China, de motor a lastre de la recuperación poscovid: un desafío para la economía global
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Desaceleración económica

China, de motor a lastre de la recuperación poscovid: un desafío para la economía global

Aunque asociado en parte a dificultades coyunturales, el frenazo del crecimiento chino supone otra evidencia de que el gran desafío de su 'aterrizaje' parece cada vez más inevitable

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Los mercados financieros arrancan la semana con la vista puesta en China. Y no les faltan razones: el gigante asiático reportó este lunes unas cifras de crecimiento, del 4,9% interanual en el tercer trimestre, que evidencian una brusca desaceleración del ritmo de su economía.

Las cifras publicadas no pueden considerarse estrictamente una sorpresa -el dato de PIB apenas se situó una décima por debajo de lo estimado por el consenso-, conforme viene a reflejar una serie de problemas que ya son más que conocidos por los inversores: las debilidades del sector inmobiliario chino, plasmadas en la crisis de Evergrande; los efectos de la crisis energética internacional, que han obligado a restringir su producción a múltiples fábricas; y las secuelas de los nuevos brotes del coronavirus en el país, que han forzado a las autoridades a limitar la movilidad en determinadas regiones.

Con el PIB de China aún llamado a crecer un 8% este año y con algunos datos esperanzadores en el lado del comercio minorista -tras el alivio de ciertas restricciones asociadas al virus- o en el de la producción de carbón para suavizar los recientes problemas energéticos parece lógico relativizar las dificultades del país.

Pese al frenazo, los analistas aún prevén que China crezca un 8% este año

Sobre todo si se tiene en cuenta el amplio margen con el que parecen contar las autoridades económicas del país para mitigar los riesgos a través de políticas que apuntalen el crecimiento, especialmente probables de cara a un 2022 en el que el presidente Xi Jinping enfrenta una reunión clave para optar a un nuevo mandato.

Pero lo que puede asustar de China a los inversores no es tanto el impacto de unas dificultades temporales más o menos generalizadas, sino lo que su reciente frenazo muestra sobre el tantas veces planteado aterrizaje de la economía china, que cada vez se muestra más inevitable.

Foto: Grúas de construcción en la 'Ciudad Cultural del Turismo' de Evergrande. (Reuters)

Si el país puede confiar en dar solución a sus desafíos más inmediatos, mantener unas tasas de crecimiento tan sólidas como las que tiene acostumbrado al mundo resulta cada vez más complicado, a tenor de las vulnerabilidades de su sector inmobiliario.

“Creemos que la escasez de electricidad y los cortes de producción serán un problema menor a lo largo del cuarto trimestre. De acuerdo con nuestras expectativas, los responsables políticos de alto nivel han comenzado a enfatizar el crecimiento y esperamos que pidan un cronograma más moderado para los objetivos climáticos. Pero la recesión inmobiliaria debería pesar sustancialmente en el crecimiento del cuarto trimestre”, observan en Oxford Economics, donde han rebajado en cuatro décimas sus estimaciones de crecimiento en el país tanto en 2021 como en 2022, hasta el 8 y el 5,4%, respectivamente.

Los datos de consumo y de suministro energético dejan lecturas algo esperanzadoras

Otras firmas, como Capital Economics se muestran aún más pesimistas sobre las perspectivas del país, y advierten de que la actividad económica china podría expandirse un 3% el próximo año, el ritmo más lento desde la crisis financiera mundial.

Tras lustros teniendo en China uno de los motores más fiables del crecimiento, el mundo creyó ver en su fuerte resurgir de la crisis del coronavirus la mayor garantía de que una salida rápida de aquel ‘shock’ era posible y que, tras él, aguardaba una etapa de recuperación acelerada. Pero lo que la economía china ha acabado mostrando es que las políticas de estímulo contra el coronavirus no son suficientes, per se, para dejar atrás las vulnerabilidades que acechan la economía, que tarde o temprano acabarán manifestándose nuevamente si no se remedian antes.

Y mientras China lidia con esas dificultades, el resto de la economía global debe cuestionarse si está capacitado para suplir el empuje que deje de aportar el gigante asiático, que representa en torno al 17% del PIB mundial. Porque, sin necesidad de dar rienda suelta a las visiones más catastrofistas, e incluso asumiendo que más que brusco pueda ser suave, el aterrizaje de la economía china parece cada día más cercano.

Los mercados financieros arrancan la semana con la vista puesta en China. Y no les faltan razones: el gigante asiático reportó este lunes unas cifras de crecimiento, del 4,9% interanual en el tercer trimestre, que evidencian una brusca desaceleración del ritmo de su economía.

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