflacionistas, una nueva ola importante ahora podría ser inflacionaria”, apunta.

Uno u otro camino comprenden, obviamente, una realidad muy diferente para el futuro próximo de los mercados financieros. Es, por lo tanto, una cuestión esencial, pero que difícilmente encontrará una respuesta clara en el corto plazo (un momento clave pueden ser las reuniones de la Fed y el BCE los próximos 15 y 16 de diciembre). Es probable que ómicron no represente un viraje en el relato económico actual, pero simplemente que contribuya a apuntalar ciertas tendencias recientes ya puede considerarse una mala noticia para los activos de riesgo. Con su amenaza, mayor o menor, acechando sobre los mercados parece difícil que los inversores vuelvan a recobrar en las próximas semanas la confianza que traslucían hasta hace apenas unos días unas bolsas internacionales en máximos.

A buen seguro, los inversores requerirán respuestas claras para lanzarse sin reservas al ruedo de los mercados. Y ni ómicron ni la inflación parecen dispuestas a ofrecerlas a corto plazo.

Al derrumbe que experimentaron los mercados el pasado viernes, tras la entrada en escena de una nueva variante del coronavirus, la semana arranca con algo más de calma, aunque los ligeros rebotes que experimentan a media sesión las bolsas europeas (el Ibex suma en torno al 1%) evidencian que la confianza no está ni mucho menos restablecida.

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