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El amargo día del inversor de BBVA: enredado en Turquía y sin alivios a la vista
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Pierde un 11% en cuatro días

El amargo día del inversor de BBVA: enredado en Turquía y sin alivios a la vista

Un nuevo hundimiento de la lira eclipsa los anuncios del banco en su día del inversor, poniendo una vez más de relieve los riesgos que asume con su apuesta por el mercado turco

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“Todas las miradas, en el día del inversor de noviembre”, titulaba hace escasas semanas el banco británico Barclays un informe sobre BBVA. La cita que la entidad que preside Carlos Torres tenía este jueves ante los inversores representaba desde hace tiempo un hito marcado en rojo por los expertos en el camino bursátil de la entidad. Tras un magnífico desempeño en el último año, la ocasión se presentaba como el momento ideal para que BBVA desplegara ante el mercado las líneas maestras de su estrategia de futuro e infundiera nuevos ánimos a su cotización. El desplome del 5,5% con que saldaron la jornada sus acciones refleja lo lejos que quedaron esos propósitos de hacerse efectivos.

Siendo justos, el varapalo encajado este jueves por BBVA no cabe achacarlo tanto al mensaje planteado en el citado día del inversor como a sucesos ocurridos a más de 3.000 kilómetros de distancia. En Ankara, la capital de Turquía, el banco central nacional parecía amoldarse a los deseos del presidente de la república otomana, Recep Tayyip Erdogan, decretando una rebaja de 100 puntos básicos de los tipos de interés, pese a la elevada inflación que golpea el país, contraviniendo las leyes más elementales de la política monetaria. Como resultado, la lira turca retrocedía hasta un 6% frente al euro, elevando por encima del 32% la depreciación sufrida en los últimos nueve meses (con una caída superior al 11% solo desde el inicio de noviembre).

Foto: Carlos Torres (i) y Onur Genç (d), presidente y CEO de BBVA, respectivamente. (EFE)

“Ya hemos tenido situaciones así en el pasado”, observó Carlos Torres, restando dramatismo a las tensiones provenientes de Turquía. Y, en efecto, la presencia del banco español en el país euroasiático, a través de su filial Garanti, que se remonta a finales de 2010, está marcada por episódicas turbulencias, plasmadas mejor que en ningún otro dato en el hundimiento sin remisión de la moneda turca, que ronda el 85% desde entonces, y que ha cercenado de forma rotunda el valor de su inversión en el país.

Es precisamente por eso y porque las dificultades en el país, lejos de encauzarse, se muestran cada vez más arriesgadas para la actividad financiera, que al mercado aún le está costando entender el paso dado este mismo lunes por BBVA para lanzarse a por el 50,1% de Garanti que aún no posee. Nadie parece discutir los fundamentos estructurales que justifican la creciente apuesta por este país —población joven y poco bancarizada—, que se espera tenga un papel muy relevante en el crecimiento del beneficio por acción del banco, ni la lógica de adquirir una participación que tendrá un coste en capital (unos 1.400 millones, a los tipos de cambio del lunes) sustancialmente inferior a su valor de mercado. Incluso, como observaban en Société Générale tras el anuncio de la operación, se podría llegar a defender que, a falta de una buena opción para vender esos títulos, la adquisición del 100% del capital “es mejor que no hacer nada”.

En los 11 años que lleva BBVA en Turquía, la lira ha perdido el 85% de su valor

Pero el mercado parecía haber asumido que la entidad española, favorecida por unas positivas dinámicas en la evolución de su negocio, respaldada en bolsa por un importante plan de recompra de acciones y fortalecida por un exceso de capital que le ofrecía un amplio margen de actuación, trazaría sus planes prioritarios de crecimiento por otros derroteros. La oferta por Garanti ya propició un revés de más del 4% para las acciones de BBVA (pierde un 11,3% en cuatro días).

Existe un notable consenso en que Garanti no es un mal banco. Al contrario, suele ser calificado como el mejor banco privado del mercado turco. Pero nada de esto ha evitado que la entidad se haya visto penalizada por el convulso escenario en que se mueve y que ha provocado que durante años los inversores hayan minusvalorado sus cifras dentro del conjunto de BBVA. No hay razones para pensar que esto vaya a cambiar a corto plazo.

Foto: Carlos Torres, presidente de BBVA, en las jornadas de la APIE. (APIE)

A la desazón generada por ese movimiento, BBVA ha respondido hoy con una mejora del dividendo y unos objetivos muy ambiciosos (con un ROTE esperado en 2024 del 14%), aunque posiblemente poco concretos. “Este objetivo agresivo se basa en un crecimiento de ingresos sensato, pero ambicioso, sin planes de reducción de costes y, sobre todo, bajos deterioros y sin depreciación cambiaria más allá de lo que está implícito en las curvas 'forward' actuales. Encontramos varias advertencias importantes que nos hacen creer que un objetivo ROTE del 12% al 12,5% es más sensato y conservador”, señalaban los analistas de Bestinver, que también echan en falta un plan claro de reducción de costes que hiciera más factible tal incremento de la rentabilidad.

Por el mercado han sobrevolado en los últimos días posibles operaciones corporativas adicionales en Europa, que sirvan al grupo para reequilibrar sus riesgos (actualmente, extremadamente sesgados hacia los mercados emergentes), o la posibilidad de que la entidad emplee el capital aún sobrante para llevar a cabo adicionales recompras de acciones. Sin descartarse ninguno de estos extremos, el banco tampoco ofreció pistas en ninguno de estos terrenos.

Los analistas creen que el objetivo de un ROTE al 14% puede ser demasiado ambicioso

Sin nuevos alicientes a los que aferrarse más que a unos objetivos de rentabilidad a medio plazo sobre los que existen obvias dudas, el mercado volvió a mirar a BBVA este miércoles con una desconfianza que es conocida por una entidad que ha enfrentado en los mercados durante años continuas reconvenciones a causa de su exposición exterior.

Como señalaba este miércoles Torres, las turbulencias por Turquía no son nuevas para el banco, que ha logrado salir de ellas sin un daño mayor en bolsa que el que arrastra, sin ir más lejos, Santander. Pero precisamente gran parte de la brecha reciente entre uno y otro se explica por la buena acogida que tuvo en el mercado hace ya un año la venta de la filial de Estados Unidos (otro movimiento aconsejado durante años frente a la negativa de sus gestores), que daba a BBVA un amplio margen para reinventarse. Hacerlo redoblando la apuesta por Turquía como jugada principal no será un movimiento fácil de vender a los inversores.

“Todas las miradas, en el día del inversor de noviembre”, titulaba hace escasas semanas el banco británico Barclays un informe sobre BBVA. La cita que la entidad que preside Carlos Torres tenía este jueves ante los inversores representaba desde hace tiempo un hito marcado en rojo por los expertos en el camino bursátil de la entidad. Tras un magnífico desempeño en el último año, la ocasión se presentaba como el momento ideal para que BBVA desplegara ante el mercado las líneas maestras de su estrategia de futuro e infundiera nuevos ánimos a su cotización. El desplome del 5,5% con que saldaron la jornada sus acciones refleja lo lejos que quedaron esos propósitos de hacerse efectivos.

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